El himno no tiene letra… gracias a Dios

Por Javier Corbacho (@JCorbachoUC)

Imagen: Pixabay


Corren malos tiempos para la épica. Al menos, a orillas del Manzanares. Ayer –cuarto día de confinamiento–, a eso de las seis de la tarde, mi amigo M. salió a la terraza con su altavoz portátil y puso el himno patrio. No habían sonado ni tres acordes cuando los inquilinos del balcón de enfrente, dos tipos fornidos en la treintena, le gritaron que seguro que vota a no sé quién. Y fijo que, entre dientes, también dijeron algo de su madre. O que lo pensaron. O que lo tendrán en la recámara para dispararlo si a M. le da por repetir.

[Lee aquí ‘Alexa en cuarentena’]

En sastrería, fútbol y jolgorio vecinal durante una cuarentena, nos ganan los italianos. En Roma, Nápoles o Sicilia, uno pone hoy el Fratelli d’Italia y todo el patio lo comienza a cantar. Che bella cosa. Creo que haber colgado boca abajo a Mussolini –colgar a dictadores boca abajo también se da mejor allí que aquí– tiene algo que ver. Y ayuda que su himno tenga letra; también es verdad.

Aunque menos mal que el nuestro no la tiene. Si ya sacamos las garras con cuatro corcheas –en mi terraza no llegó a sonar el tercer fa–, imagínense la que se armaría si tuviéramos que ponernos a cuadrar versos, entre nacionalistas tan oprimidos como una concursante de OT, esos señores a los que la tele llama nostálgicos, derechas histriónicas, neoizquierdistas de piel fina y Marta Sánchez barriendo para casa.

“En sastrería, fútbol y jolgorio vecinal durante una cuarentena, nos ganan los italianos”

 

Por el momento, lo más inofensivo sigue siendo tararear “el maldito lo-lo-lo-lo” (Carolina Durante dixit); o al menos hasta que alguna ministra crea que tantas oes juntas es un imperdonable vestigio patriarcal y se empeñe en feminizar por decreto el canturreo. Quizá esta cuarentena sea buen momento para abrir el melón de por qué seguimos con un himno sin letra; especialmente porque en estos quince días está más prohibido que nunca salir a la calle a pegarnos. Ahí lo dejo.

Dos horas después de la trifulca, a las ocho en punto, con la puntualidad que da vivir en el sofá, M. y yo volvimos a salir a la terraza, a aplaudir a los médicos y enfermeras que se parten el lomo en los hospitales, que no es una mala melodía. La mitad de los balcones que dan al patio estaban llenos de gente. También el de nuestros corpulentos vecinos, que se nos quedaron mirando fijamente.

Yo le he dicho a M. que es porque no conciben que a uno le ericen la piel los símbolos nacionales y que se sienta orgulloso de su sanidad pública. M. dice que se estaban quedando con nuestras caras para partírnoslas cuando volvamos a poner un pie en la calle.

Alexa en cuarentena

Por Javier Corbacho (@JCorbachoUC)

Imagen: Pixabay.


Las galletas están caducadas. Así no hay quien empiece un estado de alarma en condiciones. Y el calentador de gas lo tengo medio jodido; los días pares me ducho con agua helada y los impares me abraso hasta el alma. Si es tan bueno para el cutis como dicen, al finalizar este pseudoarrestro domiciliario voy a tener la piel como Saritísima.

O quizá el trasto explota en unos días y me dejo la cuarentena y la vida a medias, como me pasa siempre con Los Amantes Pasajeros. Tres veces lo he intentado –te lo juro, Pedro– y no paso de los quince primeros minutos.

Me he despertado hace un par de horas y ya se me está haciendo largo el estado de alarma. A partir del lunes, teletrabajo. En pijama hasta las tres y media de la tarde delante de una pantalla. Es como ser un forocochero pero cotizando.

Al menos, en un rato vendrá mi amigo M. a meterse unos días en mi piso. Cosa que agradezco, porque M. tiene mejor conversación que Alexa. Aunque aún no sé si M. lo hace porque prefiere mi compañía a su soledad o porque prefiere mi terraza a la suya. Sea por una cosa o por otra, me ha dicho que va a traer morcilla. Y las penas con morcilla son menos penas.

En un rato vendrá mi amigo M. a meterse unos días en mi piso. Aunque aún no sé si lo hace porque prefiere mi compañía a su soledad o porque prefiere mi terraza a la suya

 

Con Alexa no podría poner a parir a mis amigos que se han ido de la capital a infectar viejecitas al Cantábrico y al Levante. Con M., sí. Especialmente, de los que la semana pasada daban la turra en Twitter con eso de la responsabilidad ciudadana y el #QuédateEnCasa pero que, en cuanto han visto que les podían bloquear la villa y corte, han salido por patas, a que el virus se vaya de Séneca. Tengo capturas de vuestros tuits; contad con un juicio inquisitorial a vuestra vuelta a Madrid.

Yo, poco a poco, voy asumiendo que este año me quedo sin toros en San Isidro y sin saetas en Semana Santa. El virus le tiene más asco a la tradición que aquella concursantilla de OT.

Así que, para evitar pensar demasiado, aprovecharé estos días para colocar mi biblioteca por orden alfabético. O por autores. O por países. O por colores. Y en cuanto salga a la calle buscaré una caja de Fontaneda en cualquier Mercadona, mientras la gente se pelea a mi alrededor por rollos de papel higiénico de doble capa.

REBELDES CON CAUSA

Ricardo Dudda: “La izquierda no es hoy tan rebelde porque culturalmente se ha impuesto”

 

Es díficil de definir, pero cada vez son más los ejemplos que demuestran su existencia: desde polémicos ponentes vetados en Universidades hasta aseos públicos mixtos para no ofender a la minoría transgénero, pasando por la prohibición del cuento de Caperucita por “sexista” en colegios de Cataluña, las trigger warnings –advertencias previas a un texto o una película que alertan de su potencial carácter ofensivo–, la censura de cuadros, monólogos, anuncios y canciones o las carambolas para lograr un lenguaje inclusivo.

La corrección política nació con un objetivo bienintencionado –acabar con las discriminaciones de colectivos minoritarios– pero sus excesos, en palabras del ensayista y actor británico Stephen Fry, uno de los rostros públicos más críticos con la P.C. (por sus siglas en inglés), han generado un escenario de “certidumbres absolutas, un ‘o con nosotros’ o ‘contra nosotros'” y un binarismo dogmático extendido por diversos sectores –especialmente, universidades anglosajonas, con Berkeley a la cabeza– de la sociedad. Y a analizar la historia –la idea de consenso social no es nueva, pero algunos de sus riesgos sí–, las buenas intenciones y los perjudiciales excesos de la political correctness se ha dedicado el periodista Ricardo Dudda (Madrid, 1992) en “La verdad de la tribu: la corrección política y sus enemigos” (Editorial Debate).

Llamada “dictadura progre”, “marxismo cultural” o “macartismo de izquierdas” por unos, a la vez que negada jocosamente por otros, lo que queda claro es que el debate en torno a este asunto amenaza, o al menos cuestiona, pilares fundamentales de las democracias liberales como el debate abierto, el rol de las instituciones o la idea de comunidad. Algunos politólogos aseguran que el ambiente polarizado que genera la corrección política ha contribuido al crecimiento de una derecha populista que se define a sí misma como una reacción al hartazgo provocado por esta “nueva Inquisición”. Por ello, UND_R CONSTRUCTION entrevista a Ricardo Dudda para analizar las virtudes y peligros de la corrección política, la vigencia –o no– de la moderación y ese espacio gris que se extiende y se contrae entre el “buenismo” y el insulto camuflado como rebeldía.

Elaboración y redacción: Javier Corbacho Galán

Fotografía: Álvaro Rincón Sanz


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ESPACIO POLÍTICO

Luis Alegre: “A mí me gustaría saber a quién va a votar Pablo Iglesias para el Ayuntamiento de Madrid”

 

Luis Alegre (Madrid, 1977) fundó Podemos en el año 2014, compartiendo la primera fila del proyecto con Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero y Carolina Bescansa. Su alejamiento definitivo del partido, en 2017, no fue el único; sólo fue el primero de varios abandonos que acabaron por dinamitar el núcleo fundacional del partido morado. De los cinco ideólogos, hoy, sólo Iglesias permanece al frente de la formación.

Tras meses alejado de la política activa y dedicado a la escritura y la docencia, Alegre, quien llegó a ser Secretario General de Podemos a la Comunidad de Madrid en 2016, regresa ahora a la arena regional para apoyar la candidatura autonómica de Íñigo Errejón –protagonista del último cisma morado– por Más Madrid, la plataforma que comparte con Manuela Carmena y que completan otros destacados miembros de Podemos discrepantes con el rumbo del partido.

En un momento en el que la izquierda madrileña está fragmentada como nunca antes y camino de un periodo electoral “decisivo” –generales, autonómicas, municipales y europeas en un lapso de un mes–, UND_R CONSTRUCTION conversa con Luis Alegre sobre los retos del progresismo, la actualidad madrileña o los “fichajes estrella” en política.

Elaboración y redacción: Javier Corbacho Galán

Fotografía: Álvaro Rincón Sanz


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CANCIO Y FLÓREZ: LA TRANSICIÓN, FOTO A FOTO

“Españoles… Franco ha muerto”. Así comenzaba un sollozante Arias Navarro su discurso televisado con el que comunicaba a la nación la muerte del dictador. Corría el año 1975.

Más de cuatro décadas después, los fotoperiodistas Raúl Cancio y Marisa Flórez han convertido estas cuatro palabras del entonces jefe de Gobierno en el título de su último proyecto. Se trata de un libro en dos volúmenes – “Españoles…”, con obras de Cancio; “Franco ha muerto”, de Marisa– con el que recorren nuestra historia reciente, desde los primeros pasos de la Transición tras el fallecimiento del caudillo hasta la sevillana Expo del 92.

Texto: Javier Corbacho Galán

Imágenes: “Españoles… Franco ha muerto” (Cortesía de Libros.com)


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MADRID TIENTA A LA SUERTE

La regulación del sector del juego en la Comunidad de Madrid facilita la concentración de las casas de apuestas. Los salones de juegos de azar se multiplican, especialmente en los barrios más pobres de la región. Mientras, se incrementa el número de ludópatas y baja el promedio de edad de los adictos.

Elaboración, fotografía y redacción: Javier Corbacho Galán


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LA GRAN AMENAZA

Beatriz Becerra: “El PDeCat siempre ha sido un cuerpo extraño dentro del grupo de liberales europeos”

 

Con “Eres liberal y no lo sabes” (Deusto), la eurodiputada Beatriz Becerra (Madrid, 1966) apela al lector: “Eres liberal si defiendes los Derechos Humanos”, “si luchas contra la desigualdad y la discriminación”, “si combates las mentiras del nacional-populismo” o “si consideras que la negociación y el consenso posibilitan las reformas”. Y así hasta diez condiciones –una por capítulo– que componen este “manifiesto por el progreso y la convivencia” con el que su autora pretende reivindicar el “equilibrio siempre inestable, la flexibilidad y la naturaleza antidogmática” del carácter liberal.

Defiende Becerra en su libro un liberalismo amplio, pragmático, reformista y centrista, por el que se puedan sentir atraídos desde socialdemócratas “con los pies en el suelo” hasta conservadores moderados. Todo ello, en un momento en el que la desconfianza ciudadana hacia la democracia liberal se materializa en éxitos como los de Orbán en Hungría, Salvini en Italia, Andrzej Duda en Polonia y en el auge de Alternativa por Alemania o Demócratas Suecos, terceras fuerzas políticas en sus respectivos países.

“Gozar de la completa condición de ciudadanía también pasa por contar con una prensa libre”, indica Becerra. Por ello, los beneficios de los derechos de autor de “Eres liberal y no lo sabes” se destinan íntegramente a Reporteros Sin Fronteras España.

Europeísta convencida de las bondades de la integración, es vicepresidenta de la subcomisión de Derechos Humanos en el Parlamento Europeo, donde ocupa un escaño desde 2014. Primero, como diputada por UPyD y desde 2016, como independiente dentro de la Alianza de Liberales y Demócratas Europeos (ALDE), grupo parlamentario que comparte con, entre otros, el belga Guy Verhofstadt o la sueca Cecilia Wikström, quienes colaboran en el libro.

Para analizar las amenazas del europeísmo y la crisis –o no– del pensamiento liberal, UND_R CONSTRUCTION entrevista a Beatriz Becerra, cuyo libro pretende ser un recetario liberal ante los nuevos –y no tan nuevos– desafíos del viejo continente.

Elaboración, redacción y fotografía: Javier Corbacho Galán


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SMART JOURNALISM (VII): ORIOL QUEROL

El 6 de febrero de 2018, Emilio Miró Paniello moría en Barcelona a los 77 años de edad a causa de una neumonía. Dos días después, La Vanguardia publicaba su esquela. “Hijo de Pilar y Emilio. Ha dejado este mundo sin haber aportado nada de interés“, indicaba la sección necrológica del diario. Algo similar señalaba la versión en catalán: “Ha muerto sin haber modificado mucho el mundo que le rodeaba”.

Según aseguraron sus familiares tras el revuelo causado por lo inusual del texto, fue el propio Miró el que, en su testamento vital, redactó estas palabras para su propia esquela.

Unos meses más tarde, en julio, el periodista Oriol Querol encontró varias pertenencias de Emilio Miró entre los cuadros, libros, postales, casettes, muebles y revistas que se amontonan en el Mercat dels Encants, célebre mercado de la Ciudad Condal que atrae a coleccionistas, anticuarios y curiosos.

Elaboración y redacción: Javier Corbacho Galán

Imágenes: Cortesía de Oriol Querol (Twitter: @OriolQF)


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NUESTRO PAPEL

Bob Pop: “La prensa rosa es un peligroso modo de hacer entretenida la ranciedumbre”

 

“Un miércoles de enero” (Editorial Turner) es una mezcla de monólogo humorístico, clase de periodismo, crítica cultural y operación quirúrgica; una combinación a la altura del currículum de su autor, Roberto Enríquez (Madrid, 1971), más conocido por el sobrenombre de Bob Pop. A pesar de que el título del libro sólo alude a una fecha, sus páginas concentran casi cuatro meses de trabajo de Enríquez –aunque a ratos, hay más de Pop–; los que tardó en diseccionar minuciosamente los periódicos y revistas que salieron a la calle el segundo miércoles del por entonces recién empezado 2018.

Con el objetivo de “ver la realidad desde el pequeño hueco que supone un instante”, Roberto Enríquez compró El País, El Mundo, ABC, La Razón, La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, El Economista, Cinco Días, Expansión, Marca, As, Mundo Deportivo, Sport, Diez Minutos, ¡Hola!, Semana y Love, con la consiguiente alegría posnavideña de cierto quiosquero de La Rambla. Y tras cientos de pósits y horas de lectura, análisis y subrayado, Bob Pop pretende explicar cómo funciona España en base a una prensa en la que cabe la muerte de Carmen Franco, el abandono de Artur Mas de la presidencia del PDeCat, las vacaciones de las casas reales europeas, la participación del BBVA en Telefónica e incluso el despido de una empleada de El Corte Inglés motivado por revelar a una niña la verdadera identidad de Papá Noel.

Para comprender este “dibujo de un país” y de su “pasado inmediato” que aparece al “unir los puntos”, UND_R CONSTRUCTION entrevista a Bob Pop en Barcelona con una pregunta en la cabeza: ¿Cuánto ha cambiado España y su prensa desde el segundo miércoles de enero de 2018?

Elaboración y redacción: Alicia Abadía Fantova y Javier Corbacho Galán

Fotografía: Alicia Abadía Fantova


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LA ERA BEZOS DEL ‘WAPO’

A principios de agosto de 2013, el multimillonario Jeff Bezos, fundador de la empresa de venta online Amazon, se convertía en el dueño del histórico diario norteamericano The Washington Post. Por un precio de 250 millones de dólares –189 millones de euros– de su fortuna personal, el empresario se adjudicaba una de las más prestigiosas cabeceras estadounidenses, célebre por destapar el escándalo Watergate –a partir de otro agosto, el de 1972– o por revelar las filtraciones de Edward Snowden en 2013.

El día después del anuncio de la adquisición, las acciones del diario, en un máximo histórico desde el inicio de la crisis, superaban los seiscientos dólares en la Bolsa de Nueva York. Tras cuatro generaciones bajo el mando de la familia Graham, se abría la etapa Bezos.

Redacción y elaboración: Javier Corbacho Galán | Imágenes libres de derechos para uso no comercial | Vídeo: Canal de YouTube de 60minutes


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WHAT TO DO WITH A NEWSPAPER, by Matt Blease

Para matar una mosca, para usarlo como hamaca, para convertirlo en una peluca o para construir una bandera. Estos son algunos de los usos que propone Matt Blease para los periódicos en papel; 31 posibilidades que han sido publicadas cada día del mes de julio en la página 3 de la edición nacional del histórico The New York Times.

Redacción: Javier Corbacho Galán

Ilustraciones: Matt Blease for The New York Times


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LA NORMA Y LOS MÁRGENES

Paco Tomás: “Aún hay mucho machismo dentro del colectivo LGTB”

 

El 26 de julio de 1977, pocos días después de la celebración de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura, unas 4.000 personas recorrieron La Rambla de Barcelona para exigir la abolición de la Ley de Peligrosidad Social. En la marcha, convocada por el Front d’Alliberament Gai de Catalunya, homosexuales, lesbianas y mujeres transexuales –que encabezaban la protesta– eran acompañados por jóvenes libertarios, feministas y sindicalistas. En uno de los carteles, inmortalizado en una instantánea de la célebre fotógrafa Colita, se podía leer: “Nosaltres no tenim por, nosaltres som!” (“¡Nosotros no tenemos miedo, nosotros somos!”). La concentración fue dispersada por la policía –los “grises”–, que dispararon balas de goma contra los manifestantes.

Unos años antes, había comenzado a tejerse de forma clandestina una red de Frentes de Liberación Gay de inspiración marxista a lo largo de toda España. Se iniciaba así el intento por acabar con la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, aprobada en 1970 por las cortes franquistas y que había sustituido a la de Vagos y Maleantes, una ley republicana a la que el régimen añadió en 1954 la persecución a los homosexuales y su “rehabilitación”. En ese “cajón de sastre” –la homosexualidad–, la dictadura incluía también a la transexualidad, a la bisexualidad, el travestismo y demás sexualidades disidentes de la norma.

La consigna que gritaban los manifestantes de La Rambla da título ahora a una serie documental ideada por el periodista y guionista Paco Tomás (Palma de Mallorca, 1967) junto a César Vallejo. “Nosotrxs Somos” pretende recopilar la memoria de la comunidad LGTBI en nuestro país y rendir homenaje a quienes hicieron posible la conquista de los derechos civiles. Recién finalizadas las celebraciones del Orgullo –las primeras con un ministro abiertamente homosexual encabezando la manifestación–, UND_R CONSTRUCTION charla con Paco Tomás sobre la situación actual y los retos de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales e intersexuales en España.

Redacción y elaboración: Javier Corbacho Galán

Fotografía y Audiovisual: Álvaro Rincón Sanz | Vídeo: Primer episodio de la docuserie “Nosotrxs Somos”


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ESTA ESPAÑA NUESTRA

Luis del Val: “Presentar la Segunda República como ese edén al que hay que volver es infame”

 

Parafraseando la más famosa canción de Cecilia, el escritor y periodista Luis del Val (Zaragoza, 1944) acaba de publicar “Mi querida España” (Espasa), un libro en el que pretende analizar las “paradojas e impresiones” que le produce “el país más antiguo del mundo”.

Su primera página es ya una declaración de intenciones. En ella, cita los versos censurados –“esta España viva, esta España muerta”– del tema más célebre de Evangelina Sobredo Galanes –lo de Cecilia era puro márketing– como recordatorio de las contradicciones, los absurdos y los vertiginosos cambios que pueblan nuestra Historia.

Para analizar los contrasentidos e ironías del sentir patrio, del Val repasa el dolor por la patria de los noventayochistas, el nacimiento de la bandera rojigualda en tiempos de Carlos III, la mística que rodea a la hoy denostada Tauromaquia o los complicados malabarismos de los padres de la Transición, a los que añade sucesos más recientes como la proclamación de la fugaz República catalana o la ruptura del bipartidismo.

Maestro por licenciatura y galardonado novelista, del Val fue político ocasional –fundador del Partido Social Demócrata Aragonés y diputado de UCD entre 1977 y 1979 – y “periodista chusquero” en Diario 16, El País, Interviú, Tiempo o el “Hoy por Hoy” de Iñaki Gabilondo. Siempre polémico –hay quien sigue sin perdonarle su copla en COPE en la que calificaba como “maricones de mierda” a los miembros de Orgullo Vallekano–, el hoy columnista de ABC se lanza ahora a analizar –“subjetivamente, con humor y algo de amor”–  las paradojas de la historia de España y los vicios y virtudes de los que habitan y habitaron en ella.

Elaboración, redacción y fotografía: Javier Corbacho Galán


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