Mujeres delante y detrás de la cámara. De y sobre el terreno.

La Cineteca de Matadero Madrid ha acogido la IV Edición del Artículo 31 Film Fest, con una variada programación dentro y fuera de la pantalla, que busca plasmar un año más a qué se enfrentan los voluntarios de Médicos del Mundo, asociación organizadora del evento, en su labor en más de una decena de países. Precisamente la vulneración de los Derechos Humanos, que nos llega como ecos fragmentados, pone texto a este artículo “que falta” en la Declaración Universal y que da nombre al festival, queriendo subrayar esa idea no escrita de denunciar la violación de los treinta anteriores; algunos tan básicos como el de la salud, la intimidad, el de asilo o la libertad de movimiento.

Elaboración: Rosalía Del Olmo de Vicente

Imágenes: Artículo 31 Film Fest


Comenzando con la exposición fotográfica de Camila Espinel “Mi lucha, vuestra lucha”, que nos recibe con la fuerza de las mujeres africanas en contra de la mutilación genital femenina, el festival busca precisamente esta denuncia; abrir los ojos al público a través de proyecciones de largometrajes y cortometrajes de valor documental que arroja luz sobre aquellas personas que reivindican su presencia en los medios, sea cual sea su situación social o geográfica.

El periodismo internacional entra obligatoriamente en escena a la hora de informar sobre conflictos y crisis humanitarias, al calor de ser “una voz del cambio”, que abre en nuestro panorama de medios las cuestiones de qué contar, cómo contarlo y, sobre todo, sobre quién contarlo. La periodista Marta Arias presentaba así el taller “Voces para el cambio” la mañana del sábado 14 de abril y quedaba abierto el diálogo en la sala Azcona.

¿Qué cambio buscan estas voces? Incluir en vez de connotar negativamente a través de experiencias y movimiento sobre el terreno.

¿Y por qué mujeres y periodismo? “El periodismo con perspectiva de género es necesario ya que pone sobre la mesa problemas sociales muy graves que afectan específicamente a las personas según su género”. Ejemplos concretos de esta problemática son el feminicidio, la violencia y la explotación sexual de mujeres, niñas y refugiadas; estas últimas como mitad de un heterogéneo y falsamente aglutinado colectivo social desplazado por la guerra, el hambre y todo tipo de violencias más allá de las fronteras de sus países de origen.

“El periodismo con perspectiva de género es necesario ya que pone sobre la mesa problemas sociales muy graves que afectan específicamente a las personas según su género”.

 

La revista Cidob D’afers Internacionals señalaba en un artículo en septiembre de 2017 a la violencia sexual como crimen de lesa humanidad, recalcando su recursividad en contextos bélicos en base a los análisis de caso de Guatemala y Perú.

Se nos presenta así una ecuación, un acontecimiento que tiene dos partes íntimamente relacionadas, con mujeres protagonistas o fuentes de la información y mujeres periodistas que la escriben, la radian o la emiten. Estos elementos fundamentales, la que retrata y la retratada más allá de lo cuantitativo, vertebrarían esta charla-taller en torno a dudas tales como: lenguaje inclusivo, ¿sí o no?, ¿cuándo y cómo?; ¿es compatible el activismo con el periodismo? ¿desvirtúa la profesionalidad del periodista?…

Frente a estas dicotomías, Marta Arias representa un ejemplo de esa periodista sobre el terreno, una reportera internacional “en movimiento”. Califica su profesión como un continuo aprendizaje y recalca la vital importancia de percatarse de lo que falta, de quiénes faltan y aprovechar cada pieza periodística para retratar a una sociedad. Además de permitir recibir el impacto de su realidad, aboga por dejar que te importe como clave del buen periodismo. Un ejemplo concreto de esta visión profesional es el proyecto que se encuentra realizando con la fotógrafa Ana Surinyach, también de 5W, sobre la tradición de las parteras y su asistencia en casas en distintos puntos del mundo, que aún se encuentra en periodo de maduración.

Esta periodista, bajo la etiqueta de freelance desde que se licenció, se encuentra entre el equipo fundador de esta revista de crónica internacionaly ha colaborado con medios de alcance y prestigio también internacional como The New York Times, The Guardian, De Correspondent además de Radio France International, RFI o El Comercio del Perú, además de su presencia en cabeceras nacionales como El Mundo o El País. Otra de las claves que transmite desde el principio es una cuestión muy sencilla: el tiempo, la atención a la edición, que tras la alargada sombra de la crisis del periodismo, parecía olvidada. Las “crónicas a larga distancia” son fruto de lo reposado, de tomar en cuenta al máximo número de personas protagonistas de la información, estén o no acostumbradas a serlo o sean de difícil o fácil acceso.

Cuando hablamos de tratamiento informativo con perspectiva de género en términos de violencia, “tratamos puntualiza Arias la mutilación genital femenina, los atentados contra estudiantes, los ataques con ácido o las violaciones como problema que circunvala todo el tejido social”.

“Su connotación particular ha de ser visible porque alude directamente a la despersonalización de la mujer por medio de estos ataques porque se conciben como “ataques a la propiedad”, por su condición simbólica como un bien social, un objeto, un subalterno postergado. Por tanto, nos encontramos ante una “difícil contabilización de un problema que se oculta sistemáticamente por la “revictimización” de quienes sufren estas violencias por parte de su familia, condenándolas al ostracismo, la soledad y en muchas ocasiones llevándolas a la prostitución e incluso al suicidio”, añade.

“Marta Arias recalca la vital importancia de percatarse de lo que falta, de quiénes faltan como clave del buen periodismo”.

 

Por otra parte, la figura de la refugiada, en la prensa y en el imaginario colectivo, es otro de los epicentros de este taller gracias a la experiencia de Marta Arias en los campos de Calais, al norte de Francia, en 2015. Como marco, la realidad tangible y tremendamente heterogénea de un campo de refugiados, aunque se encuentre casi en el corazón de Europa. El barrio sirio se diferencia perfectamente, como la cartografía de todo un florilegio de nacionalidades, del barrio eritreo, el etíope o el afgano. Son precisamente estos cuadrantes y sus carpas los que ponen en evidencia la rápida simplificación de este exilio que es poliédrico y complejo como el pensamiento de no tener lugar adónde volver. Y en este marco general, una historia particular, la de la ruta de Fátima. Esta joven siria comenzó su camino en solitario y sin recursos hacia Calais. Y la brecha lingüística solo hablaba árabeempeoró con la necesidad de protección hasta reunirse con algún familiar. Esta historia guía “La jungla de Europa, crónica de Arias publicada en 5W. La mediatización de Calais también motivó que se promovieran medidas que contemplasen necesidades específicas de la mujer, como material sanitario o la atención a embarazadas y lactantes así como la constitución de zonas seguras y de información para evitar la violencia sexual en el tránsito por Europa. Diferentes asociaciones gestionaron la presencia de intérpretes mujeres a las que dar cuenta de sus experiencias. Esta precaria situación se replica para la mujer refugiada en campamentos de Hungría, Croacia y Grecia.

Sin embargo recalca Marta Arias–, es vital que, además de tomar en cuenta la compleja composición étnica en el flujo migratorio a la hora de contextualizar y dar datos, se luche contra la continua etiqueta de víctima del migrante y sobre todo de las migrantes. En esa alargada convivencia llena de complicaciones, la autoorganización para compartir conocimientos a nivel profesional o lingüístico no siempre partía de ONGs. Por ello se organizaban en Calais escuelas informales autogestionadas, puestos de ayuda con los trámites legales, primeros auxilios… De ahí la importancia de que el periodista “se quede” y deje de ser un ente tan ajeno y tan extraño a esa cotidianidad para poder apreciar los verdaderos matices.

Refugiado” no es una identidad indeleble, “este problema de percepción requiere en primer lugar una autocorrección que comienza en el periodista” de manera autoimpuesta y en forma de un cambio de discurso. Y esta desmitificación de la figura del refugiado sigue la misma mecánica que la que nos abre los ojos a ver que “no hay una sola mujer” y que, desde luego, no es siempre una víctima”. Este cambio de mirada y, por  tanto, de lenguaje en el tratamiento de hechos noticiosos al respecto, podrían encontrarse en publicaciones como Anatomía de un campo de refugiados: Atención y necesidades editado por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Para acabar con la llamada pornografía humanitaria es necesario conectar con lo humano sin que eso suponga renunciar a la asepsia ni a la profesionalidad. El estatus de activista, sin embargo, sí que podría entrar en conflicto con la anterior máxima periodística según Arias, porque te sitúa en el bando de unos “buenos contra unos malos”, cuando un buen reportaje ha de abarcar cuantas partes sea necesario y posible. “Explicar de dónde vienen las cosas, dar datos y contexto y dejarle al lector los adjetivos como un voto a su favor”. Citaba informalmente a Agus Morales, director de 5W para calificar a la xenofobia y al paternalismo como los dos grandes pozos negros del periodismo. Los refugiados, en definitiva, “no necesitan ser rescatados por un periodista”.

“De ahí la importancia de que el periodista “se quede” y deje de ser un ente tan ajeno y tan extraño a esa cotidianidad para poder apreciar los verdaderos matices”.

 

La segunda derivada del taller retomaba la cuestión del protagonismo de la mujer en el interior de información además las ventajas de ser mujer a la hora de recoger información en sectores tradicionalmente menos atendidos por los medios. Para embarcarnos en la cuestión del periodismo de género a la hora de tratar conflictos o violencias, se dejó claro que es imprescindible una primera definición de términos. El primero, feminicidio como uso correcto de la lengua. Este término apareció por primera vez en una publicación de prensa en 1801 en Reino Unido, pero adquirió su valía política con la obra Femicide. The politics of Women Killing, de la activista sudafricana Diana Russell y Jill Radford, bajo la definición de “mecanismo de control, sujeción, opresión, castigo y agresión dañina que a su vez genera poder para los hombres”.

La oficialidad el término feminicidio es el motor del propio conteo de muertes de mujeres y de número de víctimas de violencia sexual. El porcentaje es especialmente alarmante en América Latina, con 14 de los 25 países con las tasas de feminicidio más elevadas. Organizaciones estadísticas como Atlas de Género revelaron en 2017 que casi un 63% de las mujeres mexicanas mayores de 12 años había sufrido violencia de género a lo largo de su vida.

El taller de Voces para el periodismo en definitiva aúna todo tipo de violencias institucionales a partir “pequeñas historias con grandes implicaciones” de 5W, las cuales nos pueden situar en las casas de pique colombianas de Puente Nayero desde la crónica de Marta Arias La calle que se construyó sobre la basura hasta los locales de alterne nepalíes en Las esclavas sexuales de Nepal, reportaje escrito por Igor G. Barbero. También hablamos de metodología periodística, de cómo evitar los estereotipos de género que victimicen al “otro” elegido a través del enfoque, el lenguaje y el tratamiento informativo y el rechazo de publicidad sexista en los medios. Son prejuicios que florecen antes y después de la crisis del periodismo y todavía hoy fomentan la materialización de “espacios sin voz”, que niegan la variedad de roles o anulan la lucha por conseguir testimonios de fuentes primarias mujeres sin la constante reinterpretación o participación de un hombre testigo.  

“La xenofobia y el paternalismo son los dos grandes pozos negros del periodismo”.

 

Pero ¿existen contraejemplos? “Claro que sí”. Arias apuntaba que la normalización de la presencia de la mujer en los medios es vital para que lleguen a nuestros ojos y oídos nuevos perfiles políticos como el de Fadumo Dayib, aspirante a la presidencia de Somalia, o el de Marichuy Patricio, la candidata indígena a la presidencia mexicana. Ese “romper con la tendencia” es también visibilizar las amenazas y ataques a mujeres en el contexto político y mediático. Y esto incluye, por supuesto, a Doris Valezuela, activista colombiana que tras conseguir asilo en España, fue asesinada por su marido por su petición de divorcio.

A lo señalado y ya en España, se le suma al preguntarnos sobre quién escribe las noticias. Según el Informe del Global Media Monitoring Project (GMMP) de 2015, solo un 24% de lo que se leyó, vio o escuchó en el escaparate de medios estaba elaborado por mujeres. Lo que se propone en definitiva es un ejercicio de repensar en las mujeres para salir de la retroalimentación, a romper el techo de cristal que posiciona en primer lugar a fuentes expertas casi exclusivamente masculinas. El reconocimiento de la labora periodística también aparece desequilibrado a la hora de nominar y entregar premios al mérito profesional de periodistas. Esta dinámica está tomando una lenta carrerilla, refiriéndose Marta Arias a al XXXIV Premio Cirilo, donde resultaron finalistas Natalia Sancha, Cristina Sánchez y Enrique Serbeto. Los premios, tanto como las bases de datos de expertas tales como Hay Mujeres, Agenda d’ Expertes y Women also know stuff, son unos de los canales más efectivos para la visibilización.

Al fin y al cabo, Marta Arias, la mujer reportera en territorio extranjero constituye un tercer género, un género a cual también hace referencia Mónica Prieto. La reportera mujer de internacional escapa a las restricciones culturales asociadas al género femenino en determinadas geografías y toma lo mejor de los dos mundos. Así, la reportera mujer consigue que una mujer local  la vea como una igual y, al hilo de la empatía, ensancha las posibilidades de conocer qué piensa, sabe y qué ha visto esa fuente que quizá enmudecería en otro tipo de situación.

Avanzamos de la teoría a los consejos prácticos que nos permiten actuar como periodistas al compás de una convicción estilística y deontología de la profesión. Viramos de la importancia de las fuentes al propio lenguaje que les otorga presencia. “Tengo que mimar las palabras, porque es con lo que trabajo”. Marta Arias nunca se cansará de repetir esto, el propio lenguaje es pensado como reflejo de la sociedad y esta circunstancia va más allá de cualquier manual como la Guía de Comunicación no sexista, editado por el Instituto Cervantes.

“La mujer reportera en territorio extranjero constituye un tercer género que escapa a las restricciones culturales asociadas al género femenino en determinadas geografías y toma lo mejor de los dos mundos”.

 

El lenguaje para conseguir transmitir todo lo anteriormente mencionado no conseguirá extenderse si no se interioriza a partir de un primer momento, como decíamos, de autoimposición. El objetivo último siempre ha de ser facilitar la lectura, pero esquivando de manera conveniente el conocido como “Síndrome de la Impostora”, aquel que pende sobre mujeres que ocupan puestos tradicionalmente masculinos.

Por todo ello, Voces para el cambio ha perseguido subrayar el trabajo de la periodista internacional sobre el terreno, gracias a  textos como No Woman’s Land: On the Frontlines with female reporters editado por Hannah Storm con la coordinación del International News Safety Institude o el informe sobre Violence and harrassment against women in the news media de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios. Otras referencias bibliográficas recomendadas incluyen a la inmortal Martha Gellhorn en Cinco Viajes al Infierno o Contarlo para no olvidar, un diálogo de Mónica G. Prieto y Maruja Torres donde se discute “sobre lo humano y lo divino y lo bueno y lo difícil”, como dice Arias, de la profesión periodística.

En el mundo del periodista freelance, profesionales que gozan de una liberad que carece de red de seguridad, se levantan los siguientes carteles de “se recomienza encarecidamente”: “Aprended idiomas y documentaros sobre el lugar que vais a visitar, porque nunca será suficiente.Una mera camiseta negra – nos cuenta – puede cerrarte muchas puertas, por ejemplo, en el extrarradio rural colombiano porque es el color del ejército”. “Dadle tiempo a la historia”, expresaba así Arias su absoluta preferencia por las crónicas cocinadas a fuego lento. “Además, elegid las batallas donde queréis invertir vuestra energía y contratad un seguro, porque nunca pasa nada hasta que pasa”, dice la reportera internacional haciendo referencia a varios ofrecidos por Periodistas sin Fronteras.

Tengo que mimar las palabras, porque es con lo que trabajo”. 

 

“Habla con la gente local pero vela por la seguridad de las personas que están allí. Tú te marcharás, pero ellos no”. El contacto previo es indispensable, pero es recalcaba Arias que como periodista y, por tanto, como figura extraña, con tu presencia en ambientes hostiles hay muchas posibilidades de poner en peligro a quien te trae al lugar. Sin los pasos adecuados, puedes generar desconfianza y la sospecha de que “solo estás allí para vender su historia”. Finalmente, basta con decir siempre qué quieres hacer, para qué y dónde será publicado, para que se pueda hacer un seguimiento posterior de lo que grabas. También supone aprender que vayas donde vayas, tu historia puede caerse a veces sin contrapartida o a veces revelando un hilo mejor, que te llevaba a otra historia, quizá más profunda, que se ocultaba detrás. Ante todo, nos recomienda acercarse con humildad y con la intención subterránea de vencer el estereotipo de la figura de la periodista en el terreno como alguien en peligro constante, porque citando a la periodista Tina Susman, de los Ángeles Times: “en vez de evitar que mujeres reporteras (vistas como víctimas potenciales de violación) acudan a zonas de conflicto, sus agencias, editores y compañeros debería ofrecer mejores medidas de seguridad”, además de consejos efectivos que las mantengan y nos mantengan sobre el terreno”.

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