ESTA ESPAÑA NUESTRA: Entrevista a Luis del Val

Parafraseando la más famosa canción de Cecilia, el escritor y periodista Luis del Val (Zaragoza, 1944) acaba de publicar “Mi querida España” (Espasa), libro en el que pretende analizar las “paradojas e impresiones” que le produce  “el país más antiguo del mundo”.

Su primera página es ya toda una declaración de intenciones. En ella, cita los versos censurados –“esta España viva, esta España muerta”– del tema de Evangelina Sobredo Galanes –lo de Cecilia es puro nombre artístico– como recordatorio de las contradicciones, los absurdos y los vertiginosos cambios que pueblan nuestra Historia.

Para analizar los contrasentidos e ironías del sentir patrio, del Val repasa también el “dolor por España” de los noventayochistas, la elección de los colores de la bandera por parte de Carlos III, la mística que rodea a la Tauromaquia, los complicados malabarismos de la Transición y sucesos más recientes como la proclamación de la fugaz República catalana o la ruptura del bipartidismo.

Maestro por licenciatura y galardonado novelista, fue político ocasional –fundador del Partido Social Demócrata Aragonés y diputado de UCD entre 1977 y 1979 – y “periodista chusquero” en Diario 16, El País, Interviú, Tiempo o el Hoy por Hoy de Iñaki Gabilondo. Siempre polémico –hay quien sigue sin perdonarle su copla en la que calificaba como “maricones de mierda” a los miembros de Orgullo Vallekano en el matinal de Carlos Herrera en COPE–, Luis del Val se lanza ahora a analizar –“subjetivamente, con humor y algo de amor”–  las paradojas de España y los vicios y virtudes de los que habitan –habitamos– en ella.

Elaboración, redacción y fotografía: Javier Corbacho Galán


UND_R CONSTRUCTION: 20 de junio de 2018. ¿Cómo está la salud de su querida España?

Luis del Val: Muy bien. Están todos alborotados fotografiando y recibiendo inmigrantes en Valencia pero en otro lado, donde han entrado 3 veces más [Andalucía recibió casi un millar de inmigrantes en pateras en menos de 48 horas], hay menos fotógrafos y técnicos de Cruz Roja y la Guardia Civil se las veía y se las deseaba. Encuentro una cierta desigualdad en las bienvenidas. A los que han llegado al sur de la Península, los han metido en buses y los han distribuido por otras tierras –principalmente, Cataluña– de España. Aunque si un secesionista escuchara que me refiero a Cataluña como “una de las tierras de España”, sufriría un infarto y tendría que llamar a Urgencias.

¿Y cómo está la salud de su querida Cataluña?

Luis: Está muy bien. Hay quien se cree que van a conseguir todas las cosas que no consiguieron antes. Hay quien se está gastando el dinero de los contribuyentes en mantener las Embajadas de la Señorita Pepis [el Govern anunció la reapertura de las delegaciones de la Generalitat tras la anulación del artículo 155 en Cataluña]. Es un nacionalismo “de Lego”; poner embajadas por el mapa, por aquí y por allá.

“Albert Rivera me gusta mucho. Aunque tengo con él una espinita clavada: se cargó uno de los elementos clave en un Estado de Derecho como es la presunción de inocencia”. 

 

En las últimas semanas, su querida España cambiaba de Presidente, de Consejo de Ministros y hasta de seleccionador de fútbol. ¿Cómo valora tanto cambio?

Corresponden a la manera de reaccionar del fútbol y de la política; ámbitos donde gusta mucho la desmesura. Hace unos días, escribía en ABC que al fútbol le gusta la galerna y cuando hay marejadilla, aburre. El fútbol-espectáculo está regido por personas que no se distinguen por su señorío o delicadeza. Los presidentes de los clubes o de la Federación Española son un reflejo de ello. Y la reacción que tuvo el Presidente de la Federación es la propia de una persona que no es un gentleman ante un ataque de celos; sin saber que con ese gesto de soberbia también perjudicaba a la Selección. Mal por la falta de discreción del Real Madrid y mal por la reacción de soberbia –muy de “aquí mando yo”– del Presidente de la Federación.

Fútbol y política… Quizá los dos ámbitos que más acaloradas discusiones provocan en su querida España.

De física cuántica hablamos poco porque no entendemos. Pero de fútbol y de política hablamos mucho porque nos creemos que sabemos, aunque no es verdad. En cualquier bar de España, en un rincón, hay siempre un “seleccionador en potencia” que, ante cualquier problema, desde lo futbolístico hasta la inmigración, espeta: “Esto lo solucionaba yo con dos cojones y en cuatro meses”. No sé por qué casi siempre el número de meses suele rondar el doble del de las gónadas pero la proporción suele ser algo así (risas).

“Presentar la Segunda República como ese edén al que hay que volver es infame”.

 

En su libro, afirma que la dictadura franquista se apropió de los símbolos de la nación: los toros, la copla, la bandera, el himno… Y que, actualmente, al rechazar la dictadura, se tiende a rechazar todo ese pack. ¿Se puede desintoxicar estos símbolos de sus connotaciones franquistas y convertirlos en transversales?

Es muy difícil. Me recuerda a la banalización de la sexualidad, que tiene su origen en los anuncios publicitarios de mitad del siglo pasado, en los que el elemento erótico estaba muy presente. Y cuando vemos que ese elemento sexual sirve para todo –comprar un coche, comprar una lavadora…–, creemos que lo erótico va ligado a los electrodomésticos, los perfumes o los automóviles.

La dictadura se apropió de todos esos símbolos y eso, sumado a nuestros complejos de catetos, que provocaba decir en el extranjero que eras español casi ruborizándote; nos llevó a querer ser gente moderna que entendiese mucho de Billie Holiday o de Louis Armstrong.

Una de las iniciativas más recientes, y quizá más potentes, para poner en alza la bandera y el himno nacional ha sido la plataforma España Ciudadana, promovida por Ciudadanos. Rivera defendía un “patriotismo civil similar al de Obama y Macron”. ¿Qué le parece esta iniciativa?

A mí Rivera me gusta mucho. Aunque tengo con él una espinita clavada que, por poco que me presionen la piel, me sale rápidamente. Con ese entusiasmo de los jóvenes por arreglar las cosas, se cargó uno de los elementos clave en un Estado de Derecho como es la presunción de inocencia. Nadie es culpable hasta que lo demuestre una sentencia. Y él, con ardor y entusiasmo juvenil, dijo que cualquier persona que estuviese imputada era ya casi reo y culpable. Y eso me pareció terrible. La presunción de inocencia se ha convertido, en el caso de los políticos, en presunción de culpabilidad.

¿Y la España Ciudadana le parece viable? Cuando fue presentada se le acusaba de “nacionalismo español”, algo que a Rivera le ofendió bastante.

El porcentaje de tontos contemporáneos en España es superior a la media europea. A mí me parece muy bien poner en alza estos símbolos. Símbolos que además son compartidos con los de la Primera República, que también usó la bandera roja y gualda. La mayoría de la gente, al hablar de República, solo habla de la Segunda, que fue la de los pucherazos, la de la extorsión; aquella en la que los escoltas del Ministro del Interior pegaron dos tiros al jefe de la oposición y lo mataron. Presumir de la Segunda República como ese edén al que hay que volver es infame.

“La dictadura franquista se apropió de los símbolos de la nación. Y parece que rechazar la dictadura obliga a rechazar también estos símbolos”.

 

Esa fue la República en la que su Presidente, Niceto Alcalá-Zamora, vio humo a lo lejos, cerca de la Puerta del Sol y preguntó qué pasaba. Habían prendido fuego a una iglesia, le dijeron, y Alcalá-Zamora ordenó que llamasen a los bomberos. Pasa el tiempo y el humo se vuelve más intenso y Niceto vuelve a preguntar por la situación. Los bomberos habían llegado pero los policías que estaban cercando el perímetro de la iglesia no les dejaban entrar, para garantizar que el templo ardiese. Eso también es la Segunda República. Y eso lo cuenta Niceto Alcalá Zamora en sus memorias, quien no es sospechoso de falangista.

Alguna cosa buena le reconocerá a la Segunda República, ¿no?

La principal virtud que tuvo fue la de entusiasmar y hacer creer que se podía vivir mejor. Pero luego se sometió a los extremismos y perdió su sentido y su razón de ser. Y eso que la mayor parte de la clase intelectual del país era republicana. Pero cuando se produce esta estalinización del país, personas como Don José Ortega y Gasset, que había ayudado a implantar la república, acaban diciendo: “No es esto, no es esto”.

Según el ex vicepresidente Alfonso Guerra o el sociólogo César Rendueles, “la izquierda ha regalado la bandera y el himno a la derecha”. 

A la izquierda le da vergüenza la bandera española. Antes de alcanzar el poder en 1982, el PSOE traía consigo todos los prejuicios de la izquierda progre. Por ejemplo, tenían por enemigos a los guardiaciviles pero cuando los socialistas comprendieron lo abnegados, lo mucho que trabajan y lo poco que cobran, se enamoraron de la Guardia Civil. Antes [en el Congreso de Madrid de Mayo de 1979] , Felipe González presenta su dimisión porque ciertos sectores querían que el partido se convirtiese en el PSOE de la Segunda República. Y luego, ganará un Congreso y el PSOE se volverá un partido socialdemócrata, como el resto de partidos socialistas europeos, y no una formación marxista-leninista.

Además de esto, sucede que la derecha, en casi todo el mundo, se ha vuelto un poco socialdemócrata y está arrebatando a la izquierda algunas banderas que parecían exclusivas de ésta. Un ejemplo concreto: la persona que ha mandado construir más kilómetros de metro ha sido un político conservador, Alberto Ruiz-Gallardón [presidente de la Comunidad de Madrid desde 1995 hasta 2003 y alcalde de la ciudad desde 2003 hasta 2011]. Sí es cierto que en la socialdemocracia tiende hacia una mayor protección del trabajador y la derecha, hacia el liberalismo y a la organización de la vida de cada uno en función de su emprendimiento, sus convicciones o su entusiasmo. Eso es lo principal que les enfrenta; por lo demás, ambos aceptan el sistema capitalista, que permite las más altas cotas de libertad y bienestar. Claro que hay sectores desfavorecidos de la población, pero menores en comparación con otros regímenes.

“El catalán es un nacionalismo ‘de Lego’: poner embajadas por aquí y por allá del mapa”.

 

En la vida hay que optar por la revolución marxista-leninista y la colectividad o por establecer correcciones como los impuestos, las prestaciones o el reparto de la riqueza. Hacienda es como Robin Hood –reparte el dinero de los más ricos entre los pobres–; lo que sucede es que a quien más machaca el sistema fiscal es a las clases medias, cuyos ingresos están a la vista mientras que ciertos sectores de las clases altas saben cómo escaquearse.

Pedro Sánchez fue duramente criticado por mostrar una bandera española en uno de sus mítines y ciertos miembros de Podemos emplean el término “Estado” en vez de aludir a España. ¿Qué le pasa a la izquierda con la bandera y demás símbolos?

Es infantilismo político y algo cateto. Lo mejor que hizo uno de los mejores políticos que ha tenido este país, Rodolfo Martín Villa, fue cambiar el color de la Policía Nacional; del gris al azul marino. El grito: “¡Que vienen los grises!”, referido al color del uniforme de los agentes, era algo común entre los universitarios y las personas con inquietudes culturales opuestas a la dictadura. Y “los grises” –junto al ejército, poco profesional y desperdigado por España– sostenían a la dictadura.

Hoy, el Ejército es uno de los sectores del país con mejor formación. Un general suele tener una o dos licenciaturas, conocer varios idiomas, haber viajado al extranjero… Actualmente, un general es una persona más culta que ese profesor de Universidad aparentemente progresista que no ha salido de su Facultad desde que le dieron la plaza.

Una ilustre y tonta alcaldesa de una ilustre ciudad fue a una feria de empleo y se indignó al ver un stand con dos militares. Las tropas españolas, con militares cualificados, participan en diversas misiones en múltiples puntos del planeta. Tener prejuicios con un militar solo por el hecho de que lo sea es igual de estúpido que atacar al portero de tu comunidad de vecinos; el que guarda tu casa.

Por otra parte, hay quien cree que esta situación se deriva de la Transición, a la que tanto alude en su libro. A la izquierda, hasta entonces clandestina, se le hace “tragar” una monarquía impuesta por el propio Franco, una corona en la bandera o el mismo himno, aunque sin letra.

Eso lo cree parte de la izquierda.

Sí, ciertos sectores de la izquierda española. No todos.

Sí, la izquierda más analfabeta; la izquierda “gestual”, la izquierda adanista de los que creen que, como han aparecido ellos, van a arreglar el mundo.

La bandera rojigualda la admite Santiago Carrillo, líder del Partido Comunista de España. El PCE estaba muy dentro de las instituciones españolas: el catedrático Ramón Tamames, ilustres periodistas como Eduardo García-Rico… Y eran gente de mucha valía en múltiples campos. También había gente muy válida, que fue perseguida, en sindicatos como Comisiones Obreras. Y algunos fueron encarcelados e incluso torturados. Y fueron los comunistas los que declararon la reconciliación nacional y quienes ayudaron a la implantación de la democracia. Santiago Carillo conocía el comunismo moderno de países como Italia, donde había muchos alcaldes del partido y eran políticos pragmáticos, que no tenían en mente crear una nueva Siberia ni establecer un régimen totalitario. Y ese espíritu es el que ayuda a implantar Santiago Carillo.

El PSOE, sin embargo, apenas tenía protagonismo a principios de los 70. El partido estaba en las catacumbas, casi a excepción de figuras como Nicolás Redondo en el País Vasco, que le sirve en bandeja a González la elección en Suresnes [Congreso del PSOE celebrado en Francia en el que Felipe González es elegido líder del partido].

Y hay quien considera una traición esta aceptación por parte de Carrillo de la Monarquía, el himno y la Constitución. Alberto Garzón, coordinador federal de Izquierda Unida, se pronuncia en estos términos, por ejemplo.

No es que tuviesen que tragar; fue mirar al futuro. Y es que mirar al pasado, como hace la Ley de Memoria Histórica, no nos conduce a nada. Alemania pasó por una circunstancia aún más cruel y dramática que la de la Guerra Civil Española. Y han pasado página. Yo no me imagino ahora a la socialdemocracia alemana investigando quién colaboró con el movimiento nazi. Que se lleven a Franco del Valle de los Caídos, vale, me parece bien. Al Pardo o a donde quieran. Pero intentar adoctrinar diciendo que uno de los bandos era virginal y el otro estaba lleno de asesinos es absurdo. Ese maniqueísmo es absurdo, imbécil y cateto. Hay que leer más a los hispanistas británicos o a Eslava Galán [autor del libro “Una historia de una guerra civil que no va a gustar a nadie”] para saber qué pasó en la Guerra Civil.

El nuevo gobierno socialista se plantea reformar la Ley de Memoria Histórica y dotarla de medios, algo que el Gobierno anterior rechazó incluir en los Presupuestos…

Pues van a tener que buscar cómo conseguir bastante dinero, porque en Paracuellos hay casi 2.000 muertos que no se sabe muy bien cómo fueron fusilados. Se fusiló mucho y con mucho entusiasmo por ambas partes…

En mi ensayo “Prietas las filas”, también de Espasa Calpe, contaba la historia de Roberto, una especie de alter ego, cuya familia tenía un ala simpatizante del bando republicano y otra, afín al sublevado. Los entusiastas nuevos historiadores desconocen que la mayoría de la gente no eligió bando; le tocó en función de la zona en la que vivía. Y un tío materno de este Roberto es fusilado porque encuentran un carné de UGT con su nombre y un joven miembro de la familia paterna es detenido –porque no tenía callos en las manos– y fusilado cuando descubren que es seminarista. ¿Vamos a establecer una Ley de Memoria Histórica para recordar lo salvajes que fuimos?

¿Ni siquiera para cerrar heridas definitivamente?

Ni siquiera para eso. No creo que así se cierren heridas; así se van a abrir. Que hagan lo que quieran pero que no nos intenten vender que había un bando virtuoso y otro bando lleno de violadores y asesinos.

El Ministerio de Interior, con Grande-Marlaska a la cabeza, se plantea retirar la Medalla de Honor al mérito policial. Fue entregada en 1977 –por parte de Martín Villa– al inspector de la Brigada Político Social “Billy el Niño”, acusado de torturas. 

No conozco la trayectoria de “Billy el Niño”. Al actual Ministro de Justicia –con quien coincidí en unas jornadas en Canarias sobre libertad y justicia y compartí un vino antes de la cena– lo considero un buen juez y sé que es muy amigo de Baltasar Garzón, quien es un juez indigno. Garzón fue quien ordenó las escuchas a los abogados defensores de una causa que estaba instruyendo; algo atroz y reprobable. Y ahora sigue enfadado porque Felipe González le ofreció la cartera de Justicia y luego no se la dio. Creo que está resentido.

Y con respecto a “Billy el Niño” y la polémica medalla…

Yo sé que “Billy el Niño” se ha jugado la vida. Yo no sé si torturó, no torturó…

Por ahí hay un juez que dice que tiene claro que en España se torturó a presos que eran miembros de ETA [El magistrado de la Audiencia Nacional José Ricardo de Prada considera que “la tortura se ha producido de manera clara” contra miembros de la banda armada]. Si tan claro lo tenía, debía haberlo denunciado en el Juzgado más próximo. Yo, como humilde ciudadano y periodista, si hubiera tenido dichas pruebas, lo habría denunciado.

“No creo que la Ley de Memoria Histórica cierre heridas. Las vuelve a abrir”.

 

Y con respecto a Grande-Marlaska y su intensa amistad con Baltasar Garzón, creo que le puede llevar a nombrar a jueces o fiscales amigos también de este juez infame, lo que me hace sospechar que, más que nombrar a los más capaces, está nombrando a los más amigos; algo que en los negocios es malo y en la política, peor.

Hablaba usted antes de libertad y justicia. ¿Cuál es el estado de la libertad de expresión en la España de 2018? El Observatorio contra la LGTBfobia le denunció a raíz de su polémica coplilla…

Todos los perseguidos se convierten con el tiempo en perseguidores. Le pasó a Israel. Tengo amigos judíos pero he de reconocer que, a veces, Israel olvida su persecución y se convierte en perseguidor. Yo sufrí persecución por la liga de lesbianas, gays y transexuales –y demás variantes que me veo incapaz de comprender–. En el fondo, se trata de una especie de suspicacia que sienten las personas que han sido perseguidas. Y lo han sido; y yo les defendí cuando lo eran. Pero que, ante cualquier crítica, crean que uno es Torquemada es de tonto contemporáneo.

“Pitar el himno de España es una grosería y debería ser denunciable”.

 

A mí lo que me preocupa es que Internet, que para difundir las cosas que pasan es una gran herramienta, no tiene solvencia; cada uno puede decir lo que le apetezca desde “la trinchera de los cobardes”. Mis artículos en Europa Press o ABC y mis intervenciones en la COPE están firmadas y me hago responsable de ellas y estoy dispuesto a que me denuncien o demanden. Los cobardes son los que se esconden en Internet y ese es el gran problema. Por cosas como esta, la libertad de expresión está perjudicada; por una hegemonía totalitaria de lo políticamente correcto. Ahora hay que decir que uno es feminista, decir que el cine español es magnífico, no lanzar ni la más leve crítica a un solo sindicato ni a la liga de gays y lesbianas, tienes que querer que vengan todos los inmigrantes y no te tiene que gustar esto de la bandera española…

Hay un totalitarismo estético. Y ahora, hay quien emplea la cursilada –que ya se empleó en la Transición– de hablar del Estado, para que no se molestasen vascos y catalanes. Yo ya tengo una edad y no espero agradar o no agradar a unos o a otros.

¿Y se ha sentido perseguido?

Yo lo sentí por mi hijo, principalmente. Hizo un seguimiento en redes y contó 1.835 amenazas. Pero los cobardes que se esconden tras la pantalla me parecen pobre gente.

¿Y cambiaría algo de la coplilla o se reitera?

Me reitero.

Precisamente sobre libertad de expresión: en su libro, aboga por multar a quien pite el himno nacional pero la Audiencia Nacional absolvió a Santiago Espot, promotor de la pitada al himno de España y al Rey en la final de la Copa del Rey de fútbol de 2015. Espot fue condenado inicialmente por el juez central de lo Penal a una multa de 7.200 euros por estos hechos, ahora ya anulada por la Audiencia.

Bueno, tienen su criterio…

Quizá es cuestión de criterios…

Yo tengo uno distinto al de la Audiencia Nacional y espero que no se me encarcele por considerar que pitar el himno de España es una grosería, una falta y que es denunciable; mucho más grave que pasarte 30 minutos en un aparcamiento indebido. No hay ningún país democrático y occidental, como Francia, EEUU, Reino Unido o Alemania, que lo permita. Ahora, si nosotros lo permitimos porque la Audiencia Nacional lo dice, pues me parece mal por su parte y creo que la Audiencia Nacional está equivocada.

Por último, le pido un augurio. ¿Cómo se imagina su querida España dentro de 20 años?

Llena de populismo.

¿Tan pesimista es usted?

No creo ser pesimista. Creo que han calado. Y hablo de populismos de derechas y de izquierdas. Se lee poco, se discurre poco, la demagogia campa a sus anchas… Solamente me basta con observar que las fantasías irracionales del secesionismo catalán han calado en el 43% de una población alfabetizada.