Pero… ¿Quién mató al periodismo?: Entrevista a Marga Zambrana

Cihangir es un bohemio barrio de Estambul (Turquía), cercano a la Plaza Taskim. En 1543, debido a la prematura muerte –intriga palaciega de por medio– de Mehmet, uno de los hijos de Suleimán el Magnífico, éste mandó construir una colosal mezquita donde enterrarle. Años más tarde, Cihangir, otro de los vástagos del sultán, falleció y también fue sepultado en el templo, dando así su nombre al distrito.

A pesar de su situación, a unos 1.200 kilómetros de distancia de los bombardeos, los disparos y las explosiones de la guerra de Siria, es una zona repleta de cosmopolitas corresponsales de distintos países que informan sobre el conflicto bélico sin pisar el país.

Estos sibaritas reporteros, adictos al selfie y al daiquiri, son a los que Marga Zambrana denomina “pijos” y a quienes acusa de suponer una amenaza para la profesión. Video-periodista y corresponsal en Europa, Asia y Medio Oriente para The Guardian, El País, Associated Press o la agencia EFE, Zambrana es la autora de “Los pijos acabaron con el periodismo”, un polémico artículo de opinión publicado en Letras Libres, que vio la luz en julio –y volverá a verla en septiembre– en forma de obra teatral.

Iván Cerdán dirige a un reparto compuesto por Clemente García, Laura Godoy y María Reyes y sube a las tablas de la Sala Nueve Norte de Madrid a los “pijos” de Zambrana.

Como el Harry de la película de Hitchcock, el periodismo parece haber muerto y la responsabilidad del homicidio se reparte entre los medios de comunicación, las redes sociales, los propios periodistas, el contenido gratuito y el “clickbait”. Por ello, UND_R CONSTRUCTION entrevista a Marga Zambrana con el fin de averiguar quiénes son esos “pijos” que acabaron con el oficio desde las azoteas del gentrificado Cihangir.

Elaboración y redacción: Javier Corbacho Galán


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Por qué el episodio “Fraudcast News” de “Los Simpsons” es una lección magistral de periodismo

Decía Ryszard Kapuściński que cuando el mundo se dio cuenta de que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante. Sin embargo, no es necesario –aunque siempre recomendable– leer al autor de “Ébano” o “Los cínicos no valen para este oficio” para darse cuenta de esta realidad. También un capítulo de “Los Simpsons” sirve para hacerte consciente de ella.  Si han sido capaces de transformar el Antiguo Testamento o Hamlet en un episodio de media hora, no sorprende que puedan hacer lo mismo con la confluencia de los poderes fácticos con el periodismo. Nada menos.

AVISO: SPOILERS

The Simpsons ™

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