UN MEDIO DE MEDIOS: ENTREVISTA A EL SALTO

Tras más de una década de vida, Diagonal –periódico quincenal de tendencia anticapitalista y asamblearia gestado en el seno del fanzine Molotov– publicó a mediados de diciembre de 2016 su último número. Sin embargo, no por ello se desvinculaba del panorama comunicativo. A partir de ese momento, aunaba esfuerzos con otros 20 medios de múltiples territorios, temáticas y soportes –radio, web, vídeo, fotografía o papel– para crear un proyecto periodístico “descentralizado, sostenible, cooperativo, horizontal y de propiedad colectiva”.

Nace así El Salto, “un medio de medios financiado por la gente”. Proyectos como el magazine feminista Píkara, el site especializado en cultura africana Wiriko, la web de economía social El Salmón Contracorriente, el vídeo-formato Galiza Ano Cero o las revistas Pueblos o Soberanía Alimentaria forman parte –con distintos niveles de cooperación– de esta nueva apuesta.

Algunos de los medios que conforman El Salto, como Píkara o El Salmón, colaboran en su mensual en papel, que cuenta con versiones propias en Aragón, Andalucía, Galiza (Galicia en gallego), Madrid, Nafarroa (denominación euskera de Navarra) y País Valencià –que no Comunidad Valenciana–, además de la publicación general.

Para rematar la acrobacia y tras cuatro ejemplares en los quioscos, El Salto pretende sustituir Saltamos.net –su “blog de transición”– por una web transmedia; un espacio que combine contenido audiovisual, streaming, fotorreportajes y cobertura informativa regional junto a los blogs propios de los medios asociados.

Pablo Elorduy, proveniente de Diagonal y coordinador de contenidos de El Salto, recibe a UND_R CONSTRUCTION en la redacción de la madrileña plaza Luca de Tena, para descubrirnos si, como afirmaba el dibujante y artífice de V de Vendetta Alan Moore, “todos los grandes proyectos en la vida nacen con un salto al vacío”.

Elaboración y redacción: Javier Corbacho Galán

Fotografía y audiovisual: Álvaro Rincón Sanz


El Salto es un medio de comunicación colaborativo y formado por varios medios. Algunos de ellos no pierden su identidad, otros mutan y otros plantean colaboraciones esporádicas” explica Elorduy. “Es también cooperativo; funciona bajo las bases de una cooperativa de consumidores y con tres tipos de socios: los trabajadores, los colaboradores (que forman el núcleo de pensamiento político y económico) y los suscriptores” añade. “El Salto también es una reflexión sobre el momento actual del periodismo y de la coyuntura política; los primeros pasos hacia lo que entendemos que es una nueva época periodística y política”.

¿Pero cómo se organiza un proyecto conformado por medios de distinto formato: web, radio, blogs, papel, magazines culturales…? ¿Qué ventajas y desventajas tiene esta amalgama? Pablo responde: “Tiene el primer beneficio de colaborar con proyectos políticamente similares pero que se veían obligados a competir por el mismo público y los mismos anunciantes. Estas herramientas de cooperación pueden ser de tipo simbólico, como darnos visibilidad las unas a las otras  y así no quitarnos visitas. También se mejora la cobertura regional, ya que la web permitirá que aparezcan noticias cercanas a donde se encuentre quien la visite. A diferencia de otros medios, tenemos una concepción distinta de lo que es España; la de no basar todo en el Congreso de los Diputados, La Moncloa y las sedes de las grandes empresas”.

“La principal desventaja es tener que coordinarse y estar más atentos a lo que publicamos. Esto supone hacer mucha crítica a los proyectos afines y mucha autocrítica. Cuando uno se asocia con otros, corre el riesgo de pensar que sus propios estándares de calidad no tienen que ser revisados y los ajenos sí” apunta.

¿Y por qué apostar por un modelo de financiación por socios y por un mensual en papel? “La publicidad de las grandes empresas es una de las típicas fórmulas para monetizar el contenido pero nosotros renunciamos a ella por una serie de principios políticos.  Tenemos una “lista blanca” de anunciantes; proyectos de economía social, que consideramos un sector en auge. No queremos imponer demasiados principios morales e ideológicos pero obviamente hay una lista de anunciantes con los que no queremos trabajar: empresas con filiales en paraísos fiscales –34 de las 35 del IBEX– o empresas cuyas prácticas hayan sido denunciadas por sindicatos o que tengan intereses flagrantes en la venta de armas, como ocurre con varios de los bancos de este país”.

“Tenemos una concepción distinta de lo que es España; la de no basar todo nuestro contenido en el Congreso, La Moncloa o las sedes de las grandes empresas”.

 

“Si queremos denunciar el neocolonialismo en África o Latinoamérica, vemos incongruente ofrecer publicidad a empresas que financian esas prácticas. Nuestra apuesta es por los socios y la única manera de financiarnos es por el deseo de la gente de que nazca un medio de este tipo. Y apostamos por el papel al venir de Diagonal y contar con una comunidad acostumbrada a leernos en este formato. Hemos solucionado algunos de los problemas que teníamos en Diagonal, como poder pagar ahora las colaboraciones y aumentar el alcance territorial, al asociarnos con medios de distintas áreas” explica Elorduy.

Pero, ¿es la financiación por socios el modelo más cercano a la independencia o, por el contrario, aleja de la pluralidad al verse obligado un medio a ofrecer únicamente contenido afín al perfil de sus socios? “Existe ese riesgo de la auto-satisfacción al depender tanto de las socias, de quienes, junto a las suscriptoras, vamos acompañados en muchos temas” expone Elorduy. “Sin embargo, creo que hemos abierto líneas que problematizan en nuestros sectores. Creo que los medios de izquierda lo han hecho en cuestiones relativas al machismo y al movimiento feminista, lo que no era un debate de la izquierda y que, posiblemente, los lectores de hace 10 años no querían ver en los medios o no consideraban importantes. El periodismo puede ayudar a cambiar ideas prefijadas o juicios de valor y provocar cambios de raíz; incluso desde un sector en el que mucha gente se siente ideológicamente reconocida. Nunca hemos tenido mucho miedo y, en la experiencia anterior, hemos abierto algunas heridas. No queremos acólitos, queremos gente crítica como lectora y como subscriptora” añade.

“Creo que los medios de izquierda han abierto debate en cuestiones como el machismo y el movimiento feminista. Posiblemente, estas cuestiones no preocupaban a los lectores de hace 10 años”.

 


El Salto ocupa la entreplanta de un robusto edificio de la plaza Luca de Tena. Como si se tratase de la columna vertebral del bloque, un antiguo ascensor conecta los distintos pisos y conduce a una extensa azotea desde la que se vislumbra el atardecer de un nublado Madrid. En los pasillos de la redacción, de altísimos techos, se apilan columnas de todos los números y las ediciones regionales –que se distribuyen a través de 5.500 puntos de venta física a lo largo del país a un precio de 4 euros– junto a las bicicletas de varios miembros del equipo. Para el primer mensual en papel –mayo de 2017–, Pablo Iglesias acudió a la redacción, donde fue entrevistado por Elorduy.


El manifiesto fundacional de El Salto recoge que “la objetividad no existe y que lo honesto es explicar desde dónde escribes y miras la realidad. No estamos en una torre de marfil y queremos contribuir al cambio social”. ¿Cómo concibe el periodismo un conglomerado de medios con un perfil ideológico tan concreto y con unos valores compartidos? Pablo responde: “Nadie nace sabiendo y hay periodismo mejorable en lo que llevamos hasta ahora; tanto a nivel técnico como narrativo. Sí que nos fiamos de los criterios de 4 ó 5 personas que desde el principio nos están asesorando; un “Comité de Sabias” para velar para la rigurosidad y mejorar nuestros contenidos. Nosotros somos muy plurales en lo ideológico y no ponemos el acento en la ideología sino en hacer un periodismo cercano, de a pie de calle, preocupándonos de lo que importa a la gente que está sufriendo las consecuencias de la crisis y a la que sigue sin llegar la recuperación económica. Es cuestión del enfoque y no tanto de los principios, que casi todo el sector periodístico comparte”.

A mediados del pasado mes de julio, se anunciaba la aparición de Il Salto, un proyecto hermano de El Salto en Italia, que seguirá los mismos principios de horizontalidad, propiedad colectiva, sostenibilidad, participación y transformación social de la matriz española. Desde la redacción, califican este nacimiento como “una buena noticia”.

Sobre una hipotética expansión de El Salto a otras Comunidades Autónomas, Elorduy afirma: “Ahora acabamos de terminar la primera fase de expansión y vamos a centrarnos en el lanzamiento de la web pero no nos cerramos a que otros colectivos periodísticos nos propongan lanzar otras ediciones regionales. Es bastante posible. Con Cataluña y País Vasco, las nacionalidades históricas, tenemos buena relación y, en algún momento, eso permeará en nuestro contenido”.

En sus ediciones regionales, El Salto opta por Nafarroa (denominación euskera de Navarra) o por País Valencià en lugar de Comunidad Valenciana. “Bueno, eso es una decisión de esos colectivos, que son periodísticos pero también políticos, y prefieren un medio plurilingüe. Nosotros no imponemos una postura. Desde luego, en la órbita de El Salto, hay gente del País Valenciano con un posicionamiento cercano al independentismo pero siempre teniendo en cuenta que el proyecto general se basa en la autonomía pero también en la confianza entre distintos territorios” explica Elorduy. “Todo está coordinado pero el tema de la lengua nace como algo muy natural” añade.

Sobre la participación de los subscriptores en la toma de decisiones en el proyecto, Pablo Elorduy explica: “La primera decisión en una cooperativa son las cuentas anuales. Si el proyecto entra en pérdidas, serán los suscriptores quienes deciden si se cierra o no. Si conseguimos beneficios, serán los suscriptores quienes decidan en qué se van a invertir; por ejemplo, si se quiere más periodismo de investigación. También se debatirían cuestiones relativas a las “líneas rojas”, como revisar la lista de anunciantes o decidir si cargos políticos pueden formar parte del colectivo. Además, se celebrará una asamblea general anual con una serie de decisiones a tomar in situ y otras cuestiones –ya planteadas por vía digital– que también se cerrarán asambleariamente. Para las decisiones estructurales, nos comprometemos a realizar una consulta y para las líneas rojas, una consulta vinculante”.

El Salto también opta por la igualdad salarial y por ofrecer todo el contenido de la web de manera gratuita, apuestas diferenciadoras frente a otros medios autocalificados como independientes. “La igualdad salarial –apunta Elorduy– tiene que ver con la responsabilidad y la confianza que se pone en cada una de las fases. No creemos que, cualitativamente, sea mejor un trabajo de periodista que el de quien está en la administración del periódico. Buscamos un modelo horizontal y democrático; y no una jerarquía de trabajos, porque todos son igualmente necesarios. Quien se encarga de las subscripciones tiene la misma importancia que el resto para que el proyecto salga adelante y tiene en sus manos las quejas, las propuestas de mejora o las necesidades de las suscriptoras. Aunque con los periodistas, hay una serie de beneficios adquiridos –que no le llegan a todos– como la marca o el prestigio, y que sí pueden monetizarse mediante la publicación de libros o impartiendo conferencias, con lo que no cuentan otros sectores de un medio. Pero aquí todos los puestos son necesarios”.

“Tratamos de hacer un periodismo de a pie de calle, preocupándonos de lo que importa a la gente que está sufriendo las consecuencias de la crisis y a la que sigue sin llegar la recuperación económica”. 

 

Y por último, ¿por qué era hora de dar el salto? “Era hora porque ha habido tantos cambios políticos y sociales en España desde el año 2011, por poner una fecha, que veíamos que las costuras de lo que estábamos haciendo habían reventado. Era hora de presentar un medio a la altura de los nuevos tiempos. Cito 2011 porque todos conocemos el 15M pero podía haberme remontado a 2008 y la crisis, cuyas consecuencias empiezan a reflejarse unos años después, con una España al borde del rescate. Los proyectos anteriores venían con otra lectura de la situación, que –equivocada o no– dio de sí hasta entonces. Ahora, estamos ante una nueva sociedad –la que sale de la crisis, ha vivido las experiencias de replanteamiento del sistema y visiones que cuestionan el planteamiento centralista de España y su soberanía– y que se asoma a un abismo. También es la generación de la precariedad que, junto a cuestiones como el cambio climático y el feminismo, necesita un molde nuevo para afrontar la realidad” explica Elorduy. “Por eso fue el momento de dar el salto”.

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