Los que dudan: Entrevista a Jesús Maraña

Tras una intensa trayectoria por influyentes cabeceras del panorama mediático español –del diario Informaciones a encabezar el Público de los últimos días en papel, pasando por El Mundo y la dirección de Interviú o Tiempo–, Jesús Maraña (Sahagún, León, 1961) funda infoLibre junto a varios compañeros de profesión.

En mayo de 2013 se pone en marcha este “proyecto de periodismo independiente, especializado en la investigación de asuntos político-financieros”, con la aspiración de que dependa económicamente de sus lectores y no de bancos ni grandes empresas.

En mayo de 2017, tras cuatro años de infoLibre en la red y tintaLibre –su mensual en papel– en los quioscos, Maraña publica “Al Fondo a la Izquierda” (Planeta), en cuyas casi 400 páginas aborda la decadencia del Partido Socialista Obrero Español desde los últimos meses de Zapatero en La Moncloa hasta el reciente enfrentamiento Sánchez-Díaz.

Jesús Maraña nos abre las puertas de su redacción para examinar junto a UND_R CONSTRUCTION la crisis de la rosa y el puño, los tejemanejes del poder y analizar “la batalla por la credibilidad” en la que participan tanto políticos como periodistas en nuestro país.

Elaboración y redacción: Javier Corbacho Galán y Alicia Abadía Fantova

Fotografía y producción audiovisual: Álvaro Rincón Sanz


UND_R CONSTRUCTION: ¿Qué lleva a Jesús Maraña a escribir lo que ha definido como “un relato personal, que no gustará a nadie, sobre el terremoto político español”? ¿Por qué, según su autor, los ciudadanos deben conocer este suceso?

Jesús Maraña: La verdad es que yo siempre me había resistido mucho, y había rechazado varias propuestas para escribir libros, porque le tengo un respeto enorme a este formato. Uno está acostumbrado a enfrentarse a la pantalla, a escribir artículos, reportajes o crónicas –géneros que nacen y mueren muy deprisa– pero el libro siempre me ha infundido un respeto reverencial.

Me comprometí a escribir sobre la actualidad política gracias a una editora –que también es periodista y amiga–, que me convenció. Cuando nació Podemos, me propuso escribir sobre ese tema. Intenté arrancar durante todo un verano pero no vi que fuera lo suficientemente interesante o profundo para limitarlo. Todo lo que estaba ocurriendo hace tres años estaba muy relacionado y en ebullición, y cambiaba muy deprisa. Con el paso del tiempo, lo fui aplazando. A los periodistas nos come el tiempo, y en un digital como infoLibre, todavía más. Finalmente, tras el ciclo electoral del año pasado y el estallido del Comité Federal del 1 de octubre del PSOE, me comprometí a escribir. Me parecía que ya sí que había suficiente material. Además, durante ese tiempo, yo había procurado retener cosas y tomar notas de las conversaciones que iba teniendo con los protagonistas de la política de estos últimos años, especialmente en el terreno de la izquierda. Y desde noviembre, le dediqué fines de semana, vacaciones, insomnios, etc. y lo terminé en Semana Santa.

“Siempre he tenido un respeto reverencial por el formato libro. Me impulsó a escribir ‘Al fondo a la izquierda’ la necesidad de relacionar los sucesos tan convulsos e interesantes que estamos viviendo”.

 

Me impulsó a escribirlo el compromiso y la necesidad de relacionar todo lo que estaba pasando desde mayo de 2010, como: el 15 M, el nacimiento de Podemos… Me parece que estamos viviendo tiempos muy convulsos, muy interesantes y muy cambiantes, que merecían la mirada más reposada que la que da el periodismo diario.

Afirmas que la crisis del PSOE tras la salida de Zapatero de Moncloa se debe –además de a las medidas de austeridad impulsadas por éste al final de su mandato– a la elección de Rubalcaba frente a Chacón, lo que impide la renovación generacional, y al surgimiento de Podemos que, tras el 15M, arrebata gran parte del electorado al PSOE. A lo que añades el descabalgamiento de Sánchez, determinadas luchas de poder y la reciente abstención al Partido Popular. No son pocos los factores…

Jesús: Sí… Apenas hay opinión mía en el libro. He procurado que sea un relato periodístico, intentando contarlo ateniéndome a los puntos de vista y al prisma de los actores que han vivido estos hechos, junto a lo que yo he visto, escuchado y leído y a documentos que han ido surgiendo a lo largo de todo este proceso. Todo ello, lo más sencillo y legible posible para que llegara al máximo público, más allá de los que estamos muy relacionados con el periodismo o la política; que también.

Las medidas de austeridad de mayo de 2010 fueron la primera de las rupturas, en este espacio de tiempo, del PSOE con su electorado. Sobre la sucesión en Rubalcaba, hay dirigentes que le apoyaron y reconocen en el libro que se equivocaron. Consideraron a posteriori que había sido una especie de bloqueo o marcha atrás; que impidió la renovación profunda que necesitaba la socialdemocracia. Y luego está el 15M, fundamental para entender esta situación y que no fue leído correctamente desde el PSOE. Se equivocaron en el diagnóstico que hicieron; pensaron que era un fenómeno pasajero y más bien provisional.

“He procurado que sea un relato periodístico sencillo y legible para que llegara al máximo público, más allá del mundo de la política y el periodismo”.

 

Desde el PSOE, han tenido siempre la insistencia de solucionar los problemas de fondo mediante cambios de liderazgo personal. Y lo que ha venido ocurriendo ha demostrado que los problemas de fondo iban más allá de liderazgos personales. Todo ello se relata en el libro, con datos, testimonios y documentos.

Recientemente, varios alcaldes del PSC manifestaban su apoyo al referéndum unilateral en Cataluña. ¿Son los enfrentamientos internos en torno a la cuestión catalana otro motivo que podemos añadir a la lista anterior? En tu libro apuntas que “el planteamiento de los socialistas sobre el modelo de Estado adolece de una ambigüedad que hace muy difícil su traslación en términos electorales”…

Sí, el “factor Cataluña” ha influido y condicionado mucho la situación, tanto en el escenario político general como a la izquierda en particular, y especialmente para el PSOE.

Nunca el Partido Socialista ha conseguido mayoría para gobernar sin un buen resultado en Cataluña. Históricamente, eso es así. Incluso cuando había mayorías nacionalistas durante décadas, en las generales, mucha gente votaba al PSOE. Eso se rompió tras la frustración de la reforma del Estatut y la sentencia del Tribunal Constitucional, lo que hizo nacer el proceso soberanista, que ha ido creciendo en estos años y nos ha llevado al punto en el que estamos.

“Las medidas de austeridad de mayo de 2010 fueron la primera de las rupturas con el electorado socialista. Y el 15M, fundamental para entender esta situación, no fue leído bien por el PSOE. El ‘factor Cataluña’ también ha influido”.

 

Explico esto porque sin ello es difícil entender gran parte de las tensiones que ha habido en el PSOE. La posición del Partido Socialista en una cuestión en la que hay dos extremos tan evidentes y tan nítidos –el independentismo y el “nacionalismo español” y centralismo total del PP– es ambigua. Está entre estos dos grandes polos. Podría pensarse que es la postura más moderada y que puede hacerse mayoritaria. Pero cuando se exacerban tanto las posiciones, esa ambigüedad no suele tener buenos réditos electorales. Y esto es lo que ha pasado con el tema catalán en el PSOE.

En el libro, aparecen testimonios –y esta es mi conclusión con respecto al PSOE – cuyos transmisores, dirigentes socialistas, aún no han sido capaces de asimilar públicamente. Ahora ya estamos en otra fase: Pedro Sánchez ha empezado a defender el “Estado plurinacional”; que aparece constantemente a lo largo del libro antes de que se produjera el regreso de Sánchez…

Lo comentas incluso con Susana Díaz, quien se muestra favorable…

Sí, en el libro aparece una conversación que ha sido muy polémica y los medios, nada más salir el libro en plena semana de las primarias, la destacaron. Susana no la ha desmentido porque la conversación es la que es. A mí me parece muy significativa porque muestra que muchos dirigentes del PSOE –y no sólo Susana Díaz– piensan que la Declaración de Granada, el federalismo y la reforma constitucional que plantean, lleva a un modelo que puede ser el de “Estado plurinacional”. Pero no se han atrevido a defenderlo públicamente y de manera clara por el miedo a que eso restara apoyos electorales.

A pesar de considerar que la crisis del PSOE no es el único factor que alimenta el auge de los nuevos partidos, te planteas la siguiente cuestión: “¿Habría surgido Podemos si el PSOE hubiera afrontado en 2011 una renovación generacional –Chacón en vez de Rubalcaba– y hubiera dado un giro a la izquierda creíble, aprovechando el 15M para conectar con los movimientos cívicos”? Interesante hipótesis…

En política, como en todo, hacer hipótesis a posteriori de lo que podría haber sido y no fue es arriesgado y casi ficción. Pero sí parece claro que hay factores, como la falta de renovación a fondo del PSOE, que nos hacen plantearnos que quizá parte de los cinco millones de votos perdidos entre el 2008 y el 26J no se hubieran ido. Hay otro análisis que también planteo en el libro: lo que hubiera pasado si Izquierda Unida hubiera afrontado también una relación distinta con el 15M y se hubiera abierto mucho más a los movimientos cívicos que había en la calle. Parte de los fundadores de Podemos salen de Izquierda Unida porque no ven que dentro de IU puedan defender lo que defendían.

En definitiva, si el Partido Socialista e Izquierda Unida hubieran actuado de otra manera, el nacimiento de Podemos –si es que se hubiera producido– habría sido muy diferente.

¿Qué papel juegan los grandes medios de comunicación en la crisis del PSOE? En “Al Fondo a la Izquierda” narras una bronca entre Pedro Sánchez y Antonio García Ferreras y abordas la influencia de la cúpula de El País tanto en la destitución de Tomás Gómez como en el descabalgamiento de Sánchez…

Sin duda, juegan un papel relevante. No se puede explicar la crisis del PSOE sin tener en cuenta la interdependecia con el grupo Prisa; fundamentalmente con el diario El País. En el libro, cuento esto detallando momentos concretos importantes para el PSOE, que van acompañados de editoriales o artículos de Cebrián, Felipe González o Rubalcaba, quienes consideran que hay que marcar el rumbo o influir todo lo que se pueda en las decisiones del PSOE. Y eso lleva siendo así muchos años y se ha contado poco.

Yo he querido incluirlo porque me parece que no sería sincero si no le diera a ese factor la importancia que tiene y que ha tenido siempre. No ha habido movimiento en el PSOE de relevancia en el que no haya tenido un papel el diario El País. De hecho, son paralelos los movimientos de crisis –o de hundimiento, si se quiere llamar así– del partido y del diario.

“Parece claro que hay factores, como la falta de renovación a fondo del PSOE o su relación con el 15M, que nos hacen plantearnos que quizá parte de los cinco millones de votos perdidos entre el 2008 y el 26J podrían no haberse ido”.

 

En el libro incluyo datos, como que Juan Luis Cebrián reconoce en sus memorias su estrecha relación con Felipe González y Rubalcaba, a la vez que aclara que –a pesar de lo que mucha gente del espacio progresista de este país ha considerado–, El País nunca ha sido un periódico de izquierdas. Lo dice claramente. El País ha sido una referencia en la Transición; un medio que abogaba por la democracia. Ha sido un medio que, fundamentalmente según creo, se ha regido por modelos de negocio, más que por afinidades ideológicas. Y todo esto ha tenido un papel fundamental.

Hubo un proceso, que duró varios meses, en el que hubo cierta tensión entre Pedro Sánchez y La Sexta, personificada en Antonio García Ferreras. Y eso se narra porque creo que también tuvo su importancia.

Los editoriales de El País, pesar de sus acometidas contra Sánchez, resultaron –según afirmas en tu libro– “de una ayuda imprescindible para vestir a Pedro Sánchez con el traje de héroe de la militancia que planta cara a las élites del partido y a los poderes económicos y empresariales”…

Sí, el análisis de los hechos, a medida que van sucediéndose, parece indicar que Pedro Sánchez no tenía la intención de “ponerse ese traje”. No era ese el camino que había iniciado: el abrazo con Ciudadanos, sus apuestas, la forma en la que “ejecutó” a Tomás Gómez en Madrid, con ayuda de las encuestas, editoriales y demás informaciones de El País

Esto último fue muy similar a la que él mismo sufrió en octubre. Lo que sí ocurrió es que los ataques –a mi juicio, tan desproporcionados– que lanzó El País contra Pedro Sánchez durante la última fase de su mandato ayudaron mucho a vincularlo a las bases. Es la reacción lógica, la de pensar: “¡pero bueno, nos están imponiendo desde fuera otro discurso y están machacando a quien nosotros hemos elegido!”. Y esa ha sido la base para la resurrección de Pedro Sánchez.

Además, sobre el 15M, afirmas que “la Puerta del Sol tomada por la gente no sólo acusa al poder político sino a toda la arquitectura institucional, incluidos los grandes medios de comunicación; mucho más atentos a complacer los intereses de poderes económicos y políticos que a defender los de sus lectores-espectadores-oyentes ciudadanos”…

Sí, yo creo que el 15M fue múltiple y trasversal, que no iba contra un partido concreto. Se mostraba en contra de un sistema institucional, sociológico, político y financiero; que en un momento dado se consideró que era el responsable de una crisis que había sido creada por ese mismo sistema y que la estaba haciendo pagar a las capas más débiles. Esa reacción se reflejó en Sol y en muchas otras situaciones.

Sin embargo, la reacción del establishment fue considerar que el 15M fue algo pasajero, diluido y difuminado. Y era evidente –bueno, lo era para quien no tenía esa ceguera– que eso era algo que estaba vivo y que iría evolucionando. Lo vio muy bien una socióloga a la que cito en el libro, Belén Barreiro –que acaba de publicar un libro muy interesante– en un artículo de 2012. Sin poner nombre a Podemos –del que no estaba ni la semilla–, clava el pronóstico de que nacería en nuestro país un movimiento político como éste. Según Barreiro, los datos sociológicos indicaban que habría un hundimiento del bipartidismo y surgiría una formación de este tipo.

Los escasos siete años que recorre tu libro engloban hechos como: el estallido del 15M, la ruptura del bipartidismo –Podemos y Ciudadanos mediante–, la abdicación de Juan Carlos I, el descrédito electoral del PSOE, las amenazas independentistas o la decadencia de referentes periodísticos como El País. ¿Retrata “Al Fondo a la Izquierda” el principio del fin del espíritu de la Transición?

Bueno, en parte sí. En el esquema previo del libro, no estaba la abdicación de Juan Carlos. Y a medida que repasaba las notas, las conversaciones, los documentos que tenía, me di cuenta de que tenía que aparecer. Y, por encima de todo, el “cómo se hizo”; el papel que jugó el propio Rubalcaba y la “chapuza institucional” que se cometió a la hora de aprobar el aforamiento de los reyes…

El aforamiento se “cuela” en el borrador del informe sobre el anteproyecto de la Ley Orgánica del Poder Judicial…

Sí, una cosa rara… Es como legislar sobre literatura en una ley sobre agricultura, pongamos por ejemplo. Y en el libro relato que el propio Presidente del Congreso, Jesús Posada, que es del PP, lo llegó a calificar de “chapuza”. Y me parecía que todo aquello tenía que formar parte del libro para que estuvieran todas las piezas fundamentales del puzle para que se entendiese. Y es que todo tenía relación con la manera de reaccionar de los distintos poderes ante la evidencia de que se estaba hundiendo un sistema. Y como la obsesión de esos poderes –fundamentalmente, de los económicos y financieros– es siempre la estabilidad –estabilidad para sus propios intereses, claro; porque no está demostrado que no haya otro tipo de estabilidades–, necesitan del bipartidismo. Pero el bipartidismo parece haber quedado atrás y hay que contar con más actores.

“¿Habría surgido Podemos si el PSOE hubiera afrontado en 2011 una renovación generacional y hubiera dado un giro a la izquierda creíble, aprovechando el 15M para conectar con los movimientos cívicos?”

 

Yo lo llamo “las abdicaciones”, porque Rubalcaba “abdica” también. Y a las dos había que tenerlas en cuenta en el relato.

¿Se atreve Jesús Maraña con otro libro? ¿Hay algún suceso político por el que tengas predilección?

Uf… con otro, de momento, no. No está en mis planes porque este ha sido un parto con dolor (risas). Me ha costado mucho esfuerzo mantener el trabajo diario con el libro. Y tengo que agradecer al equipo de infoLibre y a Manuel Rico, que me han ayudado mucho. El libro me ha tenido muchos días de estos últimos meses encerrado en casa, a la vez que tenía que mantener conversaciones con los protagonistas de los sucesos políticos.

Hay un periodo político que sí que me gustaría narrar –ese sí que es un proyecto de libro que siempre he tenido ahí–, que es La Restauración. Hace un siglo. Y tiene como protagonistas a Maura, Pablo Iglesias –el fundador del PSOE– o Cánovas…

Creo que es un periodo con muchas similitudes con el que estamos viviendo ahora. Hay muchos sucesos que no tienen que ver sólo con el presente, sino con épocas anteriores. Hablar de la corrupción y de la picaresca española o de sectores que quieren mantener su poder al margen de lo democrático y que llevan instalados en este país más de un siglo…

Me parecería interesante abordarlo y muy apetecible. Tengo mucha documentación y mucha bibliografía guardada para cuando alguna vez pueda dedicarme a ello.

Has manifestado, en más de una ocasión, tu admiración por el periodista y escritor Manuel Chaves Nogales. ¿Y un libro sobre su vida firmado por Jesús Maraña?

Le admiro mucho. Tiene algunas de las joyas de la crónica política de nuestro país. “A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España” es uno de los libros de referencia sobre la narración de la Guerra Civil. Y luego, en mi imaginario, tiene mucha relación con otro de mis referentes, Albert Camus. Tienen algunas conexiones muy interesantes –sin tener nada que ver– desde el punto de vista de la ética periodística y de la actitud ante la vida. Así que, bueno, no me importaría tanto dedicarme también a ello (risas).

Algunos de los hechos que narras en “Al Fondo a la Izquierda” han sido noticia y objeto de análisis en infoLibre. ¿Por qué se funda y con qué objetivo?

El núcleo principal de infoLibre lo formamos un grupo de cinco periodistas que compartimos la aventura del diario Público. Y digo aventura porque unos y otros dejamos los trabajos que teníamos porque nos pareció apasionante. Era un proyecto que nacía en papel pero ya con la una visión puesta en lo digital. Por distintas razones, que no vienen al caso, ese proyecto se frustró y a mediados de 2012 nos planteamos si era posible seguir haciendo el periodismo en el que creíamos y considerábamos necesario y ubicarlo en el ámbito digital. En papel ya lo habíamos intentado y volver a él suponía emplear unos recursos que nos resultaban imposibles de conseguir. Lo que hicimos en primer lugar fue explorar qué estaba funcionando por ahí fuera. Algo que fuese periodismo, que fuese independiente, que fuese digital y que funcionase. Lo de independiente era crucial, porque a la primera conclusión a la que llegamos juntos fue que uno de los problemas de periodismo –y origen también de la crisis de la política– es la falta de credibilidad. Y esa falta se ha producido porque, durante mucho tiempo, los periodistas llegamos a identificarnos más con los intereses de los poderes antes que con los ciudadanos, quienes –es lógico– nos han ido dando la espalda.

“La falta de credibilidad, además de a la política, también nos afectó a los periodistas. Y se ha producido porque durante mucho tiempo, los periodistas llegamos a identificarnos más con los intereses de los poderes que con los ciudadanos”.

 

Y luego es importante el factor digital, que –pasó como con el 15M en la política– no supimos leer bien.  Las empresas y los propios periodistas no supimos reaccionar ante la revolución de Internet; no sólo en España, también en otras partes.

Al hacer ese análisis, descubrimos –bueno, ya lo conocíamos por algunos de sus scoops, como la financiación del partido de Sarkozy, el tema de L’Oreal, el asunto de Gadafi…– el diario Mediapart. Es un digital fundado por periodistas, con mayoría accionarial de periodistas y que reivindica el valor de la información negándose a vivir de la publicidad. Todos esos ingredientes nos parecieron muy atractivos. Tiene unos principios claros –progresistas– pero con una prioridad, que era el rigor informativo. Yo escribí a su director, Edwy Plenel, y le dije: “Mira, somos un grupo de periodistas que estábamos en Público –él lo conocía– y hemos hecho tal tal” y nos dijo: “Veníos a París y lo hablamos”. Y nos fuimos Manolo Rico y yo y estuvimos tres o cuatro horas encerrados con Plenel y los principales miembros de Mediapart. Y nos enseñaron los aciertos y –lo más interesante de todo– los errores cometidos.

Llegamos a la conclusión de que no podíamos hacer aquí en España lo mismo que Mediapart hace en Francia, porque hubiéramos necesitado unos recursos que no teníamos, pero respiramos su mismo espíritu y tenemos sus mismas bases y objetivos. Eso sí, con la peculiaridad de que ellos tienen una parte de contenidos en abierto y no aceptan publicidad de ningún tipo. Nosotros tenemos publicidad convencional; aquella que llega automáticamente y desde una comercializadora externa. Ni siquiera tenemos comerciales. Esto hay que destacarlo porque mucha gente no sabe que la mayoría de los medios en España, si no fuera por sus acuerdos comerciales opacos con grandes bancos y empresas, no sobrevivirían. Y nosotros dejamos claro desde el principio que renunciábamos a aquello. Si se depende de una gran empresa o banco en los ingresos y en el accionariado, es muy difícil la independencia de verdad y dar prioridad a los intereses de los lectores.

Esos ingredientes nos parecían fundamentales para que naciera un medio que reivindicara el valor de la información y la credibilidad. Y en eso estamos desde hace cuatro años y medio…

infoLibre nace en marzo de 2013, en plena crisis, y, además, acompañado de tintaLibre, un mensual en papel (en el que han escrito desde El Gran Wyoming y Joaquín Sabina hasta Ignacio Sánchez-Cuenca). ¿Cómo se combaten a la vez estas dos crisis –la económica y la del papel–? Público, medio que dirigiste, abandonó el papel en 2012…

Sacar un mensual en papel es un añadido de nuestro proyecto; Mediapart no lo tiene aunque se lo está planteando porque le resulta atractivo. A nosotros nos parece necesario por dos motivos: por un lado, simbolizar que el debate no es “papel vs. digital” sino si un contenido es o no buen periodismo y, por el otro, atraer a lo digital a un montón a lectores que dan valor al periodismo en papel. Nos pareció una manera de cabalgar los dos mundos. La reivindicación del periodismo es válida para cualquier plataforma o formato, lo importante es que sea de calidad. Además, el que se suscribe a infoLibre, recibe en casa el mensual en papel para una lectura reposada, con otro ritmo.

Yo creo que el papel no va a desaparecer tan sencillamente como se pronostica desde hace 30 años; cada diez nos dicen que muere. Quizá muera pero nunca del todo: habrá minorías que lo sigan usando o habrá formatos que, aunque sólo sea por la cuestión del tacto o de la forma de manejarlo, sigan existiendo en papel. Como decía mi compañera y buena amiga Soledad Gallego-Díaz, “dejen ustedes que muera de forma natural”. Sí que es verdad que el formato papel va hacia abajo y que quizá, dentro de no mucho, los diarios aborden una nueva periodicidad; con contenido digital durante la semana y papel los sábados y domingos.

Nosotros quisimos demostrar desde el primer minuto que tintaLibre podía ser atractivo y un plus para dar valor a lo que hacemos. De hecho, en torno al 70% de los suscriptores anuales de infoLibre están suscritos también a tintaLibre.

Has afirmado que infoLibre se niega al “clickbait” y apuesta por la información pausada y la profundidad. ¿En qué se diferencia el uso de lo digital que hace infoLibre del que hacen los grandes medios generalistas?

Nosotros –y eso es fácil comprobarlo– no estamos en la “guerra del click”. Huimos de la batalla por el puro tráfico y la audiencia por la audiencia. Si lo que queremos hacer es aportar un contenido que la gente –no hablo de la masa, hablo de una comunidad suficiente– valore y por el que esté dispuesta a dar valor, debe ser un contenido propio, diferenciado y de calidad.

Si lo que se quiere es audiencia sin más, es fácil hacerlo de manera robótica: si metes en un titular “sexo”, “fama”, “animales” y otros veinte o treinta conceptos, generas tráfico. Pero esa no es nuestra guerra. Lo que creemos es que un medio que pretenda caracterizarse por el buen periodismo no puede caer en la lucha por el click; así es muy difícil que haga buen periodismo. Hay gente que cree que el principal enemigo del periodismo a día de hoy son las redes sociales pero es la urgencia, es la velocidad; esa tendencia por ser los primeros en publicar algo sin contrastarlo suficientemente y sin aportar contexto ni valor. Lo positivo es valerse de los fantásticos instrumentos que ofrece internet para contar mejor las historias. Hoy en día ya no sólo existe texto; tienes documentos, infografías, vídeos…

Esto ya lo explicó muy bien Albert Camus en los años 30 cuando decía: “Lo importante no es llegar el primero sino hacerlo mejor”. Y esto sigue siendo válido a día de hoy. Así es como lo concebimos nosotros –y todo el mundo es libre de abordarlo de otra manera– pero no entramos en la “guerra del click”, del entretenimiento puro ni de la banalidad. Eso distorsiona y genera una competencia que es exclusivamente de ruido.

Jesús Maraña se niega a que todo el contenido periodístico deba ser gratuito, apuesta contraria a la de las webs de los grandes medios…

Sí, me parece fundamental. Y me fastidia, a veces, tener que explicar esto entre los propios colegas o en las facultades de Periodismo. Un argumento de entrada: ¿alguien concibe que un panadero no cobre por el pan y no pueda vivir de su oficio?

No se concibe. Yo considero que el buen periodismo es tan necesario para una democracia como el pan. Y eso tiene un valor. Y hay gente que dedicamos las 24 horas del día a eso. Creo que ese ya sería argumento suficiente para entender que el periodismo debe tener un valor.

Hay quien dice que internet ha convertido todo en gratuito y no tiene sentido seguir cobrando por la información. Eso es lo que hay que rebatir con buenos argumentos. Y es que internet no ha eliminado la función del periodista; la ha cambiado. Es más, yo creo que ahora el periodismo es más necesario que nunca, porque hoy hay una saturación que contribuye a que la gente sea incapaz de distinguir lo verdadero de lo falso, la manipulación de la información contrastada. Todo ciudadano tiene derecho a opinar y a escribir lo que quiera y tiene a su alcance los instrumentos para hacerlo. Los periodistas, en cambio, tenemos la obligación de contrastar y la responsabilidad de asumir las consecuencias de lo que publicamos ante el resto de ciudadanos y ante los tribunales. Con nombres y apellidos. Y tenemos que convencer a la ciudadanía que nuestra labor, que es fundamental, tiene un valor; que vale la pena pagar un poquito para que haya gente que nos dediquemos a esto.

“Creo que ahora el periodismo es más necesario que nunca, porque hoy hay una saturación que contribuye a que la gente sea incapaz de distinguir lo verdadero de lo falso, la manipulación de la información contrastada”.

 

De momento, todos los medios nuevos estamos probando distintas fórmulas. Por ahí fuera, medios como The New York Times, The Guardian y otros medios tienen muros de pago y suscripciones. Aquí en España se está tardando mucho en asumir que el “gratis total” ha acabado, a mi juicio.

Consideras que, en la realidad digital, el periodismo debe especializarse…

Sí, yo creo que es inevitable. La ventaja de los grandes grupos es ser generalistas pero un medio recién nacido que pretenda reivindicar el valor de lo que hace y que la gente pague por ello, debe estar especializado. Nosotros decidimos centrar nuestro contenido en la investigación política y económico-financiera porque creemos que nuestra redacción puede aportar valor en ese ámbito y la independencia con la que nacemos nos permite abordarlo sin los condicionantes de otros medios. Por ejemplo, nosotros no podríamos aportar nada en deportes, por lo que ni nos planteamos los costes en estructura, personal y recursos que requiere.

Si, como afirmaba tu admirado Camus, “un país vale a menudo lo que vale su prensa”, ¿cuánto vale la España mediática de hoy?

Pues estaríamos a subasta, prácticamente (risas). Ahora en serio, en todas las cabeceras –incluso las que yo suelo criticar más a menudo– hay grandes profesionales, que son honestos y mantienen muy dignamente su parcela de independencia. Pero este país tiene algunas diferencias con otros. Frecuentemente y adrede, se confunde la independencia con la neutralidad. Nosotros queremos ser independientes, no neutrales. Nadie es neutral. En Francia, por ejemplo, todo el mundo sabe que Le Figaro es de derechas, que Liberation es de izquierdas o que Le Monde era un periódico progresista. Lo que nadie pone en duda es que un dato en portada no sea verdadero, que sea una falsedad. Sin embargo, en España, esto sigue ocurriendo.

En nuestro país, se ha entregado tanto la línea editorial a unos intereses políticos y financieros que muchos medios han acabado publicando falsedades conscientemente. Y eso ha deteriorado absolutamente la calidad de los medios y del periodismo en general. Y, en ese sentido, estamos en una muy mala situación. El problema no es que unos medios sean más de izquierdas o más de derechas. El problema es que no se ha cumplido con la función que se debe cumplir.

Has afirmado que un buen medio debe “ejercer la independencia y su compromiso con los lectores”. Desde infoLibre apostáis por publicar anualmente las cuentas y presupuestos en abierto y os negáis a pedir dinero a bancos, a la opacidad en los contratos publicitarios y a recibir subvenciones o firmar convenios con la Administración…

La transparencia es fundamental. Algo a lo que obliga la realidad digital es a mantener un contacto permanente con los lectores. El lector tiene que tener la garantía de que no le engañas con los ingresos, con los gastos, con los condicionantes que tienes o no tienes…

No entiendo que, a estas alturas, se intenten mantener discursos que yo veo superados. En el diario Público, decidimos no admitir anuncios sobre prostitución ni anuncios sexistas. Ya entonces, nos parecía muy curioso que en las páginas de algunos medios se denunciaba la violencia machista, el sexismo o la trata de blancas y cuatro páginas más allá encontrabas anuncios del negocio de la trata de blancas. Esa contradicción hay que extrapolarla a lo demás. Si un periódico está denunciando la opacidad de la Administración o la Iglesia, debe ser transparente y tener la suficiente coherencia para ser creíble. Publicar todos los datos, a cara descubierta, es fundamental.

¿Es la financiación por socios el modelo más cercano a la independencia periodística? Hay quien puede opinar que este modelo acerca a la independencia pero aleja de la amplitud, al verse obligado dicho medio a ofrecer un contenido afín al perfil ideológico de sus socios…

Es muy interesante ese tema… Renunciar a la dependencia de los grandes poderes económicos no quiere decir que dejes automáticamente de tener condicionantes. Efectivamente, el mayor peso de ese condicionante se reparte entre los suscriptores. Nosotros nos definimos como progresistas pero dejamos muy claro que nuestra prioridad es la información rigurosa. Pretendemos ser interesantes y útiles para un espacio ideológico muy amplio, el mismo –el centro-izquierda, el progresismo– en el que se sitúan los ciudadanos españoles en cualquier encuesta sociológica.

Nosotros pretendemos ser atractivos para un amplio abanico de lectores y a lo que no estamos dispuestos es a tener dependencia partidista ni de sectores concretos de alguna formación. Algunos de nuestros lectores sí militan y en los comentarios nos hacen ver que esperan que este periódico haga exactamente lo que interesa a dicho sector. Y eso no va a ocurrir. Quien crea que infoLibre va a defender los intereses del partido al que tal lector vota o en el que milita está confundido y no ha entendido lo que pretendemos hacer.

“Renunciar a la dependencia de los grandes poderes económicos no quiere decir que dejes de tener condicionantes”.

 

Camus decía –y hoy le tenemos dedicada la tarde–: “Si existiera el partido de los que dudan, sería el mío”.

Y es que para hacer buen periodismo hay que dudar permanentemente y cuestionarse casi todo. Hay que estar al servicio de la verdad, que no tiene nada que ver con tal o cual líder político.

Los lectores que se sienten cómodos con infoLibre son conscientes –yo creo que lo son– de que cuando reciben la portada cada noche no van a llevarse una alegría con tu propio pensamiento. Habrá noches que no estés de acuerdo, que te cabrees o que te resulte incómodo pero eso permite establecer un debate. Lo que no se puede es pensar que esto es un “periódico de partido”; ni lo somos ni pretendemos serlo.

En 2017, por primera vez, la aportación de los socios (8.975 en febrero de ese año) supera a la publicidad y se convierte en primera fuente de ingresos: 463.000 euros en suscripciones y 456.000 en publicidad. ¿Qué ha supuesto este hecho para infoLibre?

Es un paso importante en el camino hacia lo que aspiramos: que el 65-70% de los ingresos vengan de suscriptores. Y en torno a un 30%, de la publicidad. Ese es nuestro propósito y esta balanza de 2017 es algo importante. Con los socios, llevamos velocidad de crucero. A pesar de que las suscripciones varíen por rachas –la actualidad y las investigaciones que hacemos y su eco afectan– estamos cada vez más cerca de este objetivo.

Algo que infoLibre lleva años denunciando es que las suscripciones a un medio en papel estén gravadas con un 4% de IVA mientras que Hacienda recauda el 21% de lo que paga cada socio de un diario digital. El Gobierno se comprometió en diciembre a poner fin a este hecho después que la Comisión Europea lo sugiriese, algo que aún no ha hecho… 

Es algo que la gente creo que entenderá fácilmente: “¿Por qué un suscriptor de El País o El Mundo está sujeto a un 4% y uno de infoLibre, a un 21?”. Desde el gobierno, lo justifican como un “apoyo a la industria del papel”. Y la Unión Europea no justifica esta postura, que está castigando al periodismo más humilde y más moderno. Es como si el Gobierno –que reivindica lo digital en otros sectores, como la industria– no entendiese la realidad digital del periodismo. Es un absurdo absoluto.  Esto lo denunció Mediapart en Francia, hasta el punto de negarse a pagar el exceso de IVA. Y ha ganado la batalla, porque Europa está diciendo: “oiga, hay que aplicar el mismo impuesto a todo tipo de periodismo”, aunque se le exige todo lo que ha dejado de pagar.

“Quien crea que infoLibre va a defender los intereses del partido al que tal lector vota o en el que milita está confundido y no ha entendido lo que pretendemos hacer”.

 

Aquí también va a ganarse esa batalla. Si es un negocio digital de otro tipo –y sujeto a sus leyes y regulaciones– es distinto; pero si hablamos de periodismo debe aplicarse el mismo IVA. Por poner un ejemplo de lo que esto supone: si se nos aplicase el 4%, ya estaríamos en beneficios.

Para “conseguir que la propiedad del diario permanezca de forma mayoritaria en manos de los periodistas y los lectores”, se crea Sociedad de Amigos de InfoLibre S.L. –a la que pertenecen, entre otros, Sabina, Baltasar Garzón o Almodóvar –“con el objetivo de agrupar a todas aquellas personas (físicas y jurídicas) que quieran participar como accionistas del proyecto”. Uno de sus miembros, además, cuenta con un puesto en el Consejo de Administración; junto a los periodistas y los inversores independientes. ¿Qué labor desempeña la Sociedad de Amigos?

La idea de la Sociedad de Amigos la conocimos en Mediapart y nos pareció muy buena. Es el cauce por el que cualquier ciudadano –con unos límites, para que nadie se haga mayoritario– puede ser dueño de un medio. Y además, permite que los socios que quieran ser accionistas del medio tengan su representación. Esto trae garantía absoluta de transparencia y de independencia. Tienen acceso a toda la información de la contabilidad y tienen una voz. Aparte del contacto diario con nuestros lectores; de este modo, cuentan con representación en todos los ámbitos. Es una garantía de que somos lo que decimos que somos.

Como afirmas en un artículo, “algunas de nuestras investigaciones  han condicionado la actualidad política”. infoLibre fue el primer medio en informar que Manuel Moix, Fiscal Anticorrupción –puesto que supone, entre otras funciones, la de perseguir tramas corruptas con bienes en paraísos fiscales– era dueño del 25% de una sociedad en Panamá, con un piso de lujo a nombre de ésta. Tras publicar esta información, infoLibre trata de contactar con Moix para que declare en su defensa, a pesar de no recibir respuesta. Revelasteis también datos sobre el ático de Ignacio González o las subvenciones millonarias a empresas de Esperanza Aguirre y su marido… ¿Sigue funcionando hoy día el periodismo como contrapoder?

Debe funcionar como tal. Para que sea útil y que tenga valor, la gente tiene que percibir que sirve para cambiar las cosas, denunciar tropelías y mejorar la convivencia. Casos como el de González o el de Moix se han producido “a pesar de”… No porque se hayan denunciado estos casos, las cosas han cambiado inmediatamente. Los cambios se han producido cuando ya no había otro remedio. Moix intentó reventar esa información en otro medio –El Español– con una versión manipulada. Y entonces, nosotros publicamos todos los datos que mi compañero Manuel Rico había investigado y contrastado mientras que Moix se paseaba por los platós mintiendo. Y nosotros demostramos que mentía. Y el Fiscal General –Maza, jefe de Moix–, cuando comunicó su destitución, lo elogió de tal modo que la lógica política hace pensar que debería irse él también. Si considera en tan buena posición a quien está destituyendo –que ha estado en una situación irregular y ha engañado a la gente conscientemente– queda él también en muy mal lugar.

“Veo esencial la honestidad en el periodismo y en la política. Hay que practicarla y exigirla”.

 

Estos son ejemplos de lo que debe ser el periodismo de investigación. Y en estos tiempos, no es fácil distinguir las investigaciones manipuladas y las filtraciones interesadas de las rigurosas. Nosotros lo que reivindicamos es que la gente perciba día a día la diferencia entre una cosa y otra. Y no es cuestión de un titular o de un click, sino de un proceso de confianza en un medio y en sus periodistas.

Jesús Maraña también es rostro asiduo del espacio de tertulia política “La Sexta Noche”. Y, en más de una ocasión, te has quejado del “chip sectario” de los periodistas en los debates, del “y tú más”…

Es una de las cosas que más daño han hecho y hacen a la calidad de la política y del periodismo. Resolver los problemas de fondo con el “y tú más” es primario, es infantil, es absurdo…

Por ejemplo, es como si la policía llega al banco de aquí enfrente porque hay unos tipos robándolo y que éstos reaccionen diciendo: “Pero si también están robando el de la plaza de Quevedo” o “Pero si hubo otro robo hace 10 años”, como si eso excusase que estén delinquiendo. Sería absurdo.

“En el ámbito digital, creo que la especialización en el periodismo es inevitable”.

 

A la gente que buscamos –la que quiere tener una actitud cívica y funcionar en una democracia digna– es muy difícil ya engañarla. Son los que piensan:“No me cuente usted lo que pasó hace muchos años con Fulanito para esquivar lo que está pasando ahora”. Esta es una técnica que consiste en ensuciar el debate, en embarrarla, y no resuelve nada. Es cansino para la gente y para quienes debatimos…

Reconoces que la política y el periodismo comparten “una crisis de credibilidad e independencia”. Para finalizar, vamos a pedirte un par de soluciones que mejoren –si no son la misma– cada una de ellas…

(duda) No me gusta nada dar consejos ni aportar soluciones porque es algo muy difícil y no tengo la magia de solucionar las cosas.

Veo esencial practicar la honestidad en los dos campos y exigirla. Hay que tener los controles suficientes en ambos campos para que –casi– nos dé igual quién llegue al gobierno porque tengamos la garantía de que va a estar controlado. Uno de estos controles va a ser el periodismo si se practica con honestidad.

Y, en segundo lugar, creo que ha habido una obsesión en la política por los liderazgos particulares y los mesianismos para solucionar los grandes problemas y sigue habiéndola. Vivimos una etapa que propicia que las formas de organización sean más transparentes y trasversales, más “de equipo”.

Honestidad y cooperación. Nos lo apuntamos…

2 pensamientos en “Los que dudan: Entrevista a Jesús Maraña

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