Un jueves en El Jueves: Entrevista a Guillermo Martínez-Vela

Guillermo Martínez-Vela (Barcelona, 1983) es el director de la revista satírica con más solera de nuestro país, El Jueves. Además, también ilustra sus páginas y portadas de manera asidua, con caricaturas de toda guisa: desde Urdangarín a Carrero Blanco, pasando por Pedro Sánchez, Isabel Pantoja, Esperanza Aguirre o Paco Marhuenda.

Y es que las ya adultas hojas de esta cabecera son un repaso –parodia, chiste y, cómo no, polémica mediante– de la Historia de España desde la Transición hasta nuestros días. “La revista que sale los miércoles” cumple 40 años abanderando una sátira ensalzada y premiada por unos, a la vez que detestada y cuestionada por otros.

Guillermo recibe a UND_R CONSTRUCTION en pleno corazón de Barcelona para repasar las cuatro décadas en los kioskos –con alguna visita al juzgado de por medio– de El Jueves, que, semana tras semana, llena sus páginas de “esa cosa tan seria que –según Charles Churchill– es el humor”.

Elaboración y redacción: Javier Corbacho Galán y Alicia Abadía Fantova

Fotografía y audiovisual: Álvaro Rincón Sanz


¿Cómo define Guillermo Martínez-Vela El Jueves en una frase?

Guillermo Martínez-Vela: La definición oficial es “la revista que sale los miércoles” pero la mía sería: “una revista de humor sobre la vida”.

40 años cumplidos el pasado 27 de mayo, además de haber superado los 1.898 números de La Codorniz… ¿Cuál es el secreto de El Jueves?

Guille: Haberse sabido renovar constantemente. El Jueves conserva su espíritu y unos principios concretos pero se ha sabido renovar a la vez que sus lectores y la sociedad  cambiaban durante 40 años. La clave básica de esa renovación ha consistido sobre todo en renovar la plantilla: autores jóvenes que entran y autores veteranos que eclosionan y cada vez son mejores.

¿Qué distingue a El Jueves de otras revistas satíricas actuales?

Revistas satíricas hay muy pocas. Está Mongolia y está Orgullo y Satisfacción. Mongolia es otro rollo. Ellos son más de impactar con sus portadas, algo que nosotros también procuramos pero no siempre. Además, Mongolia se publica de manera mensual mientras que en El Jueves tenemos la oportunidad de sacar una portada cada semana. Y, en cuanto al contenido, nosotros somos más gráficos y apostamos por el lenguaje de las viñetas –aunque el lector no perciba que está leyendo un cómic– mientras ellos se decantan más por el humor escrito.

Ya desde el primer número, El Jueves ha tenido problemas con la Justicia. ¿Está la polémica y la irreverencia en su ADN?

Sí, de hecho es una de las características principales de El Jueves. Forzar un poco lo que la gente cree que no se puede decir; ir paso a paso en esa dirección y traspasar los límites.

¿Cuál debe ser la relación entre la sátira y el periodismo? ¿Hacen las viñetas más accesible la actualidad o, por el contrario, la distorsionan y la frivolizan?

(duda) Estoy de acuerdo con ambas posturas. Por un lado, es muy significativo de los tiempos en los que vivimos y de cómo está montada la Sociedad de la Información actualmente que el humor sea muy lúdico y que entre por los ojos. Pero, por el otro lado, quizá el humor no sea siempre la mejor manera de informarse porque un chiste es una ficción, acostumbrarse a una exageración. En definitiva, una hipérbole.

“En estos 40 años, El Jueves ha sabido renovarse a la vez que sus lectores y la sociedad cambiaban”.

 

En los últimos tiempos, la gente se informa mucho a través del humor –y, bueno, mejor eso que nada– pero sí que es cierto que es muy difícil que el humor vehicule de forma muy precisa un mensaje. Yo no lo recomendaría como la única fuente para informarse.

¿Le falta al humor la profundidad del periodismo?

Bueno, se puede hacer humor profundo. Pero se necesita conocer una serie de datos; por eso el humor funciona cuando tanto el humorista como el receptor los conocen y se juega con eso.

Entonces, sí al humor como complemento de la actualidad, ¿no?

Sí. Algo que nos hemos encontrado –y cada vez más– es gente que se informa a través de El Jueves. Entonces, a la hora de abordar según qué cosas, lo que hacemos es algo de divulgación; ahora tenemos que presentar datos. Colocamos la información en las típicas cabeceras de las viñetas y debajo, el chiste para quien ya ha aprehendido esos datos. Esto también sucede en programas como “El Intermedio”, en el que su presentadora aporta el titular sin humor y el otro presentador hace el chiste.

“El humor funciona cuando tanto humorista como receptor conocen una serie de datos y códigos y se juega con ellos”.

 

A la gente le gusta mucho el humor y éste debe salirse de las fórmulas y reflexiones oficiales –que acostumbran a ser previsibles y sin aportar mucho valor– y aportar una nueva visión y una nueva perspectiva fuera de esos márgenes. En definitiva es eso: el humor difícilmente va a aportarte todos los datos –al menos el chiste en sí– pero la gente es muy receptiva con fórmulas humorísticas sobre la actualidad.

Con la llamada “Ley Mordaza” aún vigente, Trump en la Casa Blanca y varios tuiteros juzgados por la Audiencia Nacional en los últimos años, el humor está en el punto de mira. ¿Es la sátira a día de hoy más necesaria que en otras épocas?

Yo creo que hay un “frente satírico” muy importante y que la gente nos muestra su solidaridad, nos aplaude y nos muestra su apoyo. El humor es una forma de ser contestatarios, de ser descreídos, de no comulgar con el discurso oficial y de enfrentarse al poder.

Sí que es cierto que, por un lado, está bien porque la sátira señala y propone cómo deberían ser las cosas –o al menos cómo no deben ser– pero, por otro lado, el humor actúa como bálsamo y hace que “se te pase el enfado” sobre determinados temas. Te ayuda a sobrellevar una situación jodida pero también normaliza esa situación jodida. Trump es una persona horrible y un político nefasto pero el humor sobre él permite hacer más llevadera su figura e incluso acaba humanizándolo. A Trump, el humor le convierte en una especie de “Homer Simpson facha muy divertido” –que se corresponderá en mayor o menor medida con la realidad– pero hace también que a la gente le acabe cayendo simpático. Con la sátira, al intentar combatir a ciertas figuras, acabas haciéndoles un favor. Mirad si está bien hecho el sistema… No se puede ganar por ese lado… (risas)

La polémica más sonada fue el secuestro de la portada de los, por entonces, Príncipes de Asturias en 2007 (ejemplar nº 1.573), acusada de denigrar a la Monarquía. Tras la sentencia a Urdangarín, se repitió la fórmula, aunque con distinto resultado (nº 2.074). ¿Estrategia de marketing, guiño por los 10 años, guiño, falta de ideas…?

Se le ocurrió a Raúl Salazar y esbozó el chiste. De hecho, inicialmente la postura era distinta. Era “estilo perrito” pero tanto Urdangarín como la infanta Cristina tenían una cara de mucho gozo; una cosa muy loca. En ambas, están mirando a la izquierda. Al verla, nos gustó mucho y vimos que se parecían.

“La polémica y la irreverencia está en el ADN de El Jueves. Forzar un poco lo que la gente cree que no se puede decir; traspasar los límites”.

 

La portada de 2007 es un clásico que vive en nuestras memorias. No fue un “running gag” absolutamente consciente. Aunque luego vimos que sí, que se parecía. Pero tampoco quisimos que fuese un guiño o un homenaje. Lo de “figuras solemnes follando” es algo marca de la casa. Si hubiésemos querido hacer un homenaje explícito hubiésemos imitado el tipo del dibujo original, las caras, las posturas…

Otra de sus sonadas polémicas fue el abandono de parte de la plantilla acusando a RBA, editorial tras El Jueves, de censurar (destruyendo los ejemplares ya impresos) una portada sobre la abdicación del Rey en 2014. ¿Hay más censura dentro o fuera de El Jueves?

Sí, aquello fue un episodio que no se ha vuelto a dar. Fue una cosa puntual que no ha vuelto a suceder. Censura, tal y como la hemos conocido… no tenemos esa sensación ni dentro ni fuera. Las cosas han cambiado y, en general el poder se ha dado cuenta, por prueba y error ,–fíjate lo bien que está diseñado el sistema– que lo mejor para acallar algo es dejarlo pasar. Vivimos en un torrente continuo de mensajes, ideas, información y demás estímulos y lo mejor para el poder es dejar que aquello pase, que lo lean los habituales y que no salga de su circuito minoritario. En cierto modo, nos parece inteligente que esto se haya impuesto ya que nos permite hacer nuestro trabajo, conectar con nuestros lectores y decir de todo.

¿Efecto Streisand?

Efecto Streisand de manual. Lo de 2007 fue una campaña de marketing que El Jueves no hubiese podido pagar jamás; un tiro por la culata que benefició a la revista. Nos viene bien que se líe y que se hable de la revista, sobre todo si es en términos positivos para nosotros.

Pero, sin embargo, la portada de la abdicación de el rey Juan Carlos sí que fue modificada…

Sí, aquello es algo que vino de la cúpula de la editorial y no hemos sabido por qué. Y supongo que nunca lo sabremos. Pero bueno, también hay que decir que en los últimos tiempos, hemos podido hacer portadas muy críticas con la monarquía y aquí estamos.

Aquello supuso el abandono de parte de la plantilla…

Sí, de autores muy importantes. Prácticamente, una generación entera de dibujantes abandonó la revista. Pero bueno, hemos seguido y los que entonces éramos segundones y que nos quedamos para intentar cambiar las cosas y ver si los lectores nos mantenían el apoyo hemos ido cogiendo un poquito más de peso, hemos aprendido el oficio y ahora la revista está muy bien. Hay muchos autores que han eclosionado y que se lucen mucho.

¿Es transversal el humor de El Jueves? Se os acusa de ser el azote de determinados sectores ideológicos (monárquicos, derecha, católicos…) y quizá no tanto del extremo opuesto…

En principio, defendemos principios de izquierdas. La inmensa mayoría de los dibujantes tenemos esta visión y, en general, los partidos más a la izquierda deberían defender esos mismos valores. Cuando los defienden, bien. Tampoco hay que dar hostias de forma sistemática porque sí. Cuando damos la colleja, es por un motivo. A los partidos de izquierdas –o autodefinidos como tal–, cuando les damos collejas es porque están siendo incoherentes con sus propios planteamientos o porque nos defraudan. Pero claro, poner al mismo nivel a las tropelías de la derecha –que ha tenido el poder en los últimos tiempos y en tiempos aún más lejanos– con el último “escandalito” de la izquierda… No somos partidistas pero entendemos que hay un “pim pam pum” mediático constante y que a nosotros nos gusta más meternos con la derecha porque no comulgamos con sus ideas.

También hay que decir que la derecha de este país, en general, es una derecha muy conservadora, muy solemne y con mucha pose; lo que es muy divertido de parodiar.

La última directora de la revista, Mayte Quílez, fue agredida tras publicarse una controvertida portada que mezclaba cáncer y grupos nazis. ¿Sientes miedo desempeñando tu puesto?

No, la verdad es que no. Yo, de hecho, soy un mindundi; no me conoce nadie. (risas) Entonces, si me quisiesen zurrar a la puerta de mi casa –como le sucedió a Mayte– tendrían que investigar bastante. Tampoco es que piense mucho en eso… Si piensas mucho en eso, no podrías hacer nada. Lo de Mayte fue muy chungo pero ella es muy fuerte. Ella fue la primera que dijo que había que seguir, que “ni un paso atrás”.

¿Cómo es el proceso de edición de un ejemplar de El Jueves? ¿Cómo y quién decide qué se publica y qué no? ¿Quién tiene la última palabra?

Hay partes de El Jueves, como las series, que “van solas”, que se desarrollan ejemplar tras ejemplar. Mientras una serie determinada se publica, cada semana su autor entrega su página.

“El poder se ha dado cuenta que lo mejor para acallar algo es dejarlo pasar, que lo lean los habituales y que no salga de su circuito minoritario”.

 

Luego, hay apartados de actualidad, que se deciden en un consejo de redacción. Nos ponemos de acuerdo sobre lo que nos parece más relevante de esa semana o el enfoque dado a los temas. Una vez decididos los temas a tocar, nos reunimos los autores del consejo de redacción y pensamos una portada. En una reunión creativa, compartimos ideas y pensamos chistes que no hacen gracia. Poco a poco, sacas chistes que hacen cada vez más gracia y acabas dando con la portada final. Hacemos varias versiones, retocamos los titulares y las portadas van pasando de un autor a otro hasta que se le acaba dando forma. Se hace un boceto de la portada y se piensa qué dibujante puede ejecutarla mejor.

Con las páginas de actualidad del interior, funcionamos igual. Se piensan los temas y quién los puede tocar mejor.

En una de las últimas portadas (nº 2.080), dibujada por ti, se bromea sobre el atentado de ETA que costó la vida a Carrero Blanco. ¿Tienen límites el humor y la libertad de expresión? ¿Debería tenerlos?

Los límites del humor son los de la libertad de expresión. Cuando hablamos de límites, debemos acotar qué es el humor y atender a la intención del humorista. Muchas veces, se acostumbra a viciar las posturas y no se pone énfasis en comprender qué ha querido decir el autor. El énfasis se pone en lo que la gente –o una pequeña parte de ella, mejor dicho– ha entendido. A veces, son malentendidos e interpretaciones que no son las que el autor pretende. Nos solemos preocupar más de la gente que no ha entendido el chiste o lo analiza erróneamente que del chiste en sí y su intencionalidad. Yo creo que los límites de un formato artístico, y tal vez de baja estofa pero al fin y al cabo literario como es el humor, no existen; deben ser los de la libertad de expresión.

Otra cosa ya son las calumnias o las injurias pero el humor no suele pretender eso. Acostumbra a ser un juego, un divertimento, una ficción, una exageración y como tal debe ser considerado.

Con respecto a dónde establecer los límites, un ejemplo. En mi grupo de amistades cercanas, donde todos nos conocemos y sabemos cómo pensamos, se hacen chistes de todo tipo. Mucha gente los malinterpretaría si se hiciesen ante un público generalista o una audiencia masiva que no te conoce ni maneja tus códigos. Al fin al cabo, es cuestión de hacer entender la intencionalidad del autor. A veces, se trata de un fallo del humorista. Con un chiste la puedes cagar si la gente no maneja los referentes que usa el chiste, porque el tono no se entiende. Y ya está. Pero no creo que la Justicia tenga que perseguir estas cosas; casos como el de Cassandra me parecen vergonzosos.

Hay quien opina que las condenas al humor no deben llegar al panorama penal; que la máxima censura debe ser la desaprobación por parte de la ciudadanía…

Claro, es eso. Judicializar los chistes es absurdo. Si hay indicios de que pueden ir en contra de una ley –que seguramente yo no esté de acuerdo con según qué consideraciones de según qué leyes y delitos–, que el juez pregunte al acusado: “Oye, ¿usted tenía esta intención?”. El acusado le dice que no y ya está; a casa. Yo lo veo tan fácil como eso.

“Conviene poner énfasis en lo que el autor del chiste ha querido decir. A veces, se trata de malentendidos e interpretaciones erróneas. Judicializar los chistes me parece absurdo”.

 

Cuando veo un chiste que no me agrada, como persona libre de esta sociedad, hacérselo saber al humorista me parece bien y lo apoyo completamente. Se repudia a ese humorista o a ese chiste en concreto y ya está. En cierto modo, los humoristas también lo agradecemos. Tampoco queremos que siempre nos rían todas las gracias. Coger y decirle: “pues esto no me parece bien”, “no me parece acertado”. Tan libre tiene que ser el humorista para hacer el chiste como el receptor para manifestar su desagrado.

Precisamente sobre Carrero Blanco y su vinculación con el humor, Gonzalo Boye afirma que “no debe ser considerado una víctima del terrorismo; que su asesinato lo haya cometido ETA no lo convierte automáticamente en tal (…) La actividad de ETA y de cualquier grupo armado durante una dictadura no puede ni debe ser evaluada con los mismos parámetros que la que se comete en democracia (…). El contexto siempre ha sido y es relevante”. ¿Qué opina quien caricaturiza el atentado de Carrero Blanco en las portadas de El Jueves?

Boye supongo que se refiere a términos legales pero me parece de sentido común. En España, chistes sobre Carrero Blanco se hacen desde el primer minuto posterior al atentado. Y tampoco es lo mismo el rechazo a ETA durante los últimos 20 años que en la etapa final del franquismo, en la que la banda tenía un cierto apoyo popular. Todo ha cambiado mucho. Aplicar según qué leyes sin entender el contexto de según qué chistes y demás obras de ficción no tiene mucho sentido. Es lo que comentábamos antes, que el humor siempre está asociado a un contexto. En el mundo de hoy, el de las redes sociales, con Twitter, descontextualizar un chiste es lo más fácil del mundo. Basta con apretar un botón y te sale el tweet sin contexto ninguno. La gente no se fija ni en la fecha. Y si el autor del chiste es un perfecto desconocido, puedes acusarle de lo que quieras.

Está claro que Twitter ha supuesto una nueva forma de hacer humor. Con sólo 140 caracteres para expresarte, lo que, como apuntas, dificulta la contextualización y la intencionalidad, ¿cómo debe regularse el humor en la red?

Tenemos que ser una ciudadanía crítica, capaz de entender los contextos y el funcionamiento de la herramienta que es Twitter. Cada chiste está asociado a un contexto. A veces nos parece que determinado comentario tiene un sentido que quizá no tenga al contextualizarlo. Yo no creo que deba ponerse especial énfasis en regular. En Twitter, como en cualquier otro espacio público de debate, debe primar la libertad de expresión y no creo que nos tengamos que poner como si fuésemos “policías de las redes sociales”. Además, Twitter es una empresa privada, aunque nos creamos que es el ágora de los países. Es una empresa privada que ofrece su servicio, que sus razones tendrá, así como tiene sus políticas internas.

Raquel Sastre, humorista, ha afirmado que el humor es el único tipo de ficción al que se le imponen límites y se le atribuye intencionalidad; que un chiste racista u homófobo te hace ser concebido como tal aunque no se corresponda con la realidad. ¿Estás de acuerdo?

Sí, se parece a lo que comentábamos antes. Si alguien a quien no conoces hace un chiste racista como tarjeta de presentación, vas a creer inmediatamente que esa persona es racista. Aunque en verdad no lo sea. Pero tú no lo sabes e incluso te vas a escandalizar. Por ejemplo, un amigo tuyo que sea latinoamericano, que conoce perfectamente tu manera de pensar y tus códigos, va a entender perfectamente que tú hagas un chiste poniendo en tu boca las típicas palabras de quien de verdad es racista. Te conoce y va a ser como un juego… Es parodiar al racismo, llevar hasta el extremo un discurso con el que no estás de acuerdo. Un chiste racista no tiene por qué significar que quien lo emite sea racista. Además, puede tratarse de una parodia al propio racismo en sí y a sus actitudes. Pero claro, captar eso requiere un cierto grado de conocimiento de quién hace el chiste, del contexto en el que lo está haciendo, de su intención, etc. Eso requiere un cierto análisis.

“Requiere mucho talento manejarse con temas espinosos pero yo creo que se debe poder hacer. Si tengo algo que decir de un asunto delicado, veo como un desafío poder abordarlo”.

 

Lo que sí es cierto es que mucha gente se ofende y señala a alguien como racista, a pesar de que entienden perfectamente que esa no es la intención del humorista y que se está parodiando el discurso de los realmente racistas. Pero es una carta que se juega para desprestigiar al humorista y poner al público en su contra. Ya somos mayorcitos y tenemos que ser lo suficientemente críticos como para identificar a estos “falsos ofendidos” y no tener en consideración esas quejas. Yo creo que suele verse muy claro cuando hay gente que imposta esas quejas.

Otra concepción del humor es la de la activista Brigitte Vasallo, que apunta que “el humor, siempre, hacia arriba y hacia dentro; de lo contrario es opresión”. ¿Qué opina El Jueves de esta afirmación? Por ejemplo, esta teoría permite a un desempleado hacer chistes sobre un político pero no al contrario.

Estamos completamente de acuerdo. Es lo que hemos procurado hacer siempre. Es cuestión de reírte de sí mismo, reírte del poder y denunciar sus abusos.

También es cierto que hacer chistes sobre desempleo no siempre significa que tú te rías de la situación de los desempleados. Tú puedes hacer chistes sobre desempleo que sean muy empáticos con los parados y en los que se entienda que tú lo que quieres es cambiar esa situación.  Es cuestión de cuál sea el mensaje y de que la gente entienda cuál es tu intención. Yo creo que así nos entendemos todos y nadie puede interpretar que te estés riendo del desfavorecido.

Nuestro Código Penal recoge los siguientes artículos: 490.3 –delito de injurias contra la Corona–, 525 –delito de ofensa contra los sentimientos religiosos– y 578 –delito de enaltecimiento del terrorismo y menosprecio a las víctimas–. ¿Cómo afectan estas disposiciones a la actividad de El Jueves?

Pues nosotros, excepto casos muy excepcionales, no hemos tenido mucho problema. Casi todo el mundo entiende que El Jueves es una revista de humor y que no tiene ánimo injurioso sino ánimo jocoso. De hecho en Derecho Penal existen los términos “animus iocandi” y “animus injuriandi” –que suenan a hechizo de Harry Potter– y que sirven para diferenciar la intención de injuriar de la intención de bromear o jugar. Esto está comprendido en las leyes.

Entonces, ¿con qué mecanismos (legales, por ejemplo) debería contar alguien ofendido por el humor?

(duda) Bueno, cualquier persona que crea que algo se ha hecho con intención injuriosa o calumniosa tiene derecho a denunciarlo en los tribunales, que ahí están. Yo creo que la mejor respuesta ante un chiste no es iniciar un proceso judicial. Igual la mejor opción es mirar para otro lado y seguir con tu vida. No sé… Hay gente poderosa y cabrona que tiene bastante cintura con los ataques satíricos. En realidad, son bastantes fáciles de desactivar. Tú sonríes, haces una coña y ya está. Has esquivado esa bala, te has hecho más fuerte e incluso lo has utilizado a tu favor. Todo lo que tenga que ver con llevar a humoristas al juzgado me parece una pérdida de tiempo. No recuerdo muchos casos condenatorios a humoristas, más allá de algunos muy injustos como el caso Cassandra. Hablo de humoristas profesionales, percibidos por toda la sociedad como tal.

¿Existe o debería existir alguna conducta o tema “blindado” ante el humor? ¿Podemos bromear acerca de racismo, del Holocausto, de la violación, de los asesinatos, del clasismo, de víctimas del franquismo, de la LGTBfobia, de las enfermedades y demás desgracias?

Bueno, ¿qué entendemos por “bromear sobre”? ¿Hacer hincapié en un tema? ¿Mofarse del desfavorecido?

Tratar esos temas de manera jocosa, pongamos…

Hay gente muy talentosa, como Louis C.K. o Ricky Gervais, que son capaces de utilizar elementos de estos temas – que a todos nos afectan y son tabúes para el humor– para hilvanar un discurso y hacer llegar un mensaje muy liberador y que nunca está contra los desfavorecidos y de manera muy graciosa. Requiere mucho talento manejarse con algunos temas muy espinosos, pero yo creo que se debe poder hacer.

Entonces, el quid de la cuestión ¿es el enfoque más que el tema?

Exacto, yo creo que sí. Es cierto que según qué temas y según qué enfoques no van a ser para todo el mundo. Depende de cosas como el momento de tu vida en el que te encuentres o de tus sensibilidades. Por eso, los cómicos que acostumbran a ser más extremos ya tienen su público. Ya se les conoce el tono…

Hace no mucho, Millán Salcedo se arrepentía públicamente por el gag en el que Martes Y Trece frivolizaba sobre la violencia machista, lo que nos hacía plantearnos si el problema era el tema, el enfoque, el contexto social o todo junto…

Era otra época. Había una visión distinta sobre todo: las relaciones sociales, el papel de la mujer… Era otra mentalidad y la violencia de género no era percibida como la percibimos hoy. Hemos mejorado mucho en ese aspecto aunque todavía queda mucho por hacer. Pero hay que entender la perspectiva que tenía la gente por aquel entonces y el contexto de ese gag. También es cierto que achacarle a un humorista lo que hizo en una época previa en la que no hubo rechazo por parte de la gente… El tema me parece interesante para ser estudiado y no tanto para afeárselo al humorista. Yo estoy seguro de que hoy Millán Salcedo no lo haría.

Decía Mark Twain que “el humor es igual a tragedia más tiempo pero, ¿quién tiene tiempo hoy en día?”. ¿Influye el factor temporal en la aceptación del humor?

Claro, si tú acabas de vivir muy de cerca algo muy trágico, pues no vas a querer humor sobre ello. Aunque, como decía antes, el humor puede ser un bálsamo muy efectivo para superarlo y para salir adelante. Incluso el humor negro, que nos puede parecer más descarnado y más cruel, es un mecanismo de defensa, una válvula de escape para poder asumir según qué monstruosidades que pasan en la realidad y poder seguir con tu vida. Hay quien no está de acuerdo y lo ve como una banalización, como una frivolidad; pero yo puedo entender que haya gente que se ría de sus propias desgracias, que nos podrían tocar a cualquiera, para seguir adelante. Es reír por no llorar.

Sobre la cuestión temporal, el chiste sobre el atentado a Carrero Blanco está en esa frontera: ha pasado ya mucho tiempo pero tal vez no lo suficiente, o no hayan cambiado según qué concepciones o estructuras para que sea visto como algo del pasado. Tú puedes hacer un chiste sobre el apuñalamiento de Julio César y nadie te va a decir: “Eh, tío, que fue víctima de un atentado, de una conspiración” (risas). Al final el tiempo pone todo en perspectiva y nos distancia.

En definitiva, reírte de la desgracia humana requiere una cierta distancia. Ver en los tebeos o en El Jueves a un monigote que se cae no es lo mismo que ver dibujado de forma ultrarrealista a una viejecita cayéndose al suelo, que puede ser más dramático.

Entonces, ¿sobre qué tema se negaría Guillermo Martínez-Vela a hacer un chiste?

(duda) Bueno… a priori, ninguno. Si creo que tengo algo que decir sobre ese tema, lo digo. Incluso si es espinoso, veo como un desafío tocarlo de alguna manera. ¿De qué no lo haría? Pues sobre algún tema del que no tenga ni idea o de alguno del que no tenga nada que decir y me vea obligado a tomar de prestado una percepción que no sea la mía. No sé… Si ahora me llaman de Hogar Social Madrid y me piden que les dibuje unos chistes sobre el racismo, seguramente los chistes que ellos van a querer no son los que yo haría (risas). Supongo que ahí estaría el límite.

¿Se ha producido una involución en lo relativo a la libertad de expresión y el humor satírico? Por ejemplo, el libro Tipicollorgía, obra del año 1984, incluye chistes sobre Carrero Blanco…

Estos chistes se hacían a nivel íntimo, entre grupos de amigos o conocidos. Pero hoy, la esfera íntima se ha ensanchado muchísimo a causa de las redes sociales. Lo que antes era la barra del bar de tu calle, hoy es Twitter. Y eso queda registrado y es accesible hasta para desconocidos. De hecho, casos que han acabado en condena por chistes sobre determinados temas se han iniciado porque la Guardia Civil los ha encontrado buscando explícitamente palabras clave en tweets de hace tiempo atrás.

Cuando tú dices algo en la barra de un bar, no esperas que aparezca un Guardia Civil del futuro –como la señora del anuncio de Neutrex– y te diga: “Queda usted detenido”. No sé… Quizá es que seguimos pecando de ingenuos y decimos cosas sin pensar en las consecuencias que pueden llegar a tener. Quizá casos como el de Guillermo Zapata han hecho a la gente más prevenida. Pero hay que entender que las cosas se dicen en un contexto y que sacarlo luego a la luz no tiene mucho sentido.

¿Nos reímos en privado de lo que se considera políticamente incorrecto en público? ¿Se trata de una espiral del silencio?

Yo creo que la gente tiene, en general en todo, una actitud distinta en privado y otra en público. Y el motivo es ese: las audiencias que reciben e interpretan los mensajes.  Alguien puede malinterpretar o impostar una mala interpretación con el fin de perjudicar la imagen pública que alguien tenga. Según en qué momento o delante de quién se diga, se puede dar una imagen u otra. Por eso es normal que los políticos tengan gabinetes de comunicación que les asesoran. Y estos políticos no se comportan igual en privado que en público.

¿Qué supuso para El Jueves la matanza de Charlie Hebdo en 2015? ¿Moderación? ¿Miedo? ¿Se tomó alguna medida?

La verdad es que no. Fue algo tan trágico que cuando a veces lo pienso no me cabe en la cabeza. Algo tan trágico, tan bestia… Es algo que no pensamos a la hora de hacer nuestro trabajo. Tampoco nos sentimos particularmente amenazados. Es un caso tan excepcional –y esperemos que así lo siga siendo– que nosotros seguimos con lo nuestro sin dejarnos condicionar. Nos apenó muchísimo y nos sigue apenando. Es tan fuerte… Que unos terroristas acaben atentando contra unos dibujantes… Es un drama…

¿A día de hoy hay que ser más bestia para generar carcajadas? A lo largo de 40 años de evolución de la sociedad y de El Jueves, ¿qué ha cambiado en el humor?

El Jueves siempre ha ido un paso más allá de lo que se podía hacer. De lo que hacía la tele, de lo que hacía la mayoría de medios… El Jueves siempre ha empleado registros más cercanos al humor de la calle. Lo que ha pasado a lo largo de este tiempo es que los medios generalistas han ido poco a poco haciendo cosas cada vez más bestias. Algunos lectores veteranos nos achacan que El Jueves de antes era más bestia, más cañero. Lo que yo creo es que si antes comparabas lo que decía El Jueves con lo que decían los humoristas de la tele, había un abismo entre ambos. Pero ahora, en la TV e Internet hay  todo tipo de humor. Y ahora, no hay tanta distancia. Los medios se han juevizado

Por último, ¿cuánto cobra El Bufón? 40 años de curro lo convierten en el más veterano de toda la plantilla de El Jueves… ¿Cobra en A o en B?

(risas) El bufón lo hace todo por amor al arte y necesita muy poco; como se desprende de su indumentaria. Es una mascota que sólo lo puede ver la gente con sentido del humor. La gente sin sentido del humor sólo ve unos cascabeles flotando en el aire.

 

2 pensamientos en “Un jueves en El Jueves: Entrevista a Guillermo Martínez-Vela

  1. Mi pequeño granito de opinión, no como lector del jueves, más bien como ciudadano de Moderdonia. El limite del humor tiende al infinito, y así infinito nunca se tendió.

    La verdad que es un tema muy delicado cuando se mezclan juicios e intenciones, pero de lo mas sano cuando solo se trata de echarse unas risas inocentes. Y por muchos hechizos de Hogwarts que las legislaciones se inventen, no dejan de ser unas políticas represivas e intolerantes del estado y los señores con corbata.

    Quien no sepa reírse que llore, que nacemos llorando y vamos aprendiendo a reírnos de lo que nos da la gana, pero que no le corten las alas a nadie porque aun con represión, hace falta mucho talante para sacarle carcajadas a la sociedad aunque solo sea a una parte de esta. A no ser que te llames Rajoy la excepción que confirma la regla que con talante o sin él es capaz de sacarnos unas risas a todos porque cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor, mejor para mí el suyo beneficio satírico.

    A fin de cuentas, todo es un chiste. (Charles Chaplin)

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