LA NORMA Y LOS MÁRGENES: Entrevista a Paco Tomás

El 26 de julio de 1977, pocos días después de la celebración de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura, unas 4.000 personas recorrieron La Rambla de Barcelona para exigir la abolición de la Ley de Peligrosidad Social. En la marcha, convocada por el Front d’Alliberament Gai de Catalunya, homosexuales, lesbianas y mujeres transexuales –que encabezaban la protesta– eran acompañados por jóvenes libertarios, feministas y sindicalistas. En uno de los carteles, inmortalizado en una instantánea de la célebre fotógrafa Colita, se podía leer: “Nosaltres no tenim por, nosaltres som!” (“¡Nosotros no tenemos miedo, nosotros somos!”). La concentración fue dispersada por la policía –los “grises”–, que dispararon balas de goma contra los manifestantes.

Unos años antes, había comenzado a tejerse de forma clandestina una red de Frentes de Liberación Gay de inspiración marxista a lo largo de toda España. Se iniciaba así el intento por acabar con la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, aprobada en 1970 por las cortes franquistas y que había sustituido a la de Vagos y Maleantes, una ley republicana a la que el régimen añadió en 1954 la persecución a los homosexuales y su “rehabilitación”. En ese “cajón de sastre” –la homosexualidad–, la dictadura incluía también a la transexualidad, a la bisexualidad, el travestismo y demás sexualidades disidentes de la norma.

La consigna que gritaban los manifestantes de La Rambla da título ahora a una serie documental ideada por el periodista y guionista Paco Tomás (Palma de Mallorca, 1967) junto a César Vallejo. “Nosotrxs Somos” pretende recopilar la memoria de la comunidad LGTBI en nuestro país y rendir homenaje a quienes hicieron posible la conquista de los derechos civiles. Recién finalizadas las celebraciones del Orgullo –las primeras con un ministro abiertamente homosexual encabezando la manifestación–, UND_R CONSTRUCTION charla con Paco Tomás sobre la situación actual y los retos de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales en España.

Redacción y elaboración: Javier Corbacho Galán

Fotografía y Audiovisual: Álvaro Rincón Sanz | Vídeo: Primer episodio de la docuserie “Nosotrxs Somos”


UND_R CONSTRUCTION: El lema del Orgullo 2018 ha sido “Conquistando la igualdad, transformando la sociedad”, un claro gesto de visibilidad hacia la realidad de las personas transgénero, apenas unos meses después de que la Organización Mundial de la Salud despatologizara la transexualidad. ¿Por qué es necesaria la puesta en valor de la comunidad trans?

Paco Tomás: El lema de la manifestación estaba decidido antes de que la OMS despatologizase la transexualidad. De todos modos, no la ha desterrado del todo de la lista; la ha llamado “incongruencia de género”. No son considerados enfermos mentales pero se les reconoce una incongruencia; y a lo mejor eso vuelve a instalar otro estigma.

Yo creo que es muy importante porque las reivindicaciones de la población trans siempre han quedado en segundo plano. Creo que en estos 40 años de activismo LGTBI español, las personas trans siempre han tenido que dar un paso atrás en favor de los derechos de gays y lesbianas; y especialmente de gays. El hombre homosexual, al final, ha sido el que más se ha beneficiado del movimiento, a costa del esfuerzo de todo el colectivo. Sucedió en Stonewall [disturbios ocurridos en Nueva York en 1969 en el que la comunidad LGTB, encabezada por mujeres trans y drags, se enfrentó a la policía por el constante hostigamiento al colectivo].

“Aún hay mucho machismo dentro del colectivo LGTB”.

 

Las que se llevaron los palos de la policía en el Nueva York del 69 fueron las mujeres trans y luego, a la hora de obtener visibilidad, ellas se quedaron atrás; incluso gays y lesbianas consideraban que daban una mala imagen de la comunidad. Y volvió a suceder aquí en España en 1977. Cuando se empiezan a conseguir leyes, ninguna toma en consideración al colectivo trans. Me parece que era una deuda histórica del propio movimiento y de la sociedad.

Para bien o para mal, ¿pesan más unas letras que otras? Por ejemplo, la polémica alrededor de la película “Stonewall”, sobre los disturbios. En ella un chico joven, rubio, guapo y blanco inicia las revueltas lanzando el primer ladrillo contra la policía. En la realidad lo hizo una mujer negra transexual…

Paco: Eso es muy peligroso, porque es la alteración del relato. Podemos perder la Historia si alteramos su relato. Ahí es donde nuestro trabajo es fundamental. No se puede contar que Stonewall lo lideró un hombre gay blanco. Porque fueron transexuales, negras, latinas, drags… Lo hicieron, sobre todo, las discriminadas.

“El hombre homosexual ha sido el que más se ha beneficiado del movimiento, a costa del esfuerzo de todo el colectivo”.

 

Ahora estoy viendo una serie que se llama “Pose”, la última de Ryan Murphy en HBO, que refleja cómo el gay blanco occidental trataba a las mujeres trans: no las dejaban entrar en sus locales, las consideraban un baile de carnaval… Tenemos que hacer mucha autocrítica para ver cómo nos hemos portado cada uno… Y apoyar la versión de Stonewall de esa película sería una vergüenza para todo el colectivo.

¿Pretende, por tanto, su documental “Nosotrxs Somos” poner en valor el relato histórico, en el que las mujeres trans tienen un papel destacado y ayudar a saldar esa deuda histórica?

Y no sólo la mujer trans sino también las mujeres lesbianas. Toda la historia del movimiento LGTB la hemos protagonizado los varones gays; nos hemos puesto en el foco. Pero nada de lo que hemos conseguido hubiese sido posible sin los hombres y mujeres transexuales, sin la mujer lesbiana, sin los hombres y mujeres bisexuales…

Los hombres gays nos hemos puesto la medalla, somos los que más salimos en la tele, somos los que tenemos más atención de los medios, etcétera, cuando las libertades de las que gozamos las hemos peleado todos. En “Nosotrxos Somos” intentamos contar ese relato; no sólo para que perdure sino también para que las generaciones más jóvenes no se olviden. Sólo han pasado cuatro décadas de movimiento LGTB en España pero hay chavales homosexuales de 20 años que no tienen ni idea de cómo se desarrolló. Si en 40 años hemos olvidado nuestra historia, mal vamos. Debemos intentar que esta memoria colectiva perdure.

¿Y a qué se deben esas desigualdades dentro del colectivo?

Pues porque vivimos en una sociedad patriarcal en la que ser hombre, blanco y heterosexual supone nacer con tres privilegios. De entrada, estás en la cima de la pirámide. Si eres negro, o musulmán, o transexual, vas bajando puntos. Pero siendo un hombre –aun siendo homosexual y, por ejemplo, africano–, estarás por encima de la mujer lesbiana africana. Y ya ni te hablo de la población trans. Y esto nos ha beneficiado dentro del colectivo; hemos ejercido ese patriarcado en el movimiento LGTB. Aún hay mucho machismo en el colectivo LGTB.

¿Siguen siendo habituales la transfobia y el machismo en el colectivo?

No debería ser habitual pero existen. No es tan estigmatizante como en otros sectores de la sociedad pero siguen existiendo. Y deberíamos ser conscientes de cuándo los estamos ejerciendo para evitar que continúen.

Y a estas alturas de 2018, ¿podemos hablar de una comunidad LGTB unida o lo diverso lleva a lo disperso?

Yo creo que la comunidad LGTB ha conseguido muchas cosas precisamente porque cuando había que pelear se ha unido. Creo que funciona bien para conseguir cosas. Cuando aparece la crisis del VIH-SIDA, los que empiezan a morir principalmente son los hombres. Y superamos ese bache porque todo el colectivo se suma a una. El movimiento LGTB puede conseguir muchas más cosas porque funciona muy bien en la lucha conjunta. Otra cosa es que cojamos el bisturí y analicemos qué papel ha jugado cada letra, cómo se ha comportado con el resto y cómo se puede mejorar.




No obstante, varios debates muy candentes dividen al colectivo. La gestación subrogada, por ejemplo. ¿Qué opinión tiene al respecto?

Pues esa pregunta es un zarzal… (risas), donde difícilmente puedes entrar sin salir magullado. Yo he transitado en mi opinión. Cuando comenzó a hablarse de este tema, estaba muy a favor. Pero a medida que he ido conociendo más el tema, tengo muchas dudas.

Parece que es uno de los debates que más separa al colectivo; incluso divide internamente a las propias letras…

Quien más acude a la gestación subrogada son las parejas heterosexuales, debido a cualquier tipo de imposibilidad para tener hijos. Lo que sucede es que si una pareja de hombre y mujer aparece con un bebé, no tiene que dar explicaciones porque se presupone, a la vista de cualquiera por la calle, que ha nacido fruto de su biología. Pero los casos de parejas de hombres con un bebé se convierten en la punta de lanza, y es algo injusto. Pero sí es verdad que algunos hombres gays son muy activos en la defensa de la gestación subrogada, porque la ven como una de las pocas posibilidades que tienen de crear una familia. Y lo viven de una manera muy emocional y se entregan a esa defensa de manera muy vehemente. Y esa misma vehemencia es la que emplean otros hombres o mujeres que no están de acuerdo para posicionarse en contra.

Sobre el veto al PP en el Orgullo 2018: “No puedes sujetar una pancarta que no has defendido”.

 

Me parece un tema muy conflictivo, que genera mucho debate y que necesita una profunda reflexión. Quiero que los hijos nacidos de gestación subrogada que ya existen tengan exactamente los mismos derechos que cualquier otro niño; hay que dar salida inmediata a esa realidad. Otra cosa es que luego debatamos si queremos que la gestación subrogada exista en España y bajo qué condiciones.

A medida que pasa el tiempo, tengo más dudas con este tema. Ya no te hablo de la absoluta inmoralidad de las granjas de mujeres en países del Este; te hablo del modelo regulado de los Estados Unidos, donde tú acudes de manera perfectamente legal a una agencia y pagas. Incluso conociendo este sistema, se me abren tantísimas dudas morales. Pero es un debate aún abierto y bloquearlo es un error. Debemos verbalizarlo para no acabar en un enfrentamiento.

Hace menos de un mes, en el Congreso, el intercambio de acusaciones entre la Ministra de Igualdad socialista, Carmen Calvo, y la diputada Patricia Reyes, responsable del área de Mujer de Ciudadanos, no era precisamente sosegado… 

Es muy complicado hablar de este tema porque tiene un gran componente emocional. Si tú recurres a la gestación subrogada para tener un hijo, cuando hablemos de este tema, estaremos hablando de tus hijos. Y uno no puede desvincularse de ese vínculo emocional en estos temas.

Por otra parte, es lógico que Ciudadanos apueste por la regulación, porque cumple con todos sus planteamientos ideológicos. Es un partido puramente neoliberal, según el cual todo es susceptible de ser negocio. Y que todo pueda ser negocio me asusta un poco.

Seguimos con Ciudadanos: en el último Orgullo, el Partido Popular ha sido vetado de la cabecera de la manifestación por las asociaciones organizadoras y la carroza de Ciudadanos ha sido recibida, en ciertos tramos del recorrido, con abucheos. ¿Qué le pasa al colectivo LGTB español con el centro-derecha y la derecha?

Nadie puede vetar a nadie en una manifestación; si el PP quiere ir, está en todo su derecho de coger una pancarta y unirse. Pero lo que no puede es sujetar la pancarta principal, la del activismo, porque no han hecho nada durante todo este año para proponer soluciones. Y el año pasado, firmaron un documento en el que se comprometían a apoyar las reivindicaciones. No puedes sujetar una pancarta que no has defendido. El PP puede sumarse a la manifestación, como el resto. Pero lo que quieren es salir en la foto.

Cuando el veto era definitivo, el consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, Jaime de los Santos Leal, afirmó en la Cámara: “Es una majadería pensar en 2018 que no se pueda ser abiertamente de derechas, del Partido Popular y abiertamente gay. Yo lo soy”. ¿Qué decirle a una persona LGTBI que quiera que el partido al que vota forme parte de su manifestación?

Pues que cambie desde dentro a su partido. Como ciudadano, cualquiera tiene derecho a unirse a la manifestación. Pero como organización, en nombre del Partido Popular…

Estoy convencido de que se puede ser de derechas independientemente de la orientación sexual, que no tiene nada que ver con la ideología. Pero se necesita un mínimo de coherencia. Casi la inmensa mayoría de los partidos europeos de derechas –salvando a los que tienen un signo extremista, como el Frente Nacional y demás– han votado a favor de reformas que tienen que ver con el colectivo LGTB. David Cameron [fue primer ministro del Reino Unido] dijo que estaba a favor del matrimonio igualitario no a pesar de ser de derechas sino precisamente por ser conservador y, por tanto, estar a favor del matrimonio. Eso no lo ha dicho jamás el Partido Popular, que presentó un recurso en su contra ante el Tribunal Constitucional. Y luego, cuando Javier Maroto [vicesecretario del PP en el País Vasco, abiertamente homosexual] se casa, van a su boda. Yo pensé que aquella era una oportunidad de oro para que Rajoy dijese: “Hemos visto el amor que se tienen estas dos personas y queremos pedir disculpas porque el PP se equivocó”. Y habrían ganado decenas de miles de votantes. Pero no lo hacen porque tienen miedo a la rama dura del partido. Esa rama ya se irá a VOX o a donde se tenga que ir. Pero no puede ser que la derecha democrática española siga siendo la que siempre vota que no a cualquier reforma que tiene que ver con la mujer, con los derechos de la población LGTB… Por eso también les está comiendo terreno Ciudadanos.

Otro debate: la “mercantilización” del Orgullo. Plataformas antisistema como Orgullo Crítiko acusan al MADO (el Orgullo de la capital) de “despolitización” y “pérdida de valores reivindicativos a favor del enriquecimiento de un grupo de cuatro empresarios del ocio”. La activista Shangay Lilly ya hablaba de “capitalismo rosa”… ¿Se ha perdido el componente reinvindicativo del Orgullo?

No es como era; sí se ha perdido gran parte de ese potencial reivindicativo. Pero no es un problema del Orgullo español; pasa en casi todos los Pride. El World Pride –que el año pasado fue en Madrid y el que viene, en Nueva York, para conmemorar el medio siglo de Stonewall– lo gestiona una empresa, que decide la sede de cada año. Y evidentemente, tiene ánimo de lucro, que utiliza la marca para comercializar. A mí eso sí me preocupa.

Que haya merchandising del Orgullo no me preocupa tanto; vivimos en una sociedad capitalista donde todo se mercantiliza y me parece lógico. Ni siquiera la Iglesia católica ha podido evitar que la Navidad o la Semana Santa se conviertan en un negocio tanto para quien cree como para quien no cree. Y con el Orgullo ha pasado igual. Pero imagínate que cuando se acerca diciembre, la Iglesia te dice que ella tiene el copyright de la Navidad y que si tú quieres poner un adorno, les tienes que pagar un canon. Pues eso ha pasado con el Orgullo y lo que no puede ser es que cuatro o cinco personas lo estén gestionando. No puede ser que cuatro o cinco empresarios decidan cómo debe ser el Orgullo.

Hay un movimiento que se ha generado este pasado Orgullo cuyo lema es: “Sin cultura no hay Orgullo”. Creo que esa es la clave. Sin reivindicación de nuestra cultura y nuestra memoria histórica el Orgullo deja de tener sentido. Las marcas participan sólo porque somos rentables. Pero si nos quitasen derechos, no van a salir a la calle las marcas a defenderlos.

No obstante, ¿existe algún beneficio para el colectivo en esa simbiosis con las marcas? Visibilidad, seguridad, atención mediática…

Cuando los colectivos y asociaciones de activistas reclaman ante los políticos una ley de parejas de hecho –te recuerdo que veníamos de una situación en la que, si uno de los miembros de la pareja moría a causa del VIH, el otro no tenía ningún derecho–, las autoridades les preguntan: “¿Pero vosotros a quién representáis? Si sois cuatro”. El Orgullo es un aval fundamental para demostrar que no somos cuatro. Y esa suma de gente ha conseguido que se logren muchas reformas a nivel político. Lo que sucede es que, en un sistema capitalista, esta masa de personas es susceptible de convertirse en un negocio.

Por suerte, en España, el Orgullo lo organizan dos asociaciones activistas junto a los empresarios. Gracias a esto, la cabecera de la manifestación tiene un lema reivindicativo. Si se lo dejásemos sólo a los empresarios, buscarían un eslogan para vender. Así que tenemos que buscar un equilibrio; los empresarios dinamizan este evento pero si decidiesen todo, se convertiría en un centro comercial.

Se habla de que “aún queda mucho por hacer”. ¿Por qué asuntos debe circular el camino hacia la igualdad real?

La educación, como te digo, es fundamental. Pero necesitamos la no discriminación. Existen leyes de protección pero luego se impiden adopciones a parejas homosexuales en determinadas partes del mundo. O el año pasado, circuló por media España el autobús tránsfobo de Hazte Oir.

¿Y cómo ha vivido la aparición de referentes abiertamente LGTB en los últimos años –Javier Calvo y Javier Ambrossi participan en el documental– frente a unos inicios en los que era una cuestión estigmatizante y tabú?

Me parece fundamental. Los referentes son un pilar esencial, sobre todo para los más jóvenes. Cuando yo crecía, pensaba que era el único. Y no podemos consentir que esto suceda en 2018. Hace falta más, que la diversidad afectivo sexual y de identidad de género entre en las escuelas para que niños de cinco, diez o catorce años sepan que no son bichos raros.