INCLUSO LA VERDAD: Entrevista a Joaquín Castellón

Tras una investigación internacional realizada por casi 400 periodistas de 96 medios, el pasado 5 de noviembre, los conocidos como Paradise Papers veían la luz. Los 13,4 millones de documentos –una filtración recibida por el diario alemán Süddeutsche Zeitung y compartida con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ)– vinculaban a destacados personajes de la política, la realeza o el mundo empresarial con más de 19 jurisdicciones opacas.

Después del revuelo mediático ocasionado en 2016 por los Papeles de Panamá –también recibidos por el periódico bávaro y coordinados por el Consorcio–, los 1,4 terabytes que componen los Papeles del Paraíso desvelaban, entre otras informaciones, las inversiones de Juan Manuel Santos –presidente de Colombia y Nobel de la Paz– y la cantante Madonna en sociedades de Barbados, la vinculación del Secretario de Comercio de Trump, Wilbur Ross, con el yerno de Putin a través de negocios en las Islas Caimán o las iniciativas comerciales de Bono –filántropo y líder de la banda U2– a través de una empresa radicada en Malta y Guernsey, un paraíso fiscal cercano a Normandía. En un difuso límite entre ética, legalidad y actividad delictiva, los Paradise Papers también mostraban el uso de ingeniería fiscal por parte de Nelson Mandela, la reina Noor de Jordania o el exvicepresidente de los conservadores británicos Michael Ashcroft, así como las inversiones de la monarca Isabel II en empresas tecnológicas del archipiélago de las Caimán.

Joaquín Castellón, miembro del ICIJ y periodista de investigación de La Sexta –medio que junto a El Confidencial desveló en nuestro país ambos casos–, cuenta a UND_R CONSTRUCTION cómo fueron posibles estas exclusivas y las diferencias de los Paradise Papers con el caso Panamá. “Esta vez, había quien nos reconocía su vinculación; antes –dice parafraseando a su tocayo Sabina– nos lo negaban todo, incluso la verdad”.

Elaboración y redacción: Javier Corbacho Galán y María Isabel Sesmero Ortega

Fotografía y audiovisual: Imágenes: Alicia Abadía Fantova. Vídeo: Canal de YouTube de El Confidencial


UND_R CONSTRUCTION: Con la reina Isabel II, Juan Manuel Santos o el Secretario de Comercio de Donald Trump entre los implicados y 2 millones más de documentos, ¿superan en importancia los Paradise Papers a los Papeles de Panamá?

Joaquín Castellón: Es difícil hacer un ranking y poner a un caso por delante del otro. Lo que sí es cierto es que son, al menos, igual de importantes y a nivel internacional así se ha visto. Los Papeles del Paraíso incluyen sociedades vinculadas a la reina Isabel, al príncipe Carlos, al ejecutivo de Trump, a Santos… Son casos diferentes pero creo que se complementan muy bien; ambos son como fotografías del mundo offshore. En este último caso, la filtración proviene de dos bufetes de abogados [Appleby y Asiaciti], a lo que hay que añadir que los periodistas hemos podido contar con la documentación de los registros mercantiles. Esto nos permite conocer todo el proceso: desde que alguien acude a los abogados hasta que una sociedad se registra en Bahamas, en Isla de Man…

Del mismo modo, hemos descubierto las “especialidades” de cada paraíso fiscal: en Panamá descubrimos, sobre todo, cuentas offshore mientras que la Isla de Man se usa, principalmente, para registrar aviones. Lo interesante de los Papeles de Panamá es que fue la primera gran filtración y que sirvió para explicar a la gente qué era una sociedad offshore.

¿Prevé otra filtración de esta importancia a corto o medio plazo?

Joaquín: Yo espero que sí; creo que va a haber más. ¿Por qué? Porque cada vez es más fácil que alguien pueda obtener millones de documentos al llevarse un disco duro. En el caso Panamá se filtraron 2,4 terabytes de documentos; esto es menos de la capacidad de cualquier disco duro doméstico, que puede llegar a los 4 terabytes con un tamaño similar al de un teléfono móvil. Hoy en día, es muy fácil llevarte información y hacerla llegar –mediante buzones seguros, por ejemplo– a los periodistas.

Una vez la filtración llega al diario Süddeutsche Zeitung, que la comparte con el Consorcio, ¿cómo se reparten los millones de documentos para su análisis entre todos los medios volcados en la investigación?

Yo suelo comparar esta situación con la de un equipo de fútbol: hay un entrenador, que es el Consorcio; hay un capitán –Süddeutsche, como con Panamá, que lidera el proceso– y el resto somos los jugadores. Para dividir la información por países se usa la siguiente filosofía: “¿Quién sabe mejor lo que sucede en Francia que un francés?”. Por ejemplo, si la información sobre la cuenta en Panamá del entonces ministro José Manuel Soria se hubiera quedado en la redacción del Süddeutsche, nunca hubiera salido a la luz. Para los alemanes, hubiera sido un nombre que les sonaba muy lejano y nunca se habría profundizado tanto en la historia.

¿Cómo se ejecuta la coordinación entre los medios que participan en las labores de investigación?

El responsable final es el Consorcio, que se encarga de la coordinación y provee a los medios participantes de una serie de herramientas. También se celebran encuentros –este último fue en Múnich– en los que nos reunimos periodistas de todos los medios y en los que se deciden, entre otras cuestiones, el nombre de la filtración o las fechas de publicación.

“Lo interesante de los Papeles de Panamá es que fue la primera gran filtración y que sirvió para explicar a la gente qué era una sociedad offshore“.

 

Entre las plataformas que aporta el ICIJ, existe una a la cual se suben todos los documentos, que se ordenan y clasifican para que cualquier miembro de la investigación pueda acceder a ellos. Una vez esto está hecho, los periodistas nos encargamos de analizar cada historia. El inicio de este caso es una filtración, sí; pero desencadena un trabajo posterior basado en contrastar las informaciones, descubrir si existe o no delito, enlazar unos casos con otros… En definitiva, construir una historia.

A través de la plataforma iHub, tenemos acceso a los documentos, los correos electrónicos… Otra de las aplicaciones que utilizamos es una especie de Facebook encriptado que permite conversar y crear grupos. Usando estas herramientas, unos periodistas colaboran con otros, se intercambian contactos –de  abogados expertos en trust, por ejemplo– o documentos. Y la tercera plataforma que utilizamos es Linkurious; una herramienta de periodismo de datos que funciona a través de nodos que conectan unas informaciones con otras. Con un doble click, te muestra las conexiones de una sociedad con otra; puedes buscar un personaje y la aplicación despliega toda la información conectada con ese nombre.

¿Cómo os ponéis de acuerdo los miembros del Consorcio de cara a la publicación de las informaciones? ¿Existe un calendario?

Sí, de hecho existen dos calendarios. En el internacional se marcan esos primeros nombres que poseen una relevancia común para todos los países; la reina Isabel o el Secretario de Comercio de EEUU salieron el primer día. Con los Panamá Papers, por ejemplo, la mujer de Arias Cañete iba el primer día del calendario común porque se consideró que su caso tenía interés internacional.

Y luego, de manera nacional, La Sexta se puso de acuerdo con El Confidencial para decidir qué informaciones publicábamos y en qué fechas. Este calendario patrio suele cambiar constantemente; depende también de cómo han establecido el resto de países el suyo. De este modo, sabemos también qué se publica internacionalmente y cómo podemos contar mejor cada historia.

¿Cómo se producen los contactos con los implicados cuyos nombres aparecen en los documentos?

Publicamos únicamente los nombres que tienen relevancia pública; que son las personas a las que llamamos. Una vez contactamos con ellos, se les pide su versión de los hechos. He de decir que hemos notado cierta diferencia en este punto frente al caso de Panamá; antes, lo negaban todo –como dice la canción de Sabina: “Lo niego todo, incluso la verdad”, seguido de un: “Hablaréis con mi abogado, os voy a demandar”– y, ahora, había quien nos lo reconocía, quien sabía que esta información podía llegar a ser destapada. Cuando les llamamos, les decimos que somos de La Sexta y de El Confidencial, que estamos realizando una investigación y que nos ha aparecido su nombre vinculado a tal empresa. Ha habido quien nos ha aportado información para justificar una situación que era perfectamente legal, por lo que no publicamos su caso, mientras que, en otras situaciones  –la mayoría–, los implicados no te pueden dar una explicación sobre por qué tienen una sociedad offshore. Si alguno trata de justificarse sin aportar pruebas, incluimos su explicación pero dejando claro que no nos ha mostrado ningún documento que la respalde.

¿Según qué criterio se decide qué casos tienen relevancia pública?

Una de las cosas que aprendes trabajando en una investigación internacional es el conjunto de peculiaridades en el funcionamiento de la prensa en otros países. En Latinoamérica, los medios se interesan por los temas vinculados con los narcos, en el norte de Europa buscan datos sobre grandes corporaciones y bancos –Apple, Facebook, Nike…– y en el sur de Europa, el interés recae sobre los políticos. Según las informaciones van cumpliendo estos criterios –aluden a personajes con cargos públicos, tratan sobre figuras relevantes, tienen que ver con casos de corrupción…– más probable es que se publiquen.

Otra cosa que nos preocupa, periodísticamente hablando, es si estos casos son legales o ilegales. Mis jefes me lo suelen preguntar: “¿Pero esto es legal o no?”. En los países anglosajones, por ejemplo, se suelen preguntar si un caso es moral o inmoral. Creo que es un debate que también hay que abrir.

Durante su entrevista con Xavier Trías, al desvelarle su aparición en los papeles, la actitud del exalcalde se extendió desde el “no es verdad” hasta el “no lo niego”. ¿Se esperaba esta respuesta por parte de Trías?

Cuando me siento delante de Trías, teníamos la historia bastante cerrada para que nadie pudiera pillarnos en un renuncio. Antes de la entrevista, comentamos qué creíamos que iba a pasar. Yo llegué a pensar que Trías iba a levantarse durante mis preguntas y se iba a ir; que no iba a poder formularle todas las que tenía preparadas. El caso es que aguantó la media hora de entrevista; las casi cuarenta preguntas que le hice. En los siete minutos que emitimos –por cuestión de tiempo, era imposible que se televisara al completo–, dejamos intactas sus respuestas, para que nadie pudiera acusarnos de montaje. Del mismo modo, el vídeo se cierra con una de sus respuestas y sin ninguna voz en off que pueda sugerir algún tipo de sesgo u opinión.

“No entiendo por qué el jefe de prensa de un político acepta o niega una entrevista en función de las preguntas que pretendas hacer. Creo que el político se debe a contestarte”.

 

Nuestra labor no es la de ser policías ni jueces; nosotros sólo le planteamos las preguntas, que puede contestar o puede levantarse e irse. A pesar de que su jefe de prensa quiso parar la entrevista, Trías aguantó hasta el final.

¿Cómo se siente un periodista minutos antes de decirle a un representante político: “Tenemos unos documentos en los que aparece su nombre vinculado a The JTB Family Seattlement”?

La noche anterior estás sin dormir; pasándolo mal y deseando que no haya ninguna sorpresa durante la entrevista. Estábamos preparando el resto del programa especial, lo que también nos mantenía nerviosos. Además, teníamos contenido paralelo con otros implicados, para emitirlo si no podíamos conseguir la entrevista con Trías.

Para solicitarla, tuvimos que hablar con su jefe de prensa, que nunca nos preguntó sobre qué queríamos hablar con Xavier Trías. Nuestra consigna, además, era la de no mentir; si nos hubieran pedido el motivo, tendríamos que haber dicho que queríamos hablar sobre paraísos fiscales y empresas en el extranjero. Pero nadie preguntó, lo que incrementó más aún el impacto de la conversación.

“En los países anglosajones, suelen preguntarse si un caso es moral o inmoral”.

 

A raíz de estos hechos, creo que hay otro debate que hay que abrir: el de por qué el jefe de prensa de un político debe preguntarte sobre qué le vas a consultar; inconcebible en la prensa anglosajona. No entiendo por qué pueden darte o no la entrevista en función del tema del que pretendas hablar con ellos. No es el caso de un particular privado, como un actor o un deportista; teóricamente, el representante político se debe a contestarte.

Otra cosa que nos preocupaba era que el formulario fuera completo. Una vez escribí un primer borrador, lo compartí con mi equipo de La Sexta y se lo pasé a los compañeros de El Confidencial para analizarlo y debatir el orden de las preguntas y otros posibles enfoques. También analizamos cuáles podían ser las posibles respuestas de Trías para desviar y reconducir la entrevista, si fuese necesario.

Si el jefe de prensa hubiera preguntado por los motivos, ¿cree que se habría celebrado la entrevista?

No lo sé… Quizá no, pero no lo sé.

Con el exvicepresidente de los conservadores británicos Michael Ashcroft escondiéndose en un baño para huir de un periodista de la BBC o la comparecencia del ministro Montoro anunciando la recuperación de más de 100 millones de euros gracias a los Papeles de Panamá, ¿recuerdan casos como estos dos la labor del periodismo como contrapoder?

Sí; y creo que la labor del periodismo debe ser siempre la de ejercer de contrapoder. Las imágenes de Ashcroft huyendo de un periodista de la BBC le dejan en evidencia y así se emitieron por todo el mundo. Hay que contar que un ministro te está mintiendo, como pasó con Soria. Y eso que hay presiones. Afortunadamente yo tengo un jefe, que es Antonio García Ferreras, que aguanta todas las presiones y que hace que no nos lleguen a nosotros.

A título personal, ¿qué cree que debería cambiar en lo relativo a la legislación sobre los paraísos fiscales? Oxfam España, por ejemplo, propone crear una ley de evasión fiscal, adoptar una definición clara y vinculante sobre paraísos fiscales y descartar de los concursos públicos a las empresas con actividad en territorios offshore…

Puede ser una solución, pero no lo sé. Si sé que es algo que no está bien. Creo que los registros deberían ser públicos y gratuitos, que deberíamos saber quiénes son los beneficiarios finales de cada sociedad y que deberíamos poder consultar estos datos de cualquier país del mundo. Por ejemplo, la Isla de Cook no tiene una página web que nos permita acceder a esa información. Creo que la transparencia es fundamental.

“Si un ministro te miente, como sucedió con Soria y los Panamá Papers, hay que contarlo. Y eso que hay presiones”

 

Tampoco sé si, una vez consigamos esto, va a haber quien se busque otra manera para eludir o evadir impuestos; son grandes fortunas y multinacionales con grandes conocimientos sobre estos asuntos…

Precisamente sobre ese tema, Mar Cabra [una de las responsables del ICIJ] se preguntaba: ¿Cómo va a cambiar la regulación de los paraísos fiscales si quienes tienen poder para regularlos aparecen en los papeles de Panamá o en los Paradise?

Es que es una gran pregunta; ten en cuenta todos los líderes políticos que hay implicados. Y un cambio dependería de voluntad política…

En los Paradise Papers aparece la reina Isabel y el Secretario de Comercio de EEUU y los Papeles de Panamá señalaban, entre otros, a Macri y a Soria… Aparecen vinculados a estas filtraciones quienes encarnan la voluntad política… Arias Cañete, por ejemplo, trabajaba en la Comisión Europea y su mujer aparece vinculada a cuentas en Suiza…

¿Sin solución?

(duda) En teoría, la solución pasa por elegirles o no elegirles cada cuatro años en las urnas… Pérez-Reverte suele decir que tenemos a los políticos que nos merecemos…

El piloto de F1 Lewis Hamilton, asesorado por el bufete Appleby, consiguió que le devolvieran 4,5 millones de euros por la compra de un jet privado, que registró en la Isla de Man como un avión comercial. Como tal, la actividad de Hamilton no es delictiva pero, ¿hasta qué punto queremos que esto no siga siendo delito? El coqueteo entre inmoralidad y legalidad del que hablábamos antes…

Según el perfil de Instagram de Hamilton, su avión parece de ocio; se lo pasa muy bien en él (risas).

A veces, no es delito… Hasta lo dijo Obama, que no es una persona sospechosa de ser comunista: “El problema es que lo que muestran estos documentos es legal”. Y lo que hace Apple también lo es: mover sus sedes a Irlanda, pagar menos impuestos en España…

La cuestión mezcla legalidad con moralidad; es el gran debate. Hay muchos países que no sólo lo permiten sino que les interesa y se benefician. Gran parte de los paraísos fiscales saben que lo son: Suiza lo sabe, la Isla de Man lo sabe… No sé si una intención conjunta de todos los países cambiaría algo; pero es que veo esa situación como algo improbable.

Entre los implicados se encuentra también Stephen Brofman, recaudador de fondos para la campaña de Justin Trudeau, o multinacionales como Apple o Nike. ¿Prevé un “castigo” por parte de los votantes y de los consumidores a los políticos y las empresas que aparecen en los documentos?

Hasta donde yo sé, con Trudeau no ha pasado nada. Aquí en España, salimos a la calle en La Sexta Columna porque nos preguntábamos esto mismo. La respuesta mayoritaria era que no íbamos a dejar de comprar Iphones o productos de Nike. Digo esto cuando tengo un móvil de Apple y unas zapatillas Nike…

¿Y se plantea cambiar alguna de las dos marcas?

(duda) Pues no lo sé. Creo que no las cambiaría por sus vinculaciones offshore. Si dejase de comprar Apple y me decantase por otra marca, la situación creo que sería parecida… En este mercado, eliges entre guatemala o guatepeor… No sé si hay alternativa. Creo que revertir esta situación depende más de una actuación del Estado que del comportamiento del ciudadano.

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