APRENDER NO TIENE EDAD

Hace 25 años, surgía en Salamanca la Universidad de la Experiencia, un programa educativo y social para mayores de 55 años. A lo largo de este cuarto de siglo, el perfil de su alumnado ha cambiado: de media, son más jóvenes y están más formados que en sus inicios. Desde 1993, más de 70.000 alumnos han pasado por sus aulas en toda Castilla y León. De hecho, el curso 2017-2018 registró el récord de matriculaciones, que alcanzó las 5.000 en todo el territorio castellanoleonés.

Texto y fotografía: Cristina Alonso Pascual


En el centro de la Meseta Norte, en la provincia de Valladolid, se encuentra el pueblo de Medina de Rioseco. Un jueves cualquiera del mes de octubre a las cuatro de la tarde se pueden ver sus calles casi vacías, únicamente con algún que otro señor apostado a la puerta del bar o mirando las esquelas más recientes, pegadas en una rugosa pared cercana. Sin embargo, media hora más tarde, se percibe cierto movimiento alrededor de la Plaza Mayor. Con carpetas bajo el brazo, algunas personas de avanzada edad se dirigen hacia el Ayuntamiento. Allí se disponen a continuar sus clases.




Medina de Rioseco es uno de los 2.248 municipios distribuidos por Castilla y León. En esta Comunidad Autónoma se concentra el 27,7% de los pueblos de todo el país. Sin embargo, solo habita en ella el 5% de la población española: poco más de dos millones de personas. El 89% de sus municipios no superan los mil habitantes y los ayuntamientos están registrando mínimos históricos en términos demográficos. La despoblación es el día a día de muchos ciudadanos que observan, inexorablemente, cómo llega el fin de una era. Donde los niños hace años corrían y jugaban, ahora solo quedan adultos y ancianos.

Número de habitantes por edad en Medina de Rioseco. Datos del INE, elaboración propia.

“En Medina de Rioseco hay casi el doble de personas mayores de 65 años que de menores de 16”.

 

A pesar de tratarse de uno de los 252 pueblos que aún superan la barrera de los mil residentes en Castilla y León, la edad media de los habitantes de Medina de Rioseco ha aumentado de manera considerable. A día de hoy, hay casi el doble de personas mayores de 65 años que de menores de 16. Aunque esta situación es visible en zonas de todo el país, tiene mayor incidencia en esta Comunidad, y se prevé que va a seguir incrementándose, al mismo tiempo que el número de sus lugareños disminuirá, ya sea por el aumento de la tasa de mortalidad, la disminución de la natalidad, la emigración a territorios urbanos o una confluencia de varios de estos factores.

Además, en estos pueblos, el entretenimiento escasea. Sobre todo en invierno, sus habitantes se recluyen en las casas o en los bares. Junto a la televisión, estas son las únicas formas de entretenimiento que tienen muchas personas. En especial para los mayores de 65 años. Según la Encuesta Continua de Hogares publicada por el INE, casi dos millones de ellos viven en soledad en todo el país, 139.200 en Castilla y León. En este contexto, irremediable en apariencia, aparece un rayo de esperanza para quienes quedan, quienes no quieren irse a pesar de los muchos obstáculos que han encontrado en el camino. Se trata de la Universidad de la Experiencia o Programa Interuniversitario de la Experiencia.

Sus inicios se remontan a 1993, cuando la Universidad Pontificia de Salamanca se propone que las personas de avanzada edad tengan la posibilidad de acceder a una cierta educación, a la que quizás no optaron en su momento, y puedan pasar el tiempo de una forma amena. Nace así la Universidad de la Experiencia.

Sin embargo, permanecerá paralizada hasta 2002, cuando se retomará con el nombre de Programa Interuniversitario de la Experiencia. “Interuniversitario” porque entrarán más universidades en juego, cada una haciéndose cargo de sus propias sedes. Y “de la Experiencia” porque aúna a quienes más sabiduría tienen con la esperanza de aportarles algún conocimiento al que no hayan tenido acceso. A lo largo de sus 25 años de historia, alcanzará la magnitud que tiene hoy, ya extendida a nivel nacional y con 27 sedes situadas en Castilla y León; una de ellas en Medina de Rioseco.

“En el aula, las mujeres son mayoría. El 75% de las matriculaciones del último curso eran de mujeres”.

 

Las clases

Son las cinco. Los alumnos y alumnas se van sentando en un salón del Ayuntamiento donde se mezcla lo antiguo y lo nuevo. Las sillas de madera, las librerías antiguas y los cuadros con varios rostros en blanco y negro se oponen al ordenador y la pantalla del proyector, y el rasgar de los bolis se funde con el sonido de algunos móviles que rompen la tranquilidad del aula. Algunos de ellos ocupan el mismo sitio desde que se abrió esta sede hace 13 años. Es el caso de Siro. Junto a su mujer, decidió apuntarse en cuanto se inauguró. “No solo te ayuda, sino que además te anima”, dice sobre la Universidad. “Quizás en los primeros años era mejor que ahora: había más subvenciones, por lo que hacíamos excursiones, y había un profesorado más amplio”, declara, desde su perspectiva como veterano.




Su punto de vista contrasta con los datos que ofrece la Administración. Pablo Rodríguez Hoyos, director General de Familia y Políticas Sociales de la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades en Castilla y León, asegura que “la Consejería ha incrementado el presupuesto para este programa desde el inicio de legislatura en un 82%, hasta llegar a los 182.290 euros en este último curso”. Así, han adaptado la inversión al aumento de las matriculaciones y, según Rodríguez Hoyos, son “sensibles con las necesidades y las demandas de quienes participan”.

“La soledad es la mayor enfermedad que uno puede tener”.

 

El incremento de los recursos destinado a este programa, en palabras de María Paz Pando, directora de la iniciativa en la Universidad de Salamanca, permite “ampliar las aulas, aumentar el número de materias, el número de horas por asignatura y las posibilidades de realizar actividades adicionales”, como puede ser la publicación de una revista, ya en proyecto.

A pesar de que los tonos de llamada que se oyen en plena clase son las melodías predeterminadas de los teléfonos, en las aulas de la Universidad de la Experiencia se refleja la reducción de las diferencias tecnológicas respecto a otros sectores de edad. Los datos señalan que el uso de Internet por personas de entre 65 y 74 años ha aumentado desde el 7% en 2007 hasta alcanzar el 44% en 2017. A este reto también se enfrentan los profesores de estos mayores. Pando indica que, junto a las asignaturas troncales, los alumnos del Programa “tienen la posibilidad de acceder a cursos de nuevas tecnologías para intentar reducir esa brecha digital”.

Después de poner el teléfono en silencio, una mujer de unos 70 años copia lo que considera relevante de la clase con letra firme en su cuaderno. No es la única, pues en el aula las mujeres son mayoría. Son un total de 20, frente a 7 hombres. Los datos en el conjunto de la Universidad de la Experiencia muestran la misma situación: actualmente hay más alumnas que alumnos. En concreto, según Rodríguez Hoyos, “el 75% de las matriculaciones del último curso eran de mujeres”.

A lo largo de los 25 años de historia del Programa, el perfil del alumnado no solo ha cambiado en cuanto al género de las personas que participan. El nivel educativo también se ha visto modificado durante este recorrido. “El nivel del alumnado va creciendo año tras año, sobre todo debido a la propia dinámica del tiempo, a que las generaciones van cambiando”, señala Julio César, profesor de las sedes de Medina del Campo y de Medina de Rioseco, pertenecientes a la Universidad Europea Miguel de Cervantes. Aun así, “de lo que se trata es que todo el mundo, tenga la formación que tenga, las capacidades que tenga, se sienta integrado”, indica. Siro, como delegado de la clase, añade que el alumnado suele proponer asignaturas que se adapten al grupo, pues la mayoría “no han hecho el bachiller”. “Antes no eran las cosas como ahora, sino que era más difícil estudiar, sobre todo para los más pobres”, declara.

Se ha producido un exceso de solicitudes, dando lugar por primera vez a listas de espera en sedes como la de Benavente.

 

La lección es muy dinámica, todos intervienen y se involucran en las respuestas a las numerosas preguntas que plantea César. “Lo que se intenta es que no sea una clase monotemática en la que el profesor esté todo el tiempo hablando, sino que la gente participe y reflexione”, afirma. Y así es, porque se levantan murmullos cuando algo genera controversia. No es necesario levantar la mano para intervenir y así ocurre en numerosas ocasiones. En alguna de ellas el profesor se ve obligado a mandar silencio, aunque señala que es muy gratificante observar cómo los conocimientos que siembra, los recoge. Narra que, en una ocasión, durante una visita a un museo, una de las alumnas le llevó la contraria al guía, porque César había desarrollado el tema en el aula. “De repente ves cómo el guía parece decirse a sí mismo: ‘estas personas, que parecía que no tenían un nivel, sí que tienen capacidad’”, apunta mientras sonríe.


Récord de matriculaciones

Los alumnos muestran su “interés por formarse, aprender y cada vez saber un poquito más”, añade. Los resultados lo demuestran, ya que el pasado curso el programa logró el récord de matriculaciones y alcanzó las 5.000 en toda la comunidad. En el de 2018-2019 se ha producido un exceso de solicitudes, dando lugar por primera vez a listas de espera en sedes como la de Benavente, que está a rebosar. Allí estudia Pilar desde hace siete años. Señala que han alcanzado los 119 alumnos y que no entra nadie más en clase. Ella descubrió el Programa gracias a su cuñada, quien lo conoció también a través de otro alumno. “El origen de este aumento es tal vez el propio boca a boca, pues los temas que se eligen son atractivos para ellos, y se pueden desarrollar mediante visitas culturales, para que no se queden solamente en la propia clase”, indica César.

Ignacio es compañero de Pilar en la Universidad desde hace un lustro. Como ella, hace tiempo que vive solo y se entretiene realizando numerosas actividades, como ir a la piscina, salir a andar o acudir a las clases del programa dos días a la semana. Para él “es una manera de estar activado, de estar en contacto con otras personas, de cambiar impresiones y de conocer gente”. Afirma que su inquietud por aprender materias nuevas ha aumentado y continúa haciéndolo desde que se apuntó a la iniciativa. Además, forma parte de una asociación cultural que tuvo su germen dentro del aula universitaria. En ella, participan en “dos o tres excursiones al año y un día de convivencia” a cambio de una pequeña cuota.

“El interés que muestran los mayores es superior al de los estudiantes universitarios”.

 

María Paz Pando recuerda que “el consejero de la Junta en la provincia de Zamora ha comentado que los mayores de Castilla y León están considerados como unos de los más activos y dinámicos”. De hecho, según Rodríguez Hoyos, “superan en seis puntos la media española y en casi cuatro la media europea”. Por ello, aunque en apariencia la clase recuerda a una ponencia o a una magistral de cualquier universidad, tanto el ambiente como la actitud de los alumnos presentan grandes diferencias. Además de una mayor interactividad entre ellos y el profesor, existe una mayor personalización, ya que el docente tiene la capacidad de adaptarse a cada estudiante, dirigiéndose a ellos de manera individual. “El interés que muestran estas personas es mucho mayor al que puede mostrar un estudiante universitario”, destaca César, aunque precisa que esto se puede deber a la menor presión que sufren, al no tener ni exámenes ni tantas horas de clase. “Al alumnado sénior no se le exigen requisitos académicos, simplemente se requiere ser mayor de 55 años y no tener una relación contractual vigente”, agrega Pando.

Retribución personal

A algunos de sus exalumnos, como José María Alaejos, la Universidad de la Experiencia les ha servido como “embrión” de sus proyectos. Durante una entrevista en Onda Cero Valladolid el pasado mes de agosto, Alaejos recordó el momento en el que se le ocurrió la idea de Profuturo Valladolid –un complejo de apartamentos para mayores, en los que conservan su independencia, pero teniendo a su disponibilidad las facilidades que ofrecería una residencia– y cómo, gracias a los contactos que hizo en las clases, pudo convertirla en realidad.

A partir también de la Universidad, surgió la asociación cultural de mayores “Las Fuentes de la Edad”, de la que es presidente. “Te quedas sin una actividad, sin un trabajo y tienes que hacer algo”, indicó al recomendar este tipo de iniciativas. Al contrario que en cualquier clase universitaria, nadie ha mirado el reloj para comprobar el tiempo que falta hasta el final de la clase. Solo una mujer dirige la vista hacia su muñeca en el momento en el que el profesor señala que tendrá que dejar un contenido para la semana siguiente. Cada docente en esta sede enseña una asignatura durante una hora y media a la semana, lo que impide que estos trabajadores vivan de esta dedicación. Aun así, Julio César se muestra satisfecho e indica que la iniciativa es enriquecedora para ambas partes. La directora Pando está de acuerdo y afirma que la retribución más importante que reciben es la personal. “Son muy agradecidos, muy atentos y valoran mucho los conocimientos que se les transmiten”, comenta la directora de la sede salmantina.

Acercar servicios y actividades al medio rural, contribuye a frenar la despoblación.

 

Para desarrollar este pensamiento crítico, no solo se ofrecen clases al uso, sino que se incluyen otras actividades de carácter más cultural y lúdico: hay coros, grupos de teatro y asociaciones de estudiantes, además de viajes y excursiones. Alaejos recomienda participar en cualquier actividad que evite la soledad, a la que define como “la mayor enfermedad que uno puede tener”. Pilar señala que ella se siente realizada porque esta diversidad de opciones le permite salir de casa y relacionarse con la gente, además de conocer otros lugares y aprender acerca de la cultura que tiene a su alrededor. Tener tanto el cuerpo como la mente activos “repercute para vivir más y mejor”, aporta Pando.

Más allá de la Universidad de la Experiencia

A pesar de todo, hay personas que por problemas de salud y de movilidad u otros factores no pueden acudir a las aulas. Por ello, Pando afirma que desde la Universidad de Salamanca están trabajando en la idea de ofrecer clases online, para que en el próximo curso haya algunas asignaturas disponibles para ser cursadas de forma no presencial. Para lograrlo, incide en la necesidad de un mayor presupuesto. Aunque aumente cada año, se incrementa también la población mayor, así como sus requerimientos y demandas. Sin embargo, confía en las instituciones, que tienen–asegura– un “gran compromiso” con esta iniciativa.

La dificultad que esto supone, como aporta Rodríguez Hoyos, es la gran dispersión territorial de la comunidad castellanoleonesa. “Con más de 96.000 kilómetros cuadrados somos la segunda región más extensa de la Unión Europea, pero vivimos en Castilla y León poco más de 2,5 millones de personas”, detalla y pide solidaridad entre el Estado y el conjunto de las Comunidades Autónomas para lograr un cambio.

Pero la Universidad de la Experiencia no es la única opción que tiene el sector demográfico de más avanzada edad en las zonas rurales. Basta con buscar en Internet “actividades mayores Castilla y León” para comprobar la diversidad de oferta existente, en su mayoría financiada de manera parcial por las instituciones públicas. Por un lado, el IMSERSO ofrece numerosos programas para los mayores, como el de termalismo, para ir a un balneario; o el de turismo, con la organización de viajes alrededor del país. También la Unión Democrática de Pensionistas (UDP) organiza algunas actividades y concursos, por ejemplo, de literatura. Y un total de 125 personas mayores de 65 años están cursando un grado universitario a través de la UNED en la comunidad. Pero en muchos casos, sobre todo en el ámbito rural, es necesario desplazarse a otra localidad. Y, como Siro apunta, ya no tienen el vigor que tenían con 20 años. “Los cursos que tengas en casa bien, pero los que tengas fuera es difícil”, lamenta, además de subrayar la dependencia de los horarios de autobús, si es que se dispone de uno en el pueblo.

Lo rural frente a lo urbano

La diversidad de materias no solo depende del presupuesto, sino que también depende del ámbito rural o urbano. La directora del Programa en Salamanca señala que la oferta que se puede ofrecer depende del tamaño de la sede, del número de alumnos y de las directrices que marca la Junta de Castilla y León. Así, mientras en capitales de provincia–como en la propia Salamanca– existen diversos itinerarios, en áreas más reducidas hay un único programa que se varía año tras año para que los alumnos continúen incrementando sus conocimientos.

“Malo como cierres las puertas al aprendizaje, porque te mueres espiritualmente”.

 

No obstante, Pando indica que la Universidad de la Experiencia puede suponer una mejora en la calidad demográfica de las localidades rurales. “Creo que sí, puede tener un apoyo en la mejora de la calidad de la población de las sedes rurales, donde sí se ve de forma muy evidente cómo se van cerrando los colegios, los niños se van trasladando a las ciudades y cómo cada vez quedan más mayores”, señala. Asimismo, Rodríguez Hoyos explica que están desarrollando “iniciativas que van focalizadas a mantener población en el medio rural a la vez que a crear empleo desde el ámbito de los servicios sociales”. Subraya además la importancia de “acercar servicios y actividades como el Programa Interuniversitario de la Experiencia al medio rural, que ayuda y mucho a fijar población en los pueblos y con ello frenar en lo posible la despoblación”.

De hecho, desde la Consejería de Educación también se plantean la creación de incentivos para asegurar que la población más joven no se vaya a las ciudades e, incluso, atraer nuevas familias a los pueblos. Así, como afirmó Fernando Rey, consejero de Educación, en la última comparecencia de Presupuestos, durante el curso 2016-2017 mantuvieron un total de 22 centros rurales agrupados con el número mínimo de cuatro alumnos, junto a otros 211 que tenían entre cinco y 11 estudiantes de diversas edades.

A pesar de las diferencias observables entre las zonas rurales y las urbanas, Pando destaca que “lo que sí que comparten todos los alumnos de la Universidad de la Experiencia es la inquietud y las ganas de aprender y de saber más”. “Y malo como cierres la puerta al aprendizaje, porque te mueres espiritualmente”, aporta Ignacio. “No se puede sentar uno a esperar a que le llegue la vejez; lo que haya que vivir al menos que se viva con cierta inquietud, con cierto ánimo”, añade. Porque algo en lo que están de acuerdo todos estos alumnos es en que nunca se deja de aprender.