MARIPOSAS EN EL ESTÓMAGO: Entrevista a Raúl Cancio

Cinco décadas “capturando instantes” convierten a Raúl Cancio (Madrid, 1943) en uno de los grandes nombres del fotoperiodismo español.

Frente a su lente han pasado –algunos, posado– los más relevantes personajes de la España del siglo XX –Dalí, Adolfo Suárez, Felipe González, Luis Aragonés, Julio Iglesias, Tarancón, Del Bosque, Santiago Bernabéu, La Pasionaria, Butragueño, Santillana, Francisco Umbral o María Zambrano–, otorgando a la obra de Cancio el estatus de historia viva de nuestro país. Y su larga lista de galardones –Premio Nacional de Periodismo en 1984, Premio Nacional de Fotografía Deportiva en 1988 o Premio Nacional de las Artes y las Ciencias en 2004, entre otros– parecen confirmarlo.

Admirador –e imitador– de Cartier Bresson, Cancio sigue aún buscando ese moment décisif, ese sutil detalle, en cada disparo. Dedicado a “este oficio de mirones” desde 1963 y tras su paso por diarios como Pueblo o El Imparcial –en ambos, bajo la batuta de Emilio Romero–, su obra ha quedado vinculada a El País desde que su colega Juan Luis Cebrián “le acogiera” en 1980. “Mi periódico; donde realmente ha aprendido este oficio” ha declarado.

A raíz de la publicación el próximo mes de noviembre de su último proyecto, “Españoles… Franco ha muerto” (Libros.com), UND_R CONSTRUCTION entrevista al fotoperiodista Raúl Cancio para repasar el presente, el pasado y el futuro de –como rezaba el himno de Cecilia que triunfó en el año en que murió el dictador– “esta España mía, esta España nuestra”.

Elaboración y redacción: Javier Corbacho Galán y Álvaro Rincón Sanz

Fotografía (en blanco y negro, del que Cancio se confiesa enamorado): Álvaro Rincón Sanz


¿En qué son diferentes El País –en mayúsculas– y el país –en minúsculas– de hoy frente a los de hace 40 años?

En muchas cosas… Pero El País sigue siendo hoy un periódico de referencia. Por supuesto que ha cambiado, como todo. De entrada, ahora es en color. Siempre ha tenido buenos suplementos pero no de la categoría de los de ahora, que tienen hasta lomo. Y España claro que ha cambiado en estos 40 años; sólo hay que ver el Parlamento.

¿Es el cambio que más te llama la atención?

Es muy distinto al que yo conocí en el 78… La penúltima apertura del Congreso, más que un acto formal, fue un plató de televisión. Unos con las piernas encima de la mesa, una señora dando la teta al niño, otro haciéndose fotos él mismo… O bueno, cosas como el Secretario General –el líder supremo– de Podemos dando besos en la boca a Domènech en el debate de investidura… Yo eso no lo había visto antes; son sorpresas que te da la vida. Agradables o no agradables, son sorpresas… Yo nunca vi a Fraga Iribarne correr por la escalera para darle un beso a otro diputado de su partido… Ni a Felipe con Guerra. Ni a Pasionaria con Carrillo. Y ahora, pues ves al señor Iglesias –el líder– dando un beso al señor Domènech en pleno hemiciclo. Pero bueno, así es la vida. El mundo cambia: ahora me estás entrevistando con un teléfono y antes se hacían con un magnetofón. Y con eso mismo (señala al teléfono móvil) se pueden hacer y recibir fotos de una inundación o de un atentado.

¿Y qué se ha mantenido inamovible en El País tras 4 décadas?

Que sigue siendo un periódico serio. Con sus defectos, pero serio. Serio e importante, no sólo en España sino también en Europa. Sí que es cierto que el papel ha bajado sus ventas, porque ahora existe Internet. Pocos chavales de 18 años compran cada mañana el periódico; cogen la tableta y leen todos los que quieran: El País, El Mundo, ABC, La Razón, La Vanguardia, El Periódico… Cómo no van a cambiar las cosas… Y nosotros con ellas…

“España ha cambiado en estos 40 años; no hay más que ver el Congreso. Más que un acto formal, la última apertura parecía un plató de televisión”.

 

Un pronóstico: ¿cómo será El País de aquí a unos cuantos años?

En muchas cosas, seguirá estando igual que ahora. Pero supongo que dentro de unos años las páginas web de los diarios tendrán mayor peso. Con Internet, quizá se convierta en una lectura de lujo… Yo soy de papel, de mancharme los dedos; de ir al Café Gijón y pedirme un café y un cruasán mientras leo el periódico. Y el problema no es sólo que desaparezca el papel; es que están desapareciendo los kioskos en los que se compra. Para conseguir un periódico en mi barrio tengo que ir a El Corte Inglés. Y ya, de paso, me compro una camisa o unos calcetines… (risas).

Siempre compro varios: El País, El Mundo, ABC… Y si estoy dando clase en la Escuela (Cancio es profesor en El País-UAM) me los cojo allí que es gratis. Siempre me leo varios; me gusta comparar la opinión, si tal foto es mejor que tal otra… Pero un día esto será un lujo…

Más allá de ser un mero libro de fotografía, “Españoles… Franco ha muerto” incluye negativos, contactos y un dossier central que acompaña a las imágenes, tratando de convertirse en un documento gráfico sobre el fotoperiodismo. ¿Un adelanto de su último proyecto?

“Españoles… Franco ha muerto” son dos volúmenes: el primero, “Españoles…”, es el mío y la segunda parte, “Franco ha muerto”, de Marisa Flórez. Ese fue el mensaje de Carlos Arias Navarro, que se convirtió en el titular de toda la prensa a nivel mundial. Arias Navarro salió de negro, llorando, y nos lo dijo. Y Julio Rey, el autor de las viñetas de El Mundo y un genio en lo que hace, fue el que nos lo convirtió en el título del libro. No es un libro de fotografía del estilo “foto con pie, foto con pie”; es otro concepto y otro diseño. Hay contactos (impresión fotográfica de un negativo) a doble página, como los que hice del gol que Platini mete a Arconada por debajo del sobaco en París. Rodrigo Sánchez, el director de arte de El Mundo, y Julio Rey han hecho magia. Es un libro mágico, no había visto uno así antes.

“Españoles…” recoge gran parte de su carrera profesional. ¿Cuál es el mayor cambio que ha sufrido el fotoperiodismo en estos 40 años? 

El libro abarca desde el 78 hasta el 92; los años más convulsos que ha tenido este país tanto en atentados como en política o deporte. Y el recorrido acaba con las Olimpiadas y la Expo de Sevilla. Hace 40 años hacíamos fotos con un carrete de 36 y ahora podemos hacer infinitas con un teléfono. En los años que recoge “Españoles”, en el país cambió todo. Pasamos de una dictadura de cuatro décadas a una democracia. Con todos sus defectos, pero hasta ahora es el mejor sistema que hay. Hemos cambiado en todo; la barba, las canas…

“El País sigue siendo a día de hoy un periódico serio y de referencia”.

 

El proyecto se ha financiado por crowdfunding y ha superado el objetivo inicial de 13.500 euros. ¿Por qué se ha decidido apostar por micromecenas para editar el libro?

Por la sencilla razón de que no hay ninguna editorial que te haga un libro de esa categoría a día de hoy. Es un libro caro. Y grande; cuando esté completo puede pesar kilo y pico… 200 páginas y un formato grande. Eso no lo haría una editorial si no tiene una seguridad de vender 100.000 ejemplares, por lo menos. Por eso, se ha apostado por los mecenas. Y me deben de querer de mucho porque se superó el tope con algunos miles de euros más… (risas).

Raúl Cancio ha vivido otra Transición, la de la fotografía analógica a la fotografía digital y la sustitución del carrete por los disparos ilimitados. ¿Cómo ha evolucionado la mirada del fotógrafo a lo largo de este proceso?

El que es un buen fotoperiodista, ve igual. El visor es el mismo, con la diferencia de que la manía de hoy es mirar la foto una vez se ha tomado, lo que puede perjudicar al siguiente disparo. Con el analógico no podías visionarla. Es cuestión de acostumbrarte y lo acabas agradeciendo. Antes, tenías que viajar con el coche cargado y buscar un cuarto de baño para convertirlo en laboratorio y poder revelar. Y ahora, con un par de cámaras digitales y cuatro tarjetas de 32GB puedo retratar Estado Unidos de norte a sur y enviar al momento las fotos al periódico.

Juan Carlos Tirado, jefe de redacción del diario As, afirma que “Raúl Cancio revolucionó la fotografía deportiva. Empezó a hacer primeros planos, gestos y fotos que pronto serían copiadas por el resto”. Iríbar flotando desenfocado, Pirri en el vestuario tras su despedida del Bernabéu, Santillana casi fuera del encuadre o Neeskens y Johan Cruyff dando instrucciones contradictorias a sus compañeros de equipo… ¿En qué consiste el “toque Cancio”?

Juan Carlos es íntimo amigo mío. Le conozco desde que era un niño, porque soy bastante mayor que él. Siempre he procurado llevarle conmigo: se vino al As, donde se quedó de redactor jefe cuando yo volví a mi periódico, a El País. Es un gran amigo mío y un gran profesional.

¿Que en qué cambio yo la fotografía? (duda) Yo creo que aporto un poco. Ahora mismo, hay imágenes que parecen mías. Yo arriesgo; este es un oficio para arriesgar. Si no vas a hacerlo, quédate vendiendo camisetas en El Corte Inglés; lo mismo ganas más dinero. Y si este oficio no te emociona cada día, es mejor que lo dejes. Cuando empecé, aposté por utilizar un teleobjetivo en vez de uno normal. Los que llevaban 20 años haciendo fotografías de fútbol me miraban y decían: “Bah, estos niños…” Yo intentaba retratar gestos, un codazo, dolor, alegría, llanto… Y tuve la suerte de tener directores que me lo admitían. Imagínate: una foto en Pueblo a seis columnas ¡de un gesto! Antes no existían cámaras televisivas como las de ahora pero, incluso hoy, procuro hacer fotos que paren al lector –un segundo, dos segundos; no somos el ombligo del mundo– para que se diga: “¡Coño, yo ayer estaba en el fútbol y esto no lo vi!”. Intento que se sorprenda. Son instantes irrepetibles, que nunca pueden volver a congelarse.

“Esquerra Republicana y la CUP están amenazando a los periodistas. Y eso es muy fuerte. El Gobierno debe hacer algo”.

 

Este oficio me enamora. Me recuerda a un bolero: te ofrece todo si quien lo canta pone sentimiento. Este es un oficio de sentimientos. Y de no saber lo que va a pasar dentro de media hora; podemos estar hablando y, de repente –¡bum!– un bombazo en la calle de más arriba. Y –muy importante– nunca despreciar un reportaje o una fotografía porque muchas veces no sabes lo que llevan detrás. Te pueden mandar a cubrir un accidente y puedes pensar: “Estoy de hacer fotos de accidentes hasta los cojones”. Ay, amigo, te puedes encontrar a Fernando Martín muerto. Yo iba de camino al Vicente Calderón, vi un accidente en la carretera y me bajé del coche porque yo soy un profesional. No supe que era él hasta que me lo dijeron durante el partido. El mejor deportista de Europa de la época… Le llevé muerto en el bolsillo del anorak durante una hora…

Precisamente sobre deporte y sentimientos, un joven Juan Luis Cebrián, por aquel entonces redactor jefe en Pueblo, te pidió “humanizar el deporte”. ¿En qué consiste esa labor?

Juan Luis Cebrián y yo –tenemos la misma edad– estábamos en Pueblo. Emilio Romero me encargó que me dedicara a cubrir el deporte. Yo se lo dije a Juan Luis, que con 21 años era ya redactor jefe, quien me dijo; “Raulito, haz lo que haces cuando cubres información general. Humaniza”. Me lo dijo hace 50 años y sigo haciéndolo igual. Hago fotos de un abrazo, un gesto, un cabezazo… Incluso hay algún gol; estaría bueno… Hay mucho amor en las fotos mucha humanidad…

“El mejor presidente que ha tenido España: Felipe González Márquez. Sin duda”.

 

Más allá del deporte, su trayectoria ha quedado vinculada a una visión muy personal de la fotografía taurina. Si la polémica “ley balear” prospera, las fotografías en la Plaza de Toros de Mallorca van a ser claramente distintas a las habituales. Como conocedor de la Fiesta, ¿qué opinión le merece esta ley?

Así, no merece la pena ir a los toros. Si me dicen que vaya a cubrir una corrida en la que no va a haber banderilla o picadores, no voy. Venga, hombre… Para eso, me quedo en casa y me veo una película. O me voy a tomar una copa contigo. No voy… Es una patochada. Y luego, al toro lo llevan al matadero porque ya está toreado. No sé si la ley prosperará… veremos.

Para hacer fotos, ¿Las Ventas o El Bernabéu?

Es distinto, son dos mundos. A mí no me gustan los toros, primeramente. Pero me encanta hacer fotos de toros; me parece un espectáculo donde la muerte está en el aire. Y eso es muy importante. En los toros, la muerte baila; vuela en el aire. Se sabe que el toro mata, si no tuvieran cuernos la gente no iría. Por eso, la Fiesta tiene esa belleza y genera ese miedo; esa ansiedad, esa angustia. Con una única cornada, un toro puede matarte. Y aunque casi siempre gana el torero por 6-0, hay veces que el toro lo mata. Y cuando mata, mata de verdad. Y hay que tener cojones para ponerse delante de una fiera de 600 kilos. Repito, no me gustan los toros; pero reconozco que es gráficamente es-pec-ta-cu-lar.

Otra fotografía de alto riesgo: la de Salvador Dalí; “aquello fue un duelo, él con los ojos y yo con la cámara”. ¿Quién lo ganó?

Yo creo que lo ganan siempre los entrevistados.

Hoy juegas con ventaja…

Los entrevistados son los que ponen la cara para las fotos. Si tienes la suerte de cazarle y hacer una foto icónica como la de Dalí, quédate satisfecho.

Yo gesticulo mucho. Pero verás como él (señala a Álvaro Rincón) sabe perfectamente cómo tiene que pararme. Doris Lessing, García Márquez o María Zambrano sabían que yo les tenía delante.

¿Cómo era Dalí en las distancias cortas? ¿Tan surrealista como cabría pensar?

Fue una experiencia muy importante. Yo ya había venido de Nueva York, con una cierta trayectoria, pero aquel día estaba delante de un genio. Hay personajes –también me pasó con García Márquez– que quieres que hablen y hables. Y tú poder escucharles y aprender. Con Dalí supe lo que era un monstruo; un fenómeno de la comunicación. Sabía perfectamente lo que había que hacer en cada momento.

“Con la ‘ley balear’ no merece la pena ir a los toros. Es una patochada. Veremos si prospera”.

 

También has retratado a figuras claves de la Transición. ¿Cuentan los políticos de hoy con la fotogenia del Suárez, el González o el Carrillo de aquellos años?

No. Ahora hacen mucho show. Con la fotografía de Marisa Flórez en la que Alberti y Pasionaria bajan las escaleras del hemiciclo se me sigue poniendo la piel de gallina.Esos dos comunistas, que se habían exiliado, entrando en Cortes, del brazo… Acojona. Pero ahora, ¿no ves que es un circo? Un plató. Está hablando el Rey y ellos, a otra cosa. Y se hacen selfies y fotos unos a otros… El mundo ha cambiado; lo aceptas o te vas a otros. Pero cuidado, que a lo mejor el otro es peor (risas).

Has declarado que Felipe González, quien aparece fotografiado en “Españoles…”, “es el mejor presidente que ha tenido España con diferencia”… 

Para mí, el mejor. Sin duda, Felipe González Márquez.

¿Y cómo valoras la trayectoria del PSOE desde que Arias Navarro pronunciase la frase que da nombre a su libro hasta el día de hoy?

El PSOE era un partido postergado, existía clandestinamente o en el exilio en Francia. Que Felipe ganara las elecciones en el año 82 cuando se derrumba la UCD de ese gran político que era Adolfo Suárez, es un paso muy importante para la democracia. Y Suárez evitó junto al rey Juan Carlos que en este país no volviésemos a hostias. Y era un país muy convulso, con años y años de ETA poniendo sobre la mesa a un concejal muerto, un coronel o a diez guardias civiles. Felipe ganando las elecciones en el 82, ¡qué foto esa! El Partido Socialista en la Moncloa, bajo la bandera española, ¡ahí está la foto! Y esas son emociones que nunca volverán más.

El Partido Socialista de hoy creo que se arreglará pero ha habido momentos que han sido un circo. Hemos vivido la casi desaparición del PSOE y eso sería un drama para España. Hubo momentos en Ferraz que fueron barriobajeros… Parece que la cosa se está arreglando. Ahora, el mayor problema de este país es el independentismo en Cataluña. Es un problema muy gordo y lo vamos a vivir dentro de poco. Hoy se ha publicado un artículo de Victoria Prego, la presidenta de la Asociación de la Prensa, espectacular, muy duro. No quiero que pase lo que cuenta Prego.

¿Y cuál crees que va a ser la foto de portada el próximo 1 de octubre?

Ni idea. Yo quiero mucho a Cataluña; hay una edición catalana de El País. Yo he vivido allí; en el Hotel Calderón y en el Hotel Plaza, frente a la Catedral. Tengo grandes amigos catalanes y me vuelve loco Barcelona. Me da mucha pena esto; yo no quiero que Cataluña se vaya. El problema es que hay un porcentaje de gente que sí quiere marcharse. Y ahora, los que mueven el cotarro son los que sí quieren irse: la CUP, Esquerra Republicana… Son los que están montando todo el circo. Y están amenazando a los periodistas; los están amenazando de muerte. La CUP está diciendo en pancartas: “Assemyalem-los”, es decir, que señalemos a los que no quieran la independencia. Eso es muy fuerte. Sólo falta ir casa por casa llamando. El Gobierno debe hacer algo; algo tiene que hacer el señor Rajoy y dejar de leer el Marca y fumarse un puro.

¿Propones alguna solución?

¿Yo? Ojalá. Ojalá… Que se pusieran de acuerdo y que fueran coherentes. Este país es un país grande, hemos pasado de una dictadura a una democracia constituida plenamente. Somos un gran país; no lo jodamos. Unidos tenemos más fuerza que desunidos. Mira Estados Unidos de América: 52 estados u-ni-dos. No son “Estados Separados de América”. Cada uno con sus leyes y su bandera, pero unidos. Estados U-ni-dos.

En “Españoles…” has incluido una fotografía del atentado etarra del 25 de abril de 1986. Tras los atentados de Barcelona, el eterno debate de qué imágenes son publicables y cuáles no ha vuelto a abrirse. ¿Cómo se posiciona Raúl Cancio?

La foto, desde luego, hay que hacerla. Y a la hora de hacerla, tú sabes perfectamente si la foto es cruel o no es cruel. Yo en un atentado no haría primeros planos nunca. Y, si fuera yo el director, procuraría no publicarlas. Pero hay que hacerlas. Además, somos muy cínicos. Vi una foto del atentado de las Ramblas en la que salía un niño al que no se le veía la cara. “Ayyyyy, por Dios; esa foto no puede estar publicada; es terrible” decía la gente. La verdad es que la foto era soberbia; la hizo David Armengou, que cruzó la Rambla tras el atentado. Tuvo los santos cojones de hacer esa foto. ¿Pero qué pasó con el niño sirio en la playa? La vio todo el mundo. Estaba en todos lados.

Precisamente sobre la fotografía de Aylan y las del atentado de Barcelona, Juan Carlos Monedero, en su tribuna en Público, afirma que la imagen del niño sirio genera conciencia mientras que las de la Rambla desatan el odio. Que es necesario publicar la primera pero sacar a la luz las segundas es un error; una victoria para los terroristas…

Yo con Monedero no voy a discutir de periodismo porque este señor es profesor de Políticas. ¿Que las fotos de Barcelona desatan el odio? Sí, a los criminales que mataron a 15 personas. Más que odio, asco. Y si no llega a reventar el piso, imagínate si llegan a meterse en la Sagrada Familia… A lo mejor, habría que lamentar 400 muertos. ¿No se acuerda el señor Monedero de Hipercor? ETA dejó 32 muertos. Todo el que es capaz por ideología o por religión de matar personas me repugna.

“Éste es un oficio de sentimientos, de emociones. Si no te enamora cada día, déjalo”.

 

Muchas de las imágenes que acabaron en los medios fueron tomadas por viandantes o por vecinos de la Rambla. ¿Qué opinión te merece el llamado “periodismo ciudadano”?

A mí me gusta mucho hacer fotos en la calle; yo soy un fotógrafo de calle. Lo que queda claro es que el teléfono móvil, ese artilugio que aunque se nos olvide también permite hablar, también hace imágenes muy buenas. Y permite que salgan a la luz imágenes que no podríamos ver nunca, como pasó en los atentados. Imágenes hechas con un teléfono desde una ventana que nos permiten saber cómo fue un atentado, un incendio, unas inundaciones… Bendita tecnología; nos permite ver imágenes que no se hubieran visto de otra manera…

Pero en relación a la captura de imágenes, ¿le falta al “periodista ciudadano” la deontología y la faceta ética que se atribuye al profesional de la información?

Lo que pasa es que hay quien no sabe hacer fotos; hacen imágenes. Pero esas imágenes valen de puta madre. La foto del atentado de ETA la hice en la calle Juan Bravo, esquina con Príncipe de Vergara. Me subí a una ventana para pillar un buen ángulo. Si llega a pasar hoy, cuando hubiera llegado ya habría 100 fotos –peores o mejores– en las redes sociales. Repito: hacen imágenes, no fotos. Pero nos valen porque el que la ha hecho estaba solo enfrente de un incendio o un suceso. El reportaje del accidente de Fernando Martín –lo último que querría hacer a día de hoy– lo hice yo solo. A día de hoy, las personas paradas en la M3O estarían haciendo fotos. Hasta las monjas, que no quieren tocar al Papa sino hacerse un selfie con él.

Has declarado que te ves incapaz de elegir una de tus fotografías…

No soy capaz; las quiero a todas. Unas serán mejores o peores pero todas las que están aquí (señala a su libro “Objetivo Raúl Cancio”) y las que estarán en “Españoles…” han tenido su día de gloria, que consiste en estar en la primera página del periódico. Y yo también he tenido días de gloria cada vez que salían en portada porque era quien había capturado esos momentos… A todas las quiero.

Si el fotógrafo tuviese que ser el fotografiado, ¿quién quieres que retrate a Raúl Cancio?

Éste (señala a Álvaro Rincón). Trátame bien y no me saques mucha papada.

” ‘Españoles… Franco ha muerto’ es más que un libro de fotografía. Es pura magia”

 

Has manifestado en multitud de ocasiones tu admiración por Cartier Bresson…

Sí, me gusta mucho. Creo que inventó el fotoperiodismo –el de verdad– con su Leica. Y yo le copio como nadie. Yo copio muy bien y copio a gente muy buena. Siempre que hacía una entrevista, dos o tres de mis fotos eran carterianas; misma luz, mismo objetivo y mismo ángulo. Él lo hacía en el año 40 y yo 40 años más tarde. El mérito es de él, claro. Cómo no voy a copiar a Bresson… Él iba con una Leica pequeñita y hacía ¡tic!; no molestaba a nadie.

¿Cómo es una foto periodística perfecta?

La perfección es algo muy dudoso; lo que para ti lo es, puede que para mí no. Cada cual tiene un criterio, afortunadamente. Que te diga el editor o el director: “¡ésta, a cinco columnas!” es una experiencia única. Una foto buena es la que grita. Cuando yo era redactor jefe de El País ponía varias fotos encima de una mesa y buscaba la que le iba a vibrar al lector. Quizá es un gol, quizá un atentado.

El Raúl Cancio de hace 50 años compró su primera Pentax a plazos y notaba mariposas en el estómago cuando revelaba sus fotografías. Medio siglo después, ¿sigues sintiéndolas?

Ahí es cuando me di cuenta de que este oficio me enamoraba. Sigo sintiéndolas cuando, tras un disparo, digo: ¡Joder, qué foto! Si no sientes este oficio, tienes un problema, como cantar tango y hacerlo sin sentimiento. Es un oficio de sorpresas, de emociones, de amor… Si volviera a nacer –lo tengo claro– llamaría a la misma puerta.

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