LA ERA BEZOS DEL WAPO

A principios de agosto de 2013, el multimillonario Jeff Bezos, fundador de la empresa de venta online Amazon, se convertía en el dueño del histórico diario norteamericano The Washington Post. Por un precio de 250 millones de dólares –189 millones de euros– de su fortuna personal, el empresario se adjudicaba una de las más prestigiosas cabeceras estadounidenses, célebre por destapar el escándalo Watergate –a partir de otro agosto, el de 1972– o por revelar las filtraciones de Edward Snowden en 2013.

El día después del anuncio de la adquisición, las acciones del diario, en un máximo histórico desde el inicio de la crisis, superaban los seiscientos dólares en la Bolsa de Nueva York. Tras cuatro generaciones bajo el mando de la familia Graham, se abría la etapa Bezos.

Redacción y elaboración: Javier Corbacho Galán | Imágenes libres de derechos para uso no comercial | Vídeo: Canal de YouTube de 60minutes


Para algunos, la compra de uno de los principales rotativos estadounidenses por parte de una de las mayores fortunas del planeta –la primera según publicó la BBC– ponía en jaque la independencia del Wapo, sobrenombre con el que se conoce al periódico. Sin embargo, según la revista Fortune, Marty Baron –actual editor del periódico tras su exitoso spotlight en el Boston Globe–, lo desmentía en la cena anual para la beca de periodismo Knight-Bagehot de la Universidad de Columbia. “En cuanto a la cobertura, él no se involucra en absoluto, ni qué historias hacer ni qué no hacer; no comenta ninguna noticia (…). Hemos tenido artículos negativos [sobre Amazon]”, afirmaba Baron.

En una carta abierta dirigida a los redactores tras la adquisición –para algunos, una excusatio non petita–, Bezos expresaba su voluntad de reformar el modelo de negocio sin alterar la calidad de los contenidos del diario. “Los valores del Washington Post no necesitan cambios. El deber del periódico seguirá siendo para sus lectores y no para los intereses privados de sus dueños”, afirmaba; una declaración similar al alegato que enuncia la Katharine Graham encarnada por Maryl Streep en la película de Spielberg “Los Papeles del Pentágono”, que narra la publicación de los Pentagon Papers en el Wapo gracias a la labor de su histórica editora. “La prensa está para servir a los gobernados, no a los gobernantes”, afirma al leer el acta del Tribunal Supremo que ampara la actuación del periódico.

Para algunos, la compra del histórico diario por parte de una de las mayores fortunas del planeta ponía en jaque la independencia del Wapo. Sin embargo, trabajadores del periódico lo niegan.

 

El célebre periodista Bob Woodward –quien destapó el escándalo Watergate junto a Carl Berstein– indicaba en su ponencia en el Management & Business Summit celebrado el pasado año en Madrid que Bezos “ha apoyado mucho el periódico” y que se asegura de que sus redactores e investigadores “cuenten con los recursos suficientes” para desarrollar su trabajo. Había quien opinaba entonces que la compra del periódico materializaba el interés de Bezos por unir profundidad periodística con exclusivas acerca del presidente Trump, que han llenado las páginas del Washington Post causando la ira y los ataques –en 140 caracteres– del inquilino de la Casa Blanca. En un talk show, el propio Woodward no “veía ninguna pega” a la compra por parte de Bezos. “No es Rupert Murdoch comprando el Wall Street [Journal]; es alguien que cree en los valores del periódico”, alegaba.

Sin embargo, como se pregunta Fernando Cano en un artículo en El Español, la decisión de Bezos de dejar de publicar los ingresos y pérdidas del diario acentuaba la incertidumbre en torno a sus motivos para comprar el rotativo. Otra de las hipótesis que se barajó tras la adquisición fue la de aumentar la capacidad de influencia política o el prestigio de Bezos, quien también cuenta con inversiones en empresas tecnológicas, editoriales, AirBnb, Uber o Twitter. Precisamente en esta red social, el milmillonario ha llegado a solicitar a los usuarios que sugirieran proyectos filantrópicos a los que donar parte de su fortuna. Aunque relevancia no le falta: en 2011, fue nombrado por The Guardian como la persona más influyente del mundo cultural a nivel mundial. Y desvinculado de la política tampoco está: en 2012 donó 2,5 millones en apoyo al referéndum sobre el matrimonio gay en Washington.

No obstante, como sospecha John Cassidy en “El Washington Post y Bezos: una mirada crítica”, un texto publicado en la revista New Yorker, probablemente “Bezos no quiera ser una figura pública más de lo que ya es. Si posee un gran periódico y también tiene una agenda política clara, como Hearst o Murdoch, rápidamente se convertirá en un pararrayos, y todo ese furor puede causar problemas para sus otros negocios. (…) Sospecho que su principal motivación para comprar el Post es proteger los intereses de Amazon en la batalla política, que seguramente vendrá, sobre las tendencias monopólicas de la compañía”.

“Bezos no se involucra, ni qué historias hacer ni cuáles no hacer”, aseguraba Marty Baron.

 

A mediados del pasado junio, los trabajadores de Amazon escribían una carta dirigida a Jeff Bezos en la que demandaban que la empresa dejase de suministrar material tecnológico al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU, duramente criticado tras la política de “tolerancia cero” de la Administración Trump. Un artículo en The Washington Post,  publicado al día siguiente, incluía voces críticas con los programas de deportación del Gobierno, aludía al “silencio de Mr. Bezos” respecto a este asunto y finalizaba con una aclaración: “El CEO de Amazon es también dueño” de este periódico.

En el diario argentino La Nación, el periodista Ariel Torres, experto en divulgación científica y tecnológica, analizaba también las posibles motivaciones del magnate. “Bezos compra el Washington Post porque sabe o cree saber cuál es el rumbo que la prensa escrita debe tomar en el mundo digital, (…) adquiriendo el desafío de redefinir los diarios. No es filantropía. Bezos quiere ser a la prensa escrita lo que Steve Jobs fue a la música grabada”, afirmaba. Según Torres, las intenciones de “experimentar” de Bezos –así lo declaraba en su carta abierta– pretenden convertir al Wapo en el “modelo de los diarios del mañana”. Y puede hacerlo ya que respalda su idea con su fortuna y su influencia.

Del mismo modo, alude a los intereses de Jeff para unir su Kindle –el exitoso libro electrónico de Amazon– con la versión digital del periódico, así como a la posibilidad de otorgar a la multinacional el “derecho a réplica en algunas de las páginas más reputadas del periodismo”. “Al revés de lo que se ha dicho, el acuerdo le resultará conveniente incluso si el Post investiga a Amazon, y no creo que tenga la intención de censurarles ni una coma”, afirmaba. Torres incluso se plantea si la compra es fruto de la vanidad de Bezos o si compró el rotativo por amor a la Primera Enmienda –que consagra la libertad de prensa– de la Constitución Americana, de la que The Washington Post, debido a su trayectoria, ha sido un habitual defensor.

Sobre la no descabellada idea de que Bezos adquiriese el diario como un antojo personal, Antonio Fernández Ruiz comentaba en el suplemento El Cultural lo siguiente: “Un desembolso del 1% [de su fortuna propia] podría considerarse más un capricho personal que una inversión de riesgo. Pero, ¿es un capricho al estilo de los multimillonarios que compran equipos de fútbol o de cualquier otro deporte? No lo parece. Bezos es de los pocos emprendedores del mundo Internet que ha mostrado ciertas inquietudes culturales. Además, dispone de la caja suficiente para no tener que tomar decisiones apresuradas que vayan en contra de la supervivencia a largo plazo. Puede experimentar sin prisa y ya ha demostrado en Amazon que tiene paciencia para dirigir una compañía con visión de futuro, aunque eso suponga largos años de pérdidas”. A pesar de los nuevos contratos y de la remodelación del departamento tecnológico, el primer semestre de 2017, el periódico mantenía un balance negativo de más de 50 millones de dólares en pérdidas. Sin embargo, los ingresos publicitarios y el pago mediante suscripciones digitales mantienen su crecimiento.

Bezos compró The Washington Post por 250 millones de dólares (189 millones de euros), un 1% de su fortuna personal.

 

El pasado año, las directrices que Bezos pretende ejecutar en la redacción causaban un enfrentamiento entre la dirección y la jefatura del Wapo. Como narra Pablo Pardo, corresponsal de El Mundo en Washington, en su artículo “Los periodistas del Washington Post descubren que la vida bajo Bezos es dura”, “la política del empresario de bajar el coste de todo también se aplica a los costes salariales de los informadores. Sobre todo en lo que se refiere a las contribuciones de la empresa a los planes de pensiones, las indemnizaciones por despido, y las subidas de sueldo. El resultado: un conflicto laboral de ocho meses entre el sindicato de periodistas de Baltimore y Washington, y la dirección del diario, con motivo de la negociación del convenio colectivo para los tres próximos años. (…) En este caso, la clave del contencioso es la contribución anual de la empresa a los fondos de pensiones individuales. Normalmente, las compañías que tienen ese sistema aportan anualmente el 6% del salario bruto de cada trabajador. Bezos, sin embargo, quiere reducir esa cifra al 1%”.

Según Pardo, una subida de los sueldos inferior a la del IPC estadounidense, la intención de reducir las indemnizaciones por despido y la ampliación de plantilla “a costa de hacer la vida imposible para que se fueran a los trabajadores más veteranos y reemplazándolos por jóvenes que cobran mucho menos” ha motivado también el conflicto.

En su carta abierta, Bezos agradecía el ejemplo a Katharine Graham y prometía a los redactores que el nuevo Washington Post “seguiría las historias sin importar el costo”. Consciente del “valor crítico del periodismo en una sociedad libre”, aseguraba que, bajo su batuta, el Wapo “seguirá persiguiendo la verdad hacia donde quiera que esta vaya”. En pleno debate sobre el modelo de negocio más adecuado para el periodismo de calidad en la era digital, la compra de Bezos del célebre diario hace cinco años continúa despertando desde más o menos sutiles recelos hasta fundadas esperanzas. Según afirmó Marty Baron, “el Washington Post no rehusaría investigar a Amazon”, si fuera necesario. Sin embargo –dice– el periódico no ha localizado nada que merezca tal investigación. Si lo encuentra, despejaremos algunas dudas. La primera de ellas: ¿Parafraseará Bezos entonces a su admirada “Kay” cuando afirmaba que “el periodismo debe servir a los gobernados”?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *