ASFALTO Y MOQUETA: Entrevista a Uly Martín

Uly Martín (Córdoba, 1958) se mueve por los pasillos del Congreso de los Diputados con enorme facilidad. Va cargado con un par de mochilas en las que lleva su cámara, su ordenador portátil y unos cuantos objetivos. “Las buenas fotos no sólo se toman en el hemiciclo”, nos aclara. Lo dice quien, rodeado de escaños, ha captado la sorpresa de Leonor y Sofía durante la inauguración de la XII Legislatura, a Carolina Bescansa con su hijo en brazos, a las activistas de Femen protestando con sus pechos descubiertos o a Mariano Rajoy ordenando sus apuntes para responder a Pablo Iglesias durante la moción de censura.

Pero además de buscar gestos, miradas o gritos sobre la ilustre moqueta, Uly también pisa la Gran Vía, las costas gallegas o el Santiago Bernabéu. “Los fotógrafos tocamos todos los palos: manifestaciones, deportes, sucesos…”, relata.

Célebre también por sus #Ulynarios –imágenes tomadas con su móvil a diputados y figuras destacadas de la cultura frente al espejo de un baño–, este fotoperiodista de El País responde a las peguntas de UND_R CONSTRUCTION para revelarnos los entresijos de una sesión parlamentaria, el porqué de su inusual proyecto y los secretos de una buena fotografía.

Elaboración y redacción: Javier Corbacho Galán y Álvaro Rincón Sanz

Fotografía y audiovisual: Álvaro Rincón Sanz


UND_R CONSTRUCTION: Has trabajado en el Congreso, cubriendo guerras como la de Libia e incluso publicaste un fotorreportaje sobre una fragata militar en su lucha contra los piratas del Índico. ¿Cómo cambia, si es que lo hace, la mirada del fotógrafo en los distintos escenarios?

Uly Martín: Eso se hace con el paso de los años. En un periódico los fotógrafos tocamos todos los palos; lo mismo nos toca cubrir el Congreso, una manifestación por la tarde e incluso podemos terminar la jornada con un partido de fútbol. A base de años, te tienes que especializar en todos los campos posibles.

¿Pero cambia, por ejemplo, la predisposición mental?

Uly: Sí, ya el hecho de estar en la calle hace que fotografíes todo lo que te resulta novedoso o interesante.

Precisamente ahora que nos encontramos en el Congreso de los Diputados, ¿qué es lo que busca un fotógrafo a la hora de cazar una buena imagen de nuestros representantes parlamentarios?

Sobre todo que diga algo por sí sola. Y que no sea la misma imagen de siempre, porque sería muy monótono. Por ejemplo, en una rueda de prensa o en un Consejo de Ministros, como no intentes tú añadirle algo de imaginación, siempre es sota, caballo y rey; la misma persona detrás de la misma mesa.

“Para los fotógrafos, el dúo Iglesias-Errejón ha dado mucho juego. Siempre estaban bromeando o haciéndose gestos”.

 

Intentas jugar con los gestos, capturar el momento en el que entran o salen de la sala de prensa… Tienes que buscarte la vida para que la imagen no sea aburrida.

Y con más de 100 medios acreditados en el Congreso, ¿cómo se consigue una fotografía original?

Hay que estar pendiente de cualquier movimiento y estar muy enterado de cuál es el tema relevante del día y de qué personajes están siendo noticia.

En un momento dado, un diputado puede hacer un gesto a uno contrario. Además, pueden salir del hemiciclo, y reunirse en algún punto para hablar un rato. También te los puedes encontrar charlando en la M-30 –así llamamos al pasillo que está debajo del hemiciclo, en la parte de detrás–. Se sitúan un poco ocultos del resto de la prensa, pero si estás espabilado, puedes conseguir esa imagen.

¿Cuál es el diputado que más te gusta fotografiar y por qué? Actual o no…

(Duda) Últimamente, daba mucho juego el dúo Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Siempre estaban bromeando o haciéndose  gestos entre ellos; y eso a nivel gráfico era muy llamativo.

¿Y el que menos? Por cualquier motivo: antipatía, falta de fotogenia…

(Duda) No te puedo decir fulano o mengano… En un momento dado, siempre se puede sacar una buena imagen.

¿Tres cualidades para ser un fotógrafo parlamentario?

Ser un poco avispado, conocer un poco los entresijos del Congreso y estar al día de lo que se cuece aquí  y fuera del hemiciclo, de la actualidad política. Como he dicho antes, un simple gesto puede significar que dos portavoces parlamentarios van a reunirse en la sala de al lado y si no te enteras te pierdes esa imagen. Si has estado atento, consigues esta instantánea. Hay que estar realmente pendiente de los personajes protagonistas.

Otra de las facetas que te han hecho célebre son los famosos #AutoRetretes o #Ulynarios, fotografías de diputados y demás figuras célebres tomadas con tu teléfono móvil en baños públicos. ¿Qué has podido mostrar con ellos que no hayas podido capturar en una sesión parlamentaria?

Por lo general, los #Ulynarios los hago frente al espejo de un baño y empleo solo un minuto; es un “aquí te pillo, aquí te mato”.

El personaje, al mirarse  en el espejo, se desinhibe un poco más; son más naturales. Al estar hechos con el teléfono, parece que no acosa tanto a la persona fotografiada. Un móvil impone menos que una cámara profesional.

 

Has retratado el tatuaje de Alberto Garzón, a Cristina Cifuentes peinándose, a Pedro Morenés cepillándose los dientes… ¿Cómo y quién decide la pose de cada uno de los personajes?

Suelo decirles que hagan lo que quieran, aunque en muchas ocasiones no saben cómo posar. Por ejemplo, Garzón me dijo que tenía un tatuaje en su costado y decidí mostrarlo en el #Ulynario. La imagen de Morenés la tomé después de una entrevista que le hicimos en el Ministerio. Cuando le ofrecí hacerle la foto, me comentó que le gustó mucho la idea –“¡sí, sí, participo!”, me dijo– y se puso a buscar una espada que le habían regalado en Toledo. Finalmente, tras estar buscando de aquí para allá, no apareció. Le dije: “Haga lo que quiera, ministro”. Fue entonces cuando decidió cepillarse los dientes. También hay una que personalmente me gusta mucho, que es la de Toni Cantó con dos cuchillos. En un principio, quiso que fuera una foto de él echándose agua a la cara. Bromeé con él y le dije: “¡Verás la señora de la limpieza si dejamos el baño encharcado! A usted, como es diputado, no le van a decir nada; la bronca va a ser para mí”. Y, al final, fue él el que sugirió salir afilando unos cuchillos que pedimos en el comedor del Congreso.

A veces, donde vuelan cuchillos es dentro del hemiciclo…

 La foto a Toni Cantó se la hago la semana antes de “romper” con Rosa Díez. Me dijo: “A ver si alguien va a pensar que tiene que ver con lo de UPYD…”. Pero no tiene nada que ver.

Esperanza Aguirre ha declinado en varias ocasiones participar en los #Ulynarios. “Es una cochinada. Si puedo evitarlo, lo evitaré”, te respondió. ¿Has presenciado algún episodio singular o anecdótico realizando ese tipo de fotografías en los baños del Congreso?  

Uno de los últimos que he hecho, hace un par de semanas, fue a tres diputadas a las que metí en el baño de hombres. Una de ellas estaba sentada sobre el lavabo. De repente, entró gente al aseo y se encontraron con esta “sorpresa”. Lo primero que piensa la gente es que se ha equivocado de baño. Luego suelen recapacitar y caen en la cuenta de que soy yo haciendo un #Ulynario.

En abril este año, una imagen de Ramón Espinar con dos Coca-Colas en el buffet del Senado causaba bastante polémica, después de que su grupo pidiese el boicot a la marca. Pocos días después, Espinar te recriminaba a ti que le hicieses una fotografía en la que aparecía con un paquete de tabaco…

Efectivamente… Fue curioso. Ramón Espinar es el portavoz de Unidos Podemos en el Senado, por lo que estaba presente en la sesión de control al Gobierno en la Cámara Alta. Si te encuentras con los portavoces de los diferentes grupos, intentas hacerles una foto para que no sea la típica imagen en la que salen sentados tras el escaños y con medio cuerpo cortado.

“El personaje, en un #Ulynario, se desinhibe un poco más. Un móvil impone menos que una cámara”.

 

Espinar estaba hablando en el pasillo con la fotógrafa de Podemos en el Senado, al lado de un grupo de periodistas que estábamos charlando. Y cuando se separó de la fotógrafa, le hice una foto a él solo. Ni siquiera me di cuenta de que llevaba tabaco en la mano; yo estaba disparando con un teleobjetivo medio. Y me recriminó que la hiciese esa foto porque llevaba el paquete en la mano. Además, el periódico del día siguiente no llevaba ningún contenido sobre el grupo de Podemos en el Senado, así que la foto ni se usó.

¿Contribuyen este tipo de fotografías –más informales, de las que eres experto– a conocer mejor a los representantes políticos?

Sí, creo que sí. Recuerdo cuando llegaron por primera vez Podemos y Ciudadanos al Congreso; era la anterior legislatura. El tema de Podemos era complicado; parecía que tenían mucho temor a las fotos y a las cámaras de vídeo. Y cualquier intento de hacerles fotografías en los pasillos del Congreso era complicado, donde sí se pueden hacer sus fotografías. A veces, había quien me decía: “Espérate a la rueda de prensa”. En sus despachos, no te vas a mater –lógico–, pero es que en los pasillos se pueden tomar imágenes libremente.

Cierto es que Podemos siempre ha sostenido un discurso bastante particular –digámoslo así– con la prensa… Se me ocurre, por ejemplo, la caricatura de Juan Luis Cebrián, célebre director de El País, en su Tramabús. ¿Se refleja también en la labor de un periodista parlamentario?

Por lo general no. No hace mucho, antes del verano, Pablo Iglesias convocó a los periodistas en una sala cercana al hemiciclo. Había bastante gente, por lo que algunos miembros del partido y algunos periodistas se sentaron en el suelo. A los encargados de la comunicación de Podemos no les pareció bien que hiciésemos fotos allí, de gente sentada en el suelo. No sé…  Quizá habría que haberla convocado en otro sitio.

Sobre El País; el pasado 13 de septiembre, Fernando Garea –con quien has colaborado– anuncia que abandona el periódico “para seguir escribiendo de política y de Parlamento”. ¿Existe alguna cortapisa en El País en lo que a información política se refiere?

Que yo sepa no; que yo sepa. Diría que no. A nivel gráfico tampoco…

¿Nada que objetar?

No, no… Siempre que veo a Fernando por aquí nos saludamos aunque no he hablado con él sobre los motivos de su marcha… No sé si se trata de razones profesionales o de otro tipo.

La dirección de Prisa le desplazó desde la cobertura parlamentaria a la sección de reportajes… Hay quien lo interpretó como un “alejamiento forzado” debido a su línea crítica con el Gobierno…

Me enteré de que Garea se iba a través de Twitter. No te puedo decir nada más porque no he hablado del tema con él… Eso habrá que preguntárselo a Fernando.

Actualmente, inmersos en la Sociedad de la Información, cualquier persona con una cámara en su móvil puede tomar una imagen y difundirla en redes sociales. Así ha sido como el mundo se ha enterado de algunos detalles de los atentados de agosto en Barcelona. Pero ¿supone el llamado “periodismo ciudadano” una competencia al fotoperiodismo tradicional? Por ejemplo, en un ámbito que tú has cubierto, el de los sucesos a pie de calle…

En noticias puntuales siempre hay y ha habido fotos tomadas por aficionados. Si no, esa imagen se perdería. Lo que sí me molesta es estar trabajando y tener a cincuenta personas delante de ti con sus móviles. ¿Van a grabar dos horas de manifestación?

¿Y existe algún conflicto en términos deontológicos y éticos entre el informador ciudadano y el periodista tradicional?

Teóricamente –y lo digo cogiéndolo con pinzas–, el profesional debería cumplir una normas. Y con el ciudadano de la calle, no podemos saber qué pretende. Yo me fío más del profesional. Con eso no quiero obviar que las líneas ideológicas de los medios van para un lado u otro…

Alguna vez ha pasado con alguna foto de agencia: nos piden que se borre porque no era correcta, era de otro momento; algo gravísimo. Y a veces llegan a las televisiones vídeos cogidos de las redes que resultan ser de hace tres o cuatro años…

Tras los atentados de Barcelona volvió a abrirse el debate sobre qué imágenes son éticas para ser publicadas en medios de comunicación. Como fotoperiodista, ¿dónde están, si existen, las líneas rojas?

Me niego a sacar carnaza por carnaza. He vivido varios años del auge del terrorismo de ETA, cuando se hacían cosas como publicar en primera página el detalle de la mano de un muerto, por ejemplo. Un medio debe echar para atrás fotografías como éstas si su fotógrafo se las lleva.

“Me enteré de que Fernando Garea se iba de El País a través de Twitter. Habrá que preguntarle los motivos a él”.

 

Recuerdo la que fue foto de portada en casi todos los medios tras el atentado. La hizo un fotógrafo que le pasó sus imágenes a EFE. En redes sociales no tardaron en aparecer las críticas. Yo realmente no veía carnaza de ningún tipo; me parecía que informaba sobre cómo se vive un drama como ese; mostraba lo que suponía la tragedia. En Twitter, una diputada criticaba la foto de portada pero, hace ya tiempo, sobre la de Aylan muerto en la playa había comentado: “Una imagen vale más que mil palabras”. ¿Una cosa sí y la otra no?

Precisamente, en su tribuna de Público, Juan Carlos Monedero compara las dos fotografías, para sentenciar que las de los atentados “alimentan el odio” mientras que la de Aylan sirvió para “generar conciencia”…

Hombre, es que con esas dos imágenes y su comparativa se pueden construir miles de discursos, incluso opuestos entre ellos. No estoy de acuerdo con Monedero…

Otro dilema del informador: ¿cómo afecta la llamada “ley mordaza” al reporterismo gráfico?

Últimamente me toca cubrir menos calle pero en algunas ocasiones ha afectado. Más que nada, en el sentido de que, al hacer fotos en la calle, te incordian más o te piden la documentación en reiteradas ocasiones. Como tengas un mal día, acabas discutiendo con dos policías… Afecta porque cohíbe un poco a la hora de hacer las fotos.

En 2002, cubriste la tragedia del Prestige en las costas gallegas. Una década más tarde, vuelves a Galicia a retratar a las personas que habían participado en las labores de limpieza de las playas. ¿Cómo funciona la fotografía como vehículo de denuncia o de conciencia social?

Una década después del desastre, me mandan de nuevo a Galicia. “¡Se cumplen diez años! ¡Hay que hacer un reportaje!”, me dijeron. Yo me pongo en contacto con un “plumilla” que trabaja allí y juntos intentamos encontrar a personas a las que yo hubiera fotografiado durante las labores de limpieza de 2002. Antes de ir, le envié mis fotografías y él, a través de las cofradías de pescadores, localiza a muchos de ellos.

Tardamos dos días en hacer el reportaje, que tenía que estar preparado para el fin de semana. Fue una locura. Para comparar los escenarios de hace diez años con la situación actual, nos llevamos a los personajes a los mismos lugares en los que los retraté.

Y… ¿la pregunta cuál era? (risas).

La fotografía como vehículo de denuncia y conciencia social…

Una buena imagen, con un mensaje potente detrás, puede decir mucho y así, concienciar a la gente. Con las redes sociales, pueden hacerse virales.

Y desde tu punto de vista personal, ¿cómo se cuenta una historia con imágenes?

(Duda larga) ¿Te puedo responder con imágenes? (risas)

De acuerdo: ¿una imagen tuya que cuente una historia y por qué lo hace?

Uf, vale. Un viaje a Vietnam que hice para un reportaje sobre oftalmólogos españoles que operaban tracoma [conjuntivitis causada por un virus y frecuente en países cálidos]. Tomé cientos de fotos de operaciones, de gente…

Me quedo con una imagen de una señora después de ser operada, con una venda en los ojos y con un hilito de sangre aún recorriendo su mejilla. Una mosca se había posado sobre su venda. Había una luz muy bonita. Me quedaría con esa, por ejemplo; se notaba el agradecimiento de la mujer a los médicos que le habían ayudado.

Javier Corbacho (i), editor de undrconstruction.com y Álvaro Rincón (d), responsable audiovisual, junto a Uly Martín (@ulymartin1).

 

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