YOU HAVE A DREAM: Entrevista a Andrés Rodríguez

El 1 de marzo de 2018, la revista Man On The Moon llegaba a los quioscos con el objetivo de “hablar de los sueños de los hombres”. Detrás de este alunizaje, el cerebro del periodista Andrés Rodríguez, que pretende repetir el éxito de Tapas –su primera creación como editor–, en cuyas páginas se mezcla el lifestyle con el buen comer y que ha llevado en sus portadas a célebres personajes como Tom Ford, Alice Cooper o Rossy de Palma.

De hombres, diseño, cultura y papel, Rodríguez parece saber: fue director de Esquire, editor de Rolling Stone y en manos de Spainmedia, la editorial que capitanea, The New York Times depositó su confianza para lanzar al mercado su revista de estilo T Magazine. E inspirada en ese “gran paso para la Humanidad”, con portadas cuyos protagonistas miren hacia la Luna, con un notable interés por el periodismo y con un eslogan que homenajea a Martin Luther King, Man On The Moon se une a la lista y llega a los quioscos de medio planeta con una versión en castellano y otra en inglés.

Cuando la crisis de la prensa agudiza y el olor a papel parece tornarse un lujo –el último de ellos, cuenta– Andrés Rodríguez se embarca en un proyecto que pretende hablar de tú a tú al –y del– hombre del siglo XXI. Y lo hace siguiendo al pie de la letra uno de los versos de la canción de R.E.M. con la que la revista comparte nombre; como cantaba Michael Stipe: “Aquí tienes un poco de agitación para el que no cree”. 

Texto de cabecera: Javier Corbacho Galán

Elaboración y redacción: María Isabel Sesmero Ortega

Fotografía: Agradecimientos a Andrés Rodríguez, manonthemoonmag.es y spainmedia.es


UND_R CONSTRUCTION: A la vista de los siguientes datos: “La Vanguardia” sólo vendió en enero 21.668 ejemplares; “ABC”, 52.027; “El Mundo”, 56.624 y El País, 86.233; ¿por qué lanzar ahora una revista impresa? ¿No es arriesgado en lo que parece el definitivo asentamiento de la crisis del papel?

Andrés Rodríguez: No; la gente tiende a meter en el mismo saco cualquier cosa que esté hecha con papel, pero no es lo mismo un libro en papel que un periódico en papel o que una revista en papel, ni es igual un periódico deportivo en papel que uno nacional. Tampoco es lo mismo una revista como las que yo edito, de alta gama, que una revista del corazón. Entonces, como tal, no está en crisis el papel sino algunos de esos formatos.

Está en crisis la idea de que para enterarte de una exclusiva hace falta ir al quiosco a comprar un periódico. Una revista como esta –que en vez de llevar en portada la última exclusiva pone a un mono– responde a la motivación por la que algunos siguen yendo al quiosco: querer estar a la última, leer las cosas seleccionadas que esa revista les cuenta… Puede bajar la circulación de un periódico y, sin embargo, que el papel en otro formato sea algo muy moderno.

Yo soy un defensor radical del papel y suelo decir que el papel es el último lujo. Me interesa editar revistas de lujo, revistas que dé pena tirarlas. La gente suele decir muy a menudo que el papel está en crisis. No; lo están los periódicos de papel, que han perdido el monopolio de la exclusiva informativa. Nosotros [Spainmedia] tenemos un porfolio de revistas que viven de tener a los lectores más influyentes y recomendar tendencias. Nosotros prescribimos. El papel conserva –y cada vez tiene más– un notable poder de prescripción en formato revista. Por eso las revistas que editamos son caras de hacer, con un papel de calidad, mientras que los editores de periódicos siguen el camino contrario: ofrecer papel más barato. Esa es nuestra apuesta y nos funciona.

El lema de la revista hace referencia a los sueños de los hombres. ¿Acaba de cumplir uno al lanzar Man On The Moon?

Andrés: Acabo de cumplir un sueño por varias razones: porque es una revista que me he inventado con un folio, un boli y mi teléfono móvil. Durante un año he estado pensando, apuntando nombres, formatos, ediciones… Y revisando una y otra vez. Y algo que he inventado sirve para que hoy tú y yo estemos hablando sobre esto; me parece increíble. Ahora lo que hay que hacer –hay que “hacer” después de “nacer”– es tratar de permanecer en el tiempo.

Pretenden hablarle al hombre del siglo XXI. Pero ¿cómo es ese hombre?

Hay más de tres mil millones de hombres diferentes en el planeta y nuestra revista, con una versión en castellano y otra en inglés distribuida por todo el mundo, se dirige a un montón de hombres diferentes. Pero yo creo que a los que nos dirigimos son hombres preparados, urbanos, cosmopolitas; que viajan, leen y tienen curiosidad. Hombres a los que les interesa vivir su vida con inteligencia y saber cómo la ropa que se ponen explica cómo son. A los que les importa también lo que comen y a los que les interesa la política. A eso me refiero con “el hombre del siglo XXI”.

“El papel no está en crisis, sino algunos de sus formatos. Puede bajar la circulación de un periódico mientras que el papel, en otro formato, sea algo muy moderno”.

 

En términos de edades, quizá se encuentran entre los 30 y los 60 pero hay gente muy moderna con 70 y quien nos va a leer con 25. También pienso que la revista la van a leer las mujeres que conviven con este tipo de hombres: sus hijas, sus novias o sus madres se van a acercar a Man On The Moon porque hace una aproximación inteligente sobre las cosas y normalmente las mujeres que conviven con este tipo de hombres son también inteligentes, preparadas y cosmopolitas.

Obviamente no es una revista para todo el mundo. El corte no está en el dinero que tú tengas, aunque se anuncien productos caros; el corte está en la formación que tú tengas, en tu curiosidad e inquietudes. El eslogan es un homenaje a Martin Luther King; me gusta la idea de que todos tenemos sueños –aunque sean distintos– y que una vez que los cumplimos los tenemos que revalidar. Y para el hombre, era un sueño llegar a la Luna, a la que nos pasábamos tanto tiempo observando desde lejos.

En la revista podemos encontrar a personalidades de la talla de Stephen Hawkings o Enrique Tierno Galván junto a otros como El Dioni o deportistas como Jorge Pena [primer español en cruzar el Atlántico a remo].

Sí, es una revista en la que puede caber cualquier cosa. Yo no escojo los personajes que salen en la revista según la agenda de cada mes; quiero decir, si Arturo Pérez-Reverte publica una novela este mes, en nuestra revista no va a salir. A lo mejor sale dentro de un año porque nosotros queremos que cuando la abras te preguntes: “¿pero a qué viene esto ahora?” y sea un descubrimiento. Si porque Spielberg estrene una película tiene que salir él en portada no hay suficiente diferenciación con otras revistas y todas se parecerán. En este sentido, casi todos los periódicos y todas las televisiones se parecen.

En estos tiempos actuales, ¿cuál es su postura acerca de las masculinidades?

Hay muchos tipos de masculinidades y, con ello, diferentes tipos de hombres. De hecho, los hombres sentimentales, los que lloran, son los interesantes. Cuando hablo de los hombres del siglo XXI me refiero a algo así, a hombres modernos que se están constantemente preguntando por qué estamos aquí, por qué somos así, qué tengo que hacer para que mejore mi entorno y mi familia, por qué mi padre es así, por qué mi abuelo era así, qué le voy a contar a mis hijos… Se trata de hombres que estén en una duda constante y a ellos nos intentamos acercar.

Me parece obvio que hay tantos hombres diferentes como mujeres diferentes. La primera portada es una declaración de principios porque hay lectores que entienden que poniendo un mono en portada se puede lanzar una revista. No tiene que salir George Clooney –que a lo mejor un día lo pongo en portada–. Pienso que hay un tipo de lector –estoy seguro– lo suficientemente sensible y que tenga unas inquietudes como para entenderlo.

¿Qué ausencia de contenido suple esta nueva publicación?

Conozco bastante bien el sector masculino, porque estuve diez años editando Esquire. Cuando yo empecé en el mundo de las revistas masculinas, todas llevaban una chica en la portada fotografiada de manera sensual y con la menor ropa posible, porque se pensaba que esa era la única manera de que el hombre fuera a comprarla. Por ello, decidí seguir por otro camino: puse solo hombres en la portada, algo que hoy es lo habitual en todo el sector.

“Nos dirigimos a hombres que estén una en una duda constante, al hombre del siglo XXI”.

 

Una de nuestras motivaciones es la de aportar algo diferente, innovaciones que se irán descubriendo a lo largo de los números. Por ejemplo, vamos a entrar a fondo en la política con reflexiones a nivel nacional como internacional. Además, desde el convencimiento de que la política es algo honorable, vamos a defender el argumento contrario al que piensa tanta gente que considera que la política es asquerosa. Es muy asquerosa si solo hablamos de lo malo, de quien mete la mano en la caja, sin poner el foco en cosas buenas. Vamos a defender que el servicio público a tu ciudad, a tus conciudadanos es algo muy importante; ya sea por parte de la política o por parte de un teniente coronel que quiera hacer bien su trabajo y cuando tenga que comprar diez tanques va a esforzarse por hacerlo bien y darle un buen uso al dinero público. Otra materia prima que nutre la revista es el periodismo, con mucho texto y de mucha calidad. Esta no es una revista de ojear –se puede ojear, pero hay revistas de ojear y otras que te ofrecen mucho que leer–; nosotros hacemos muchas cosas para revistas para leer, aunque no te la acabes. También vamos a trabajar con moda y con un interés por el diseño gráfico importante.



Cierto es que Man On The Moon potencia el diseño gráfico, propio quizá del consumo periodístico del hombre del siglo XXI.

Humildemente, creo que nosotros somos los mejores haciendo edición gráfica en papel. Esa es una de las características principales de mis publicaciones.

Nos gusta también el humor e integrar la edición gráfica en los textos buscando siempre obtener la complicidad con el lector. También vamos a trabajar otra materia prima, que es la naturaleza y la vida en el exterior. A pesar de que nuestros lectores sean urbanos, nos interesan ámbitos como el surf o las escapadas a la montaña. La naturaleza tiene su mítica, sus grandes exploradores y su literatura y ahí vamos a poner otro foco.

Por ahora, las revistas masculinas no entran en política aunque creo que cuando lo hagamos van a imitarnos. Ahora lo que tenemos que hacer con este cóctel es prepararlo mes a mes en función de cómo venga el viento y combinarlo de una manera u otra en función de la actualidad.

¿Qué revista nombraría como referente de Man On The Moon?

No me atrevo a decir solo una. Las revistas antiguas me gustan mucho y compro muchas de ellas porque aprendo leyéndolas. Hoy mismo he recibido un ejemplar de Time publicada la semana posterior al asesinato de Martin Luther King. También he prendido mucho de Life. Con respecto a las revistas modernas, sin mis diez años en la edición española de Esquire –que no se parece casi nada al resto a sus versiones de otros países–, yo no habría hecho esta. Otra que me gusta mucho es Monocle; me parece fantástico que haya encontrado un nuevo target urbano, cosmopolita, político y financiero a nivel mundial. En definitiva, las revistas que hago tienen mucho que ver con como soy yo; esperando que a la gente le guste lo que ofrecemos. Lo mágico de esto es que hay una pieza que no se termina de controlar –te tienes que valer con la intuición– porque no sabes si tu propuesta funcionará. Así que me alegra que me digan que les gusta lo que hago.

¿Cuáles son sus referentes masculinos?

Yo tengo referentes en gente desconocida como mi padre, mi amigo Antonio o mis hermanos. Luego tengo algunos referentes profesionales, como mi amigo el publicista Toni Segarra –que me ha ayudado a preparar la revista–; admiro también a Andreu Buenafuente, a Óscar Mariné [Premio Nacional de Diseño], al director de arte Fernando Gutiérrez, a Alberto Arnaut, editor de la Fábrica, y a muchos escritores, cineastas o directores.

“Vamos a defender la idea de que la política es algo honorable”.

 

También he aprendido mucho de George Lois, el publicista que hizo las mejores portadas para Esquire América en los 60. Sus obras se exhiben en el MoMA; es impresionante. Admiro a Milton Glaser, un director de arte impresionante aún en activo y que va a pasar a la historia por ser el creador del logo “I Love New York”, además del de La Vanguardia. Me gustan mucho los comunicadores en un sentido amplio, no solo los que trabajan en revistas.

El periodismo es un pilar importante en el contenido de Man On The Moon. ¿Quiénes son sus referentes periodísticos?

Me gusta gente como Enric González, me gusta cómo dirige los periódicos Pedro J. Ramírez –somos socios suyos en El Español–, admiro a Raúl del Pozo, me gustan los artículos de Eduardo Haro, los de Joaquín Vidal y los de Rosa Montero.

Juan Cruz, también entrevistado por el equipo de UND_R CONSTRUCTION y autor de una columna en el primer número de Man On The Moon, cree que “no es verdad que los periodistas no tengamos también parte de la culpa de la crisis del periodismo”. ¿Cuál es su opinión? ¿Cómo afronta la inmediatez quien aboga por la lectura pausada y la elaboración de calidad en el periodismo?

Juan Cruz, por Agustin Sciammarella (Man On The Moon)

Estoy de acuerdo con Juan. Creo que la crisis del periodismo es sobre todo una crisis empresarial, como modelo de negocio. Antes, los medios, situados entre la noticia y la audiencia, ostentaban el monopolio de la información. Si alguien quería saber qué había pasado, tenía que comprar un periódico en un quiosco. Para ajustar las cuentas les bastaba con subir el precio del ejemplar.

La crisis empresarial ha hundido el oficio pero creo que si hubiéramos hecho un periodismo aún mejor quizá la hubiéramos frenado algo. Muchas empresas decidieron contratar a la gente más barata, que es normalmente gente joven con menos experiencia. Y este es un oficio en el que sabe más quien más años lleva.

Esta crisis incluso nos ha llevado a los periodistas a dudar de nuestro propio oficio. Hemos llegado a pensar que como ya no teníamos el monopolio de las noticias el periodismo no tiene sentido. Se nos ha llegado a olvidar incluso el primer mandamiento que dice que sin periodismo libre no hay democracia. El periodismo no es un trabajo para hacerse rico.

No veíamos más que despidos y a gente caer y caer y muchos sentían miedo. Algunos periódicos perdieron su independencia por defender sus intereses económicos; en España hemos visto grande periódicos como El País defendiendo sus intereses económicos y entrando en guerras para defender su cuenta de resultados y todo esto nos ha vuelto locos.

Su anterior creación, Tapas, fue considerada la mejor revista del año 2016. ¿Nos desvela alguno de los ingredientes para el éxito editorial y periodístico? ¿Cómo sería la tapa periodística perfecta?

Si uno quiere llegar a ser un buen periodista debe reunir varias cosas: no se debería entrar en este oficio sin verdadera pasión, debe tener mucha curiosidad por todo –no solo por las grandes historias también por las pequeñas historias– y luego hay que construir una marca personal, es decir, ser diferente, aportar algo nuevo. Hay que intentar encontrar puntos de vista diferentes, inventar un lenguaje propio, una manera de contar las cosas diferente.

Un consejo interesante es ver lo que han hecho los que han pasado por este oficio antes; el periodismo lleva existiendo 200 años. Hay gente que hacía cosas increíbles en 1975 y para conocerlas hay que leer, interesarse y estudiar. Y también es importante mucha constancia.

“La crisis nos ha llevado a los periodistas a dudar de nuestro propio oficio”.

 

La tapa periodística perfecta, por tanto, estaría compuesta por inquietud, curiosidad, aprendizaje continuo, leer, ver películas, viajar, cuidar el lenguaje, una marca personal cuidada, constancia y sobre todo pasión por lo que haces. Un periodista nunca acaba de trabajar.

La portada de su primer número arranca con un primate que mira hacia el cielo pensativo. ¿No es eso, a grandes rasgos, el ser humano?

Sí, es un homenaje al ser humano. Para mí la clave de todas las portadas es la palabra “Moon”. La luna llena que cada mes vuelve a salir y que es diferente a la de, por ejemplo, el verano anterior. Desde el inicio de la evolución, hemos ido civilizándonos pero la educación es algo de hace muy pocos años. También es un homenaje a Kubrick y al hecho de que la primera vez que mandamos un animal a la Luna fue un mono. Y luego, sacar un mono en la portada del primer número me parece algo provocador, ¿no?

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