LA MIRADA SOLIDARIA: XXI Edición del Premio Luis Valtueña

María del Palacio Vega murió a principios de 2017, una semana después de que su hijo terminase un fotorreportaje en el que la retrataba en su piso del distrito de Carabanchel. “Es como si dijese: ‘¿Has terminado, hijo? Pues dejadme en paz'”, comenta a EFE el fotoperiodista Carlos de Andrés (Madrid, 1954), autor de la serie “La soledad de María contra la ley de dependencia”, con la que se convirtió el pasado 28 de diciembre en el ganador de la XXI Edición del Premio Internacional Luis Valtueña de Fotografía Humanitaria, otorgado por la ONG Médicos del Mundo.

Con sus imágenes, en blanco y negro y tomadas con un objetivo fijo de 35mm, Carlos recorre los últimos meses de su madre, una nonagenaria a quien la Comunidad de Madrid no autoriza el traslado urgente a una residencia, a pesar de sus problemas de movilidad y sus constantes pérdidas de memoria. Las instantáneas, en las que la anciana come, duerme, se asea o tiende la ropa, son un “tributo al esfuerzo de tantos mayores que, a su edad, padecen el desamparo del Estado español”.

Según el jurado del galardón –compuesto por profesionales de la fotografía y el periodismo como Carlos García Pozo, Ana Palacios o Cristóbal Manuel Sánchez–, “la calidad técnica” del proyecto, así como “el valor informativo, la actualidad de la temática y su capacidad de denuncia ante la injusticia y la vulneración de derechos” han sido los motivos para el reconocimiento de la obra de Carlos de Andrés.

Desde el pasado 25 de enero y hasta el próximo 11 de marzo, el espacio de exposiciones CentroCentro Cibeles exhibe este proyecto junto a los de los finalistas Constanza Portnoy, Karl Mancini y Vadim Braydov.

Texto: Javier Corbacho Galán

Imágenes: Serie “La soledad de María contra la ley de dependencia”, de Carlos de Andrés; “Fuerza de vida, lo que salva el amor”, de Constanza Portnoy; “Ni una menos”, de Karl Mancini y “Special School”, de Vadim Braydov. Cortesía de Médicos del Mundo.

Vídeo: Canal de YouTube de Médicos del Mundo


“La idea surge sin un guion previo. No sabía a dónde iba a llegar. Me interesaba tener imágenes de ella porque veía que su deterioro iba siendo mayor”, cuenta Carlos a UND_R CONSTRUCTION. “Es una rebeldía, un grito contra algo que yo considero injusto, como es que una persona de 95 años, que necesitaba recibir más cuidados, no pudiese ir a una residencia“.

De las más de mil instantáneas que tomó de su madre, Carlos seleccionó unas sesenta; cantidad que se fue reduciendo hasta la quincena que compone la serie. “Pongo las imágenes en el suelo o en una mesa y hago algo parecido a cuando nuestros abuelos trillaban y separaban el grano de la paja”, afirma. “A la hora de descartar parte del trabajo, hay que tener en mente cómo conformar un lectura visual que sea comprensible por quienes vean las imágenes; que alguien que no conozca la historia de María sepa qué se está contando en la serie”.

Carlos de Andrés: “Me interesaba captar su lucha diaria por la vida”.

 

Una vez terminado su proyecto, Carlos lo envió a la agencia Getty, con la que colabora, aunque pocos periódicos se interesaron por las imágenes. Algunos rechazaron su reportaje debido a la “dureza” de las fotografías. “Habré entendido mal lo que es el periodismo –comenta Carlos–; tenía en mente que era contar la vida y los problemas de la gente. O el periodismo va contra el poder o, como decía George Orwell, se convierte en relaciones públicas y propaganda”.

Carlos, profesor de fotoperiodismo y reportero documental, ha publicado sus trabajos en diarios como El Sol, El Globo, El País, The Boston Globe y en revistas como Time, Elle o New York Times MGZ. Para realizar “La soledad de María” empleó unos pocos meses en la vivienda de 90 metros cuadrados de su madre, situada en la calle Ervigio de Madrid. “Fotografiar a mi madre en una ducha exige respeto; más del habitual con cualquier persona. Es más íntimo. Cuando hago el reportaje, procuro capturar un contexto; que sea algo más que un retrato”, explica. “Me interesaba captar lo que mi madre había hecho toda su vida, que siempre había sido ama de casa y se había encargado de cuidar y educar a sus hijos. Ella tendía la ropa y fregaba; era su lucha diaria y cotidiana por la vida”.

Constanza Portnoy, primera finalista del Premio Luis Valtueña, se encuentra inmersa en una investigación de su tesis doctoral sobre la capacidad de resiliencia de los seres humanos frente a eventos potencialmente traumáticos como el abandono institucional o social, así como en la influencia de las relaciones familiares como apoyo para los afectados. Con su serie, “Fuerza de vida, lo que salva el amor”, muestra la vida de Jorge –sufre una ceguera parcial además de una malformación congénita a causa de la talidomida, administrada a su madre meses antes de su nacimiento– junto a su mujer Vero, también en silla de ruedas, y la hija de ambos, Ángeles. “La relación entre Jorge y la pequeña –cuenta la fotógrafa bonaerense– es un vínculo de amor, orientación, cuidado, apoyo y cooperación. Se alimenta de la aceptación mutua e incondicional de ambos. Ángeles tiene una profunda sabiduría y comprensión sobre el respeto por las diferencias y, a pesar de su corta edad, a menudo anima a la gente de la calle a acercarse a su padre por prejuicios, negación y rechazo”.

Según detalla la autora de la serie a undrconstruction.com, quiso sumergirse en el día a día de esta familia y evitar la mirada compasiva. “Las imágenes más emotivas de esta historia muestran al mundo que Jorge y Vero fueron capaces de crear para vivir y no solamente sobrevivir. Todo en sus vidas estaba en su contra. Y sin embargo, nada pudo vencer la capacidad de ambos para luchar, soñar y desear. Por eso, el reportaje intenta hacer pensar sobre las desigualdades, recuerda las injusticias históricas y la vulneración de derechos de las personas con discapacidad y también cuestiona los prejuicios y lo considerado como normal”.

Según Portnoy, su trabajo documental busca visibilizar la realidad de desamparo institucional que recae en las personas con discapacidad de bajos recursos económicos, evidenciar el vacío legal respecto de los afectados por talidomida y, por otro lado, “resaltar la fuerza reparadora de los lazos del amor para potenciar la vida”. El premio le permite visibilizar una historia que consideraba invisibilizada. “Uno de mis fines es poder conmover, a través de estos reconocimientos, para que, de algún modo, pueda revertirse su situación socioeconómica tan desatendida por el Estado argentino”, comenta.

Constanza Portnoy: “Uno de mis fines es conmover para que, de algún modo, pueda revertirse su situación de desigualdad tan desatendida por el Estado argentino”.

 

“También busco –prosigue– romper con las ideas y las miradas desaprobatorias de muchos sectores de la sociedad llamada normal sobre la posibilidad de que una persona con discapacidad desarrolle una vida completa en todos sus aspectos. Mi objetivo a través de estas imágenes es el de provocar el pensamiento en dos niveles, por un lado para resaltar y recordar que hay víctimas olvidadas como consecuencia de los grandes monopolios industriales y por otro lado centrarnos en ese vínculo genuino de reconocimiento profundo del otro a través del amor, quizás buscando iluminar desde la sencillez y la autenticidad de las relaciones humanas, aquello que pertenece al orden de lo elemental para que nuestra sociedad se constituya en igualdad de derechos”.

“Desde Médicos del Mundo –afirma Ximena González Ristrepo, coordinadora del Premio pretendemos que el galardón visibilice realidades olvidadas. Buscamos que las historias sean contadas con dignidad, con altura técnica y que, además, incorporen una faceta estética”. Según relata a este medio, ha sido la encargada de examinar las más de 4.000 fotografías enviadas a la convocatoria –récord de 348 fotógrafos de 63 países– para preseleccionar unas 90 series que fueron sometidas al examen de los miembros del jurado. “Esta edición, han sido frecuentes temas como los refugiados y los rohingyas [una minoría musulmana perseguida en Birmania]. Pero también he descubierto realidades que no sabía que existían: comunidades judías en las montañas de Papúa Nueva Guinea, campos de minas antipersona entre Irak e Irán, el Chernobil tras el desastre o las consecuencias de las desapariciones en el Perú de Fujimori. El tema escogido por Carlos de Andrés es interensantísimo a la vez que tristísimo; sabemos que mucha gente mayor muere sola pero apenas se habla de eso”.

“Las fotos del segundo de los finalistas, Karl Mancini –especializado en violencia de género– sirven para visibilizar esta lacra en Argentina, donde, en 2017, cada 18 horas se mató a una mujer”, comenta Ximena. En el país, según datos de la Corte Suprema, el número de feminicidios alcanzaba los 254 en 2016, uno cada día y medio. Hasta 2015, las cifras oficiales eran escasas, hasta que la primera marcha “Ni una menos” –que reunió a 200.000 personas en la Plaza Dos de Mayo– impulsó su recolección y difusión. Y con el nombre de este movimiento ha titulado Mancini su serie, que pone cara a las víctimas de la violencia machista. A pesar de que el feminicidio sea castigado con cadena perpetua en el Código Penal argentino, los asesinatos de mujeres han aumentado desde 2014 hasta nuestros días; cifras confirmadas tanto por el Ministerio de Justicia como por varias asociaciones civiles. “Esta es la realidad de algunas zonas de América Latina. Los datos son escalofriantes y las fotografías son durísimas pero, ante todo, son dignas”, comenta Ximena.

“En la primavera de 2015, –afirma el fotógrafo en su web– hubo una sucesión de crímenes atroces en todo el país: mujeres quemadas vivas, hechas pedazos con machetes, incluso una mujer embarazada asesinada por su novio y enterrada en un jardín. Desafortunadamente, el problema es común en todo el país y particularmente grave en las muchas Villas Miserias, barrios pobres ubicados a veces muy cerca de los centros urbanos donde la gente vive en malas condiciones, la delincuencia es muy alta y las jóvenes están en peligro. En estos lugares, las normas domésticas tradicionales y la composición patriarcal de la sociedad respaldan la violencia”.

Entre las protagonistas del proyecto de Mancini: Rivka Schiller, una joven de 11 años que vive en la provincia argentina de Moron cuya madre, Adriana, denunció hasta 45 veces a su expareja por la violencia que ejercía sobre ella y sus tres hijas, Karina Abregu, de 42 años –sufrió durante más de una década el maltrato por parte de su marido, quien llegó a intentar quemarla viva el día de Año Nuevo de 2016– o Belén Torres, de 20 años, víctima de “El Anestesista”, un criminal que drogaba a mujeres para abusar de ellas.

Vadim Braydov es un joven fotoperiodista independiente con sede en Ufa, una de las más importantes capitales rusas. Su serie “Special School”, en la que retrata las rutinas de los jóvenes inquilinos de una “escuela para menores con comportamiento divergente” en Serafimovka ha recibido el premio al tercer finalista. “Muchos de los niños que aparecen en las fotos de Braydov son huérfanos y entran en esta especie de reformatorios cuando cometen algún delito menor, como robar un pan o una gallina. Nos gustó descubrir las complejidades de un país como Rusia, con una enorme diversidad étnica”, comenta Ximena. La labor de estos centros consiste en reformar a los menores y reinsertarlos en la sociedad. “Los internos siguen una rutina muy severa, casi militar; aunque también leen, juegan o practican deporte. Para alguien de doce o catorce años es muy duro”.

Según declara Braydov a UND_R CONSTRUCTION, “los jóvenes son una parte esencial de la sociedad. No ganan dinero, no mejoran la economía y no hacen descubrimientos históricos; sin embargo, muchos de nosotros soñamos que estas nuevas generaciones, con su energía, aprovecharán nuestra iniciativa y nuestra experiencia”.

Vadim Braydov: “Siempre me interesaron los expulsados de la vida común”

 

“Hay niños –prosigue– que tropezaron y terminaron en estas escuelas, donde están tratando de hacer de ellos miembros de la sociedad. Incluso sus propios padres se olvidaron de muchos de ellos. Siempre me interesaron las historias de las personas que fueron expulsadas de la vida común. Como fotógrafo, espero que la atención que podamos brindar a los niños de escuelas especiales como esta les ayude a confiar en nosotros, personas que los abandonaron durante su infancia”.

La ONG Médicos del Mundo convoca el Premio de Fotografía humanitaria Luis Valtueña desde 1997 como homenaje a tres cooperantes de la asociación asesinados en Bosnia y en Ruanda. Entre ellos, el fotógrafo que da nombre al galardón, quien había trabajado para la agencia Cover, el diario El Mundo y el canal de televisión Antena 3. Tras el asesinato de “Valtu”, sus compañeros de trabajo organizaron una muestra en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con algunas de sus imágenes que nunca llegó a ver reveladas. El título de la exposición: “La mirada solidaria”.

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